Matemáticas del corazón para encontrar al amor de tu vida

Primero estima cuántos novios más tendrás en el futuro. Suma el total de parejas y descarta el 37 de los primeros y de los futuros. El amor de tu vida se encuentra en el 26 por ciento restante. 
El problema de la secretaria dice que tienes que elminar al 37 por ciento de tus antiguas parejas y al 37 por ciento de tus futuras parejas para encontrar al indicado.
El problema de la secretaria dice que tienes que elminar al 37 por ciento de tus antiguas parejas y al 37 por ciento de tus futuras parejas para encontrar al indicado. (Flickr)

Ciudad de México

¿Eres feliz con tu actual pareja pero no estás seguro de que sea la ideal para pasar el resto de tu vida? El matemático Martin Gardner estableció un modelo en los años 60 que podría darte la respuesta. 

Conocido como “el problema de la secretaria”, publicado en la revista Scientific American en 1960, este se vale de ecuaciones y estadísticas para determinar el número de parejas que debes tener antes de escoger al definitivo. A tu otra naranja. A "the one" como dicen en inglés. Puedes checar el desarrollo del problema aquí.

De acuerdo a los expertos, tus probabilidades de escoger al indicado aumentan si rechazas al 37 por ciento de las personas con las que anduviste en el pasado (pero eso deberías saberlo ya) pero también si rechazas el mismo porcentaje de posibles parejas que puedas tener en un futuro (debes hacer una estiimación de los novios o novias que tendrás). Eso te deja  con un 26 por ciento de parejas entre las cuales encontrarás al que es el amor de tu vida.

La solidez de la fórmula está en que antes de establecerte con alguien, debes pasar por cierto número de relaciones para saber si tu pareja actual es mejor o peor que las anteriores. Pero seguir la fórmula podría ponerte en riesgo de “sentar cabeza” demasiado tarde y con la pareja equivocada. Y qué triste que por estar haciendo matemáticas, dejes ir al indicado

Si no quieres ser tan riguroso o las matemáticas no son lo tuyo, siempre podrás acudir a la fórmula por excelencia: escuchar a tu corazón.