Tacambaroplain, un rincón de Michoacán en Bélgica

En la comunidad de Oudenaarde, se levanta una pequeña plaza que rememora la participación de soldados belgas durante la Segunda Intervención Francesa en nuestro país.

Bélgica

A pesar de estar ubicado en uno de los parques más elegantes de Bruselas, el viajero que en su recorrido por Europa cruza apurado esta capital rara vez se detiene a visitar el Museo Real del Ejército y de Historia Militar de Bélgica. Ignora que ahí dentro, colgando entre armaduras, indumentaria castrense, viejas piezas de artillería y modernos aviones de combate, se encuentra una extraña pieza de arte que da cuenta de un evento histórico que tuvo lugar en el estado de Michoacán —a más de 10 mil kilómetros de distancia de ese lugar— y que este mes de abril cumple 150 años de haber enlazado extrañamente la historia de este pequeño país europeo con la de México.

En el óleo del pintor francés Charles Dominique Oscar Lahalle titulado La légion belgue au Mexique (La legión belga en México), de 1869, se observa un contingente de soldados que marcha con sus mochilas de campaña y sus fusiles al hombro levantando una tolvanera. A los hombres rubios que portan uniforme azul, gorra de campaña, botas negras y cubre botas blancas, no se les alcanza a distinguir totalmente la expresión de su rostro, pero sí un abundante bigote y una barba tipo Napoleón III que por esos años parecía estar de moda.

La batalla entre tropas mexicanas y europeas tuvo lugar hace 150 años

En la información que acompaña el cuadro no se especifica dónde tuvo lugar aquella escena, tampoco si el pintor fue testigo de esa marcha militar o si fue recreada a partir de las memorias de aquellos hombres. Sin embargo, con maestría, Lahalle da cuenta del recorrido que las tropas comandadas por el mayor Constantin Tydgadt —muy probablemente uno de los dos mandos que encabezan la columna montada a caballo— llevaron a cabo a través de territorio mexicano.

Al mirar el cuadro, el fortuito visitante no puede dejar de hacerse varias preguntas: ¿Qué hacía una columna de hombres que hablaban francés y un idioma muy parecido al alemán llamado neerlandés, en México en una guerra que no era la suya? ¿Qué fue lo que motivo aquella presencia de la legión belga en lo que denominaron "la aventura mexicana"?

EN LA REGIÓN DE FLANDES

A 74 kilómetros de Bruselas y del Museo Real del Ejército y de Historia Militar que guarda la intrigante pintura de Lahalle, se escuchan 11 campanadas. Una tras otra se escapan de la torre del hermoso edificio gótico del ayuntamiento de Oudenaarde. Es la mañana de un soleado día de primavera en el norte de Bélgica, en la región de Flandes. He llegado hasta este lugar siguiendo la única sugerencia que me hizo el GPS cuando escribí las primeras letras del nombre del pueblo michoacano de Tacámbaro: Tacambaroplain. Extrañamente, el resultado apareció como la primera sugerencia del sistema de navegación satelital.

Fue justo aquí, en esta localidad de poco menos de 30 mil habitantes famosa por su creación de monumentales tapetes hechos en telares, de donde aquella legión de soldados rubios partió en 1864 para combatir en la famosa Batalla de Tacámbaro, la cual tuvo lugar el 11 de abril de 1965.

Acordé encontrarme esta mañana con Michiel Bauters, un joven historiador que acaba de concluir su tesis doctoral acerca de la participación que tuvieron los habitantes de Oudenaarde en la Segunda Intervención Francesa en México. A nuestra cita para conocer a detalle la pequeña ciudad y la Plaza Tacámbaro, Bauters ha llegado puntual.

En un café que mira a la Grote Markt (la gran plaza), donde se ubica el edificio del ayuntamiento con su magnífico reloj y su impresionante torre culminada en una corona labrada, Michiel me dice que hace varios años se interesó por el estudio del contingente que viajó a México, tras descubrir que justo en el lugar donde se ubica la Plaza de Tacámbaro se habían llevado a cabo otros eventos bélicos.

"Desde hace mucho estoy interesado en la Primera Guerra Mundial —comenta el joven historiador entre un sorbo de café y otro—, así que decidí investigar para mi tesis de maestría acerca de las memorias de la Gran Guerra aquí en Oudenaarde. Casi todos sabemos aquí que justo en donde se ubica la Plaza Tacámbaro ocurrieron batallas de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en un momento me pregunté: ¿por qué seguimos recordando solo las dos guerras y casi nadie sabe nada sobre lo ocurrido en México? Así que decidí investigar".

Luego de contarme algunos datos históricos de las dos guerras mundiales, como el arrollador paso de los alemanes en su avance hacia Francia, Michiel me invita a caminar hasta la plaza por la que he venido hasta aquí. Dice que en 1864, cuando gobernaba el rey Leopoldo I de Bélgica, padre de Carlota Emperatriz de México, en esta comunidad de antiguas abadías se localizó una base militar a donde llegó un nutrido grupo de voluntarios que había sido convocado por el capitán Alfred Vander Smissen. Estos hombres provenientes de todo el país formarían el contingente que viajaría a México para, principalmente, proteger a la hija del rey y apoyar a Maximiliano de Habsburgo, quien un año atrás había sido coronado como emperador, pero que en ese momento se encontraba urgido de huestes para combatir a los rebeldes republicanos.

"En Bélgica —asegura Bauters— la noticia del reclutamiento de voluntarios no cayó muy bien. Incluso existieron líderes que se opusieron rotundamente a enviar soldados inexpertos a México, al considerar que se violaba la Constitución belga con el envío de las tropas". Según varias versiones, los muchachos apenas habían recibido un entrenamiento muy básico en el uso de equipo militar, como los fusiles Enfield que portaban.

Sin embargo, los mandos militares decidieron que la guardia de la emperatriz sería formada por dos mil hombres. Así, para el 13 de enero de 1865, Vander Smissen había logrado reclutar a dos mil 87 voluntarios, quienes decidieron participar en aquella campaña con la promesa de un pedazo de tierra en México o en Bélgica, y una buena pensión tras su participación en la contienda. "De todo el contingente, solo 16 eran oriundos de esta localidad de Oudenaarde", me dijo el historiador cuando llegamos a la Tacambaroplain donde se encuentra el hermoso monumento que diseñó el escultor belga William Geefs en 1867.

SOLDADOS DE OPERETA

El 14 de octubre de 1864, los primeros 600 hombres partieron de aquí al puerto francés de St. Nazaire, adonde llegaron el 1 de noviembre para abordar el vapor La Louisiane. Luego de un largo viaje, el 13 de noviembre —se lee en un detallado artículo del historiador belga Serge Noirsain— el contingente arribó a Veracruz; sin embargo, no sería sino hasta el 10 de diciembre de ese año cuando los belgas entrarían en la Ciudad de México para estacionarse por primera vez a un costado del Castillo de Chapultepec. Por su parte, el resto de la legión belga, comandada por el mayor Constantin Tydgadt y el propio teniente coronel Vander Smissen, viajaría entre noviembre de 1864 y enero de 1865.

Una vez en México, cuenta Noirsain, las tropas se sintieron frustradas por no ver mayor acción que la dedicada a cuidar el Palacio Imperial de Chapultepec. "Los soldados pasaban sus días realizando monótonos ejercicios militares y escuchando las hazañas de los franceses, quienes se burlaban de los belgas llamándolos soldados de opereta", escribió el historiador.

No obstante, una vez que los ataques anti-imperialistas de los seguidores de Benito Juárez se acrecentaron, los soldados belgas fueron dispuestos en Michoacán en seis columnas. El grupo del mayor Tydgadt estuvo compuesto por 300 hombres y fue enviado a la ciudad de Tacámbaro. Curiosamente, durante mi visita a Oudenaarde, Hilde Avet, del equipo de conservación del museo de la ciudad, me diría que ninguno de ellos era originario de esa ciudad.

Al enterarse de la presencia de tropas extranjeras, el general juarista Nicolás Regules se dirigió hacia Tacámbaro y sorprendió al ejército belga en la madrugada del 11 de abril. "El combate comenzó en campo abierto, pues el comandante Tydgadt dio las instrucciones de que saliera un grupo de tiradores a la plaza, por lo que el primer enfrentamiento se dio en las calles —escribió la historiadora mexicana Erandi Arenas Sánchez, quien conoce el tema a la perfección—. Debido a que el enemigo era mayor en número, pronto tuvieron que resguardarse (los belgas) y se concentraron en la iglesia del pueblo, lugar que los puso en desventaja y donde después de algunas horas de combate capitularon".

En el encuentro, durante el cual según algunas versiones los mismos hijos del general Regules fueron utilizados como rehenes, murieron 26 belgas, entre ellos el comandante Tydgadt y el barón Jules Ernest Chazal, hijo del ministro de guerra de Bélgica.

MIRANDO A MÉXICO

Siglo y medio más tarde de que tuvieran lugar aquellas acciones, y a más de 10 mil kilómetros de distancia, una comitiva del gobierno del municipio de Tacámbaro, encabezado por el presidente municipal Roberto Gaitán Huerta, llegó a Oudenaarde el jueves 23 de abril pasado para encabezar una serie de actos que recordaron la participación de las tropas belgas en México. El grupo de invitados mexicanos pagaba así una visita que una comitiva belga, encabezada por el mayor de la ciudad Marnic De Meulemeester, había realizado a principios de abril al pueblo mágico michoacano para inaugurar la Plaza Oudenaarde.

Michiel Bauters dice desconocer cuántos belgas se quedaron en México tras su participación en la Segunda Intervención Francesa y cuántos hombres lograron regresar a Oudenaarde. Sin embargo, Hilde Avet, quien me mostró la exhibición instalada para la conmemorar la participación de los belgas en México, me contaría que hubo una mujer mexicana que hace un tiempo los contactó buscando su pasado, "quería saber si teníamos información sobre su tatarabuelo, quien contaban que era belga; desafortunadamente no pudimos ayudarla", me dijo.

El sábado 25 de abril un desfile militar tuvo lugar en la Plaza Tacámbaro como parte de las actividades para recordar a la legión belga en México. Ahí, Eva Rules, encargada de turismo de la ciudad, me dijo que desde que el monumento blanco del escultor belga William Geefs fue instalado ahí en 1867, efectivamente ha visto pasar momentos históricos de la ciudad y del país. Se trata de una mujer recostada en actitud de duelo sobre un globo terráqueo que lleva una hoja de laurel y una corona de olivos; curiosamente, aquella mujer mira al horizonte, en dirección a México.