Los huesos del Gigante

Tres días se necesitan para armar este juego mecánico y dos para desmontarlo. Son los últimos en abandonar la feria después de 26 días de alegrías para la ciudad.
Bajo el sol del medio día, más de 50 hombres trabajan para desarmar el escenario donde se divirtieron los leoneses.
Bajo el sol del medio día, más de 50 hombres trabajan para desarmar el escenario donde se divirtieron los leoneses. (Sergio Contreras)

León, Gto.

Es como cuando una res queda varada en el desierto y al pasar unos días, sólo quedan huesos acumulando polvo y sol. Veintiséis días después, la Feria de León tenía que terminar. El área de juegos mecánicos es la última en desaparecer. Se han ido ya los stands, los puestos de comida y los estanquillos de souvenires. No se escuchan más los gritos de los vendedores de ollas, ni la música incesante, pero el ruido ha tardado en desvanecerse. Ahí están más de cincuenta hombres enfrentando el último desafío: llevarse la Montaña Rusa.

Van al Estado de México, ahí habrá otra feria, después otra. Y así en un loop interminable el monstruo viaja de sitio en sitio. Cinco tráileres con 50 toneladas cada uno apenas son suficientes para transportarla. Sólo una viga de siete metros pesa más de cincuenta kilos. Las más largas, las de doce metros deben soportarla entre cuatro hombres. Son las 12:00 del día y el sol está particularmente fuerte el día de hoy. Pañuelos al cuello, gorras, paliacates y cascos para protegerse de la furia de los ultravioleta. Todo es en cantidades magnas. Se beben líquidos por galones, se gastan millones de calorías.

Es una estructura que se levanta más de treinta metros y se extiende en unos trescientos cuadrados. Es el juego que más espacio ocupaba y, probablemente, el que más boletos vendía. Para armarlo se requirieron tres días. Para llevárselo sólo dos. Empacarlo con ayuda de una grúa industrial es jugar al Tetris en grande. Las piezascurvas son las que más trabajo demandan. Hay que hacer líneas cerradas, no deben quedar huecos.

Hay tornillos del tamaño de un antebrazo. Una llave para aflojarlos cae y el ruido que hace al golpear sobre el pavimento es un alarido de hiena.

El equipo que desarma el rompecabezas gigante es 99 por ciento testosterona, el estrógeno lo aporta una chica somnolienta a bordo de la grúa. Sólo está esperando al operador y ya está aburrida.

La operación requiere de una precisión quirúrgica, pero éstos hombres tienen doctorado en montañas rusas. El ánimo está en buen estado. Hay espacio para albures y bullying laboral, pero del sano. Aldo Solano es uno de los "cirujanos". Ha viajado por todo México. Mérida es una de sus ferias favoritas, pero dice, con sus palabras, que la de León es un highlight en la agenda.

Faltan varias horas para terminar, al gigante todavía se le ven las costillas y aunque se notan cansados, ya agarraron a buen ritmo. Una grabadora toca "Mi mayor anhelo", de Banda MS. Eso los anima. Están contentos. No muchos pueden decir: "Trabajo haciendo monstruos gigantes".