¿Quién hace tu ropa? El abuso en las maquilas no es cosa del pasado

La moda “rápida” que se ha popularizado en todo el mundo tiene un costo muy alto: las vidas de miles de trabajadores
Trabajadoras de una maquila para Wal Mart y prendas baratas en Berlín
Trabajadoras de una maquila para Wal Mart y prendas baratas en Berlín (YouTube/Last Week Tonight/ Fashion Revolution)

En años recientes los fabricantes de electrónicos como Apple y Samsung, han causado polémica por las condiciones de los trabajadores que producen sus aparatos. La evidencia acumulada contra Foxconn (la fábrica más importante) demuestra que las largas horas, el trabajo nocturno, los malos sueldos y alimentación de sus empleados llegan a ser tan dañinas, que pueden empujarlos al suicidio.

Lo cual no hace que dejemos de emocionarnos por el nuevo modelo de iPhone cada año.

Lo mismo ocurre con la ropa, con la diferencia de que no estamos tan informados. Aunque los escándalos de la maquila de tenis Nike en el sudeste asiático se vea lejano como los 90 y creamos está superado, no podríamos estar más equivocados. Los gigantes del “fast fashion” como Inditex, H&M, Forever 21 y GAP mantienen sus precios bajísimos y la circulación de prendas nuevas semanalmente gracias a fábricas en lugares remotos que emplean a menores de edad en condiciones deplorables.

El periodista y comediante de Last Week Tonight, John Oliver, reveló las prácticas de uno de esos gigantes: GAP. La compañía que también es dueña de Old Navy, recientemente lucha por mantenerse vigente entre los consumidores con sus prendas fuera de moda, tan anticuadas como su modelo de producción: contratar fabricantes con una carga de trabajo tal, que estos subcontratan a otras maquilas que no cumplen con las regulaciones mínimas que garantizan los derechos de sus trabajadores. Así, cuando son sorprendidos, la compañía puede lavarse las manos y clamar su inocencia. 

 

 Pero Estados Unidos no es el único país en el que hay conciencia, por mínima que sea, sobre el tema. A finales de abril la organización Fashion Revolution, instaló una máquina expendedora de camisetas con un costo de 2 euros cada una en Berlín. Ante lo irresistible del precio tan bajo, varios curiosos se acercaron a comprar una. En cuanto la maquina detectaba las monedas aparecía un video de las jóvenes que fabrican ropa rápida y barata. Ante la información, los compradores se convirtieron en donadores de la organización. 

 

En Argentina ya existe una rama de la organización que busca hacer conciencia entre sus ciudadanos, lo cual podría implicar próximas campañas de concientización en el resto de Latinoamérica.

Sin embargo, hay una pregunta que nadie responde. ¿Cuál es la alternativa? Si comprarme unos zapatos de 700 pesos esclaviza a una niña en Bangladesh no quiero comprarlos, pero entonces ¿qué compro? ¿Un par de 2,000 pesos?

Los consumidores del fast fashion están fuertemente influenciados por el rápido mundo de la moda que se acelera cada vez más gracias a la conexión mundial entre fashionistas. Las blusas peplum que estuvieron de moda hace un par de años ahora no tienen lugar en tu clóset. Los skinny jeans llegaron a sus últimos meses de vida –aparentemente- y cada semana de la moda llegan nuevas tendencias que las publicaciones digitales e impresas internacionalmente instan a sus lectores a seguir.

Pero si el problema residiera en las fashion bloggers y las chicas que aman los zapatos, no sería un escándalo. El problema es que la ropa fabricada éticamente suele ser tan cara, que un oficinista promedio no puede costearla. El juicio social y laboral por el aspecto es tal, que el único recurso par quedar medianamente “bien” son las tiendas como Zara o Forever 21 que han causado furor en el mercado mexicano.

¿Qué opción tenemos? Exigir calidad humana en nuestro consumo, tomar las riendas de nuestro estilo tomando en cuenta la ética y aguantarnos las ganas de comprar ese vestido de menos de 300 pesos para la junta de mañana.

U otra opción que no hemos pensado y que podrías compartirnos. Esperamos tus comentarios.