En el estilo de Benito Santos, diseñador del sexenio

Fiel a su estilo, Benito presenta vestidos que exudan refinamiento y que trascienden una sola temporada.
Amanda da Silva.
Amanda da Silva. (J. M. Valiñas y Daniel Cuevas)

Ciudad de México

Afable e inteligente, sociable y reflexivo a la vez, de talante eminentemente democrático, a Benito Santos quizá le disguste que lo llamen el diseñador del sexenio. Sin embargo, en eso se ha convertido con toda la andanada de reconocimiento que ha tenido en los últimos años, tanto en México como en el extranjero.

Muchos citan el momento en que Ximena Navarrete recibió el título de Miss Universo con un imponente vestido rojo de Santos como la catapulta de su carrera, pero su notoriedad venía desde antes, y por eso es que llegó a vestir a Ximena para esa noche tan especial.

En la serie titulada En el estilo de, que intenta hacer un homenaje a los creadores de moda mexicanos que están presentes en las pasarelas nacionales e internacionales, destaca este diseñador nacido en Tepehuaje de Morelos, Jalisco, quien nunca ha dejado de imprimir una honda mexicanidad a sus diseños. Amanda Rosa da Silva, la bella modelo y conductora brasileña que ahora reside entre México y Chile, es quien luce estos vestidos de las colecciones Primavera-Verano y Pre-Fall de Benito Santos, es decir, lo que está presentando justamente en estos días y lo que viene para fin de año.

Fiel a su estilo, Benito presenta vestidos que exudan refinamiento y que trascienden una sola temporada, para poder usarse en diferentes ocasiones y con potencial de convertirse en clásicos y favoritos de cualquier guardarropa. De igual modo fiel a sus colecciones, presenta elementos mexicanos transidos de una exquisita universalidad, resaltando siempre la silueta femenina y apelando a las transparencias que exhiben la belleza del cuerpo lo suficiente para preservar la elegancia.

Los colores retoman los ocres y los tonos claros mezclados con los eminentemente mexicanos, como los rosas destellantes. Al respecto de sus motivos basados en los textiles de los artesanos nacionales, Benito Santos comenta que son “simplemente ideas que me vienen a la mente cuando escucho la música mexicana, cuando veo a la gente caminar por las calles. Todo lo que tenga un sello mexicano siempre me dará una idea para crear algo con telas innovadoras”.

En cuanto a la temporada Otoño-Invierno, de la cual la muestra ofrece algunos avances, está inspirada en la equitación. “Crecí en un lugar donde la gente montaba a caballo —apunta el diseñador—, donde pude observar claramente el movimiento y comportamiento de estos animales”.

Santos conforma su nueva propuesta con piezas completas como el palazzo, vestidos cortos en oversize, largos con talles camiseros, vestidos en circulares con cauda, de gala en columna, faldas circulares por debajo de la rodilla, así como largas hasta el piso.

“Los palazzos y vestidos son de una tonalidad que evoca al caballo retinto”, asevera Santos. “El movimiento de las faldas, ya sea en vestidos largos, cortos o piezas separadas de textura de chifón en seda, muestran el dinamismo del caballo a galope”. También hay vestidos en columna, en texturas aterciopeladas o crepé de seda, que dan un efecto satinado, similar al fino pelaje del caballo.

 

RECUADRO

Amanda Rosa da Silva: amar lo bueno

Llegó a nuestro país a los 23 años como modelo, y terminó trabajando en la televisión. “En México pasé los mejores años de mi vida”, afirma. “Crecí como persona, tengo una carrera y los mejores amigos del mundo. México siempre será mi hogar”.

No obstante, su espíritu siempre libre la ha llevado a abrir una productora en Chile, otra de las inquietudes que tenía: trabajar detrás de cámaras (aunque sigue haciendo participaciones en algunos programas “para no extrañar”). “Ya estamos produciendo contenido para algunos canales de televisión”.

Para Amanda, hay tres palabras esenciales en su vida: Brasil, México y Chile. “Brasil, ese país alegre, huele a infancia”, comenta. “Brasil es la casa de mi mamá, oliendo a café, o sea, la plenitud”. México, en cambio, le parece surrealista. “Huele a guerras vencidas, a crecimiento, a velocidad. Todo pasa aquí, todo el tiempo: vengo y me siento en una licuadora de informaciones”.

Por su parte, Chile es la novedad, un lugar en el que abre los ojos y ve la cordillera, algo que “no tiene precio”. “En Chile cada esquina me tranquiliza. El buen vino me tranquiliza. Aquí huele a picnic, a sentarse y platicar un rato. A no tener prisa. Algo que estoy aprendiendo a amar. Y amar lo bueno es muy fácil”.