El paraíso de los mariscos... en Japón

A los turistas sibaritas les espera una delicia en Hokkaido, y un tren rápido lo puso al alcance de todo el mundo.
"El tazón de arroz de 'cinco colores' -erizo de mar crudo, hueva de salmón, salmón fresco, ostiones y camarones- es una ganga a 1,650 yenes (10.50 libras), uno de los mejores sashimis que comí en Japón, en el entorno menos lujoso".
"El tazón de arroz de 'cinco colores' es una ganga a 1,650 yenes (10.50 libras), uno de los mejores sashimis que comí en Japón, en el entorno menos lujoso". (Ilustración: Shutterstock)

Hay algo duro y mágico en las cuatro islas principales en la zona más septentrional de Japón. Cualquier mercado en Hokkaido, desde los puestos ambulantes hasta los salones de comida más elegantes, muestran la superabundancia que tienen en productos frescos: cangrejos, calamares, salmón, fresas, panes de leche cremosa. Aquí también viven hermosas criaturas, que no se encuentran en otro lugar de Japón: grullas de cresta roja en el pantano de Kushiro, o los osos pardos de Ezo en la península de Shiretoko.

Para los osos, no es ningún secreto que el más grande tesoro de Hokkaido está en el agua. Ellos pescan salmones y truchas en el río Rusha, mientras que los pescadores en la isla hacen capturas más grandes: erizos de mar, camarones, calamares, media docena de tipos de cangrejos. Sin embargo, a pesar de que tienen una frescura y calidad soberbia, el banquete de mariscos de Hokkaido no es muy conocido por los turistas de occidente, la mayoría de ellos viene a este lugar para esquiar.

Pero eso comenzó a cambiar cuando una nueva ruta de shinkansen (tren bala) abrió para conectar a Hakodate con Tokio, a través de un túnel submarino de 53 kilómetros. La vía rápida reduce casi una hora de viaje desde la capital, por tanto, el trayecto es de poco más de cuatro horas, y convierte a Hokkaido en un prospecto mucho más fácil para que los turistas hagan un viaje distinto al habitual circuito de Tokio-Kioto-Osaka.

Incluso con la velocidad del tren bala, todavía es un viaje largo. Abordé el tren Hokkaido Shinkansen color verde y rosa en la estación de Tokio a mitad de una soleada tarde. En Morioka, cerca del impresionante pico nevado de monte Iwate, se bajó un grupo de estudiantes y profesores que compartían mi carro, su destino era un viaje de senderismo.

Más tarde, el tren se sentía vacío, y cuando se acercaba a Hakodate a las 7:50 de la noche, la nueva y resplandeciente estación shinkansen se veía oscura y desierta, con excepción de una figura de cartón de tamaño real del héroe local Shohei Otani, un as del béisbol.

Mi exploración gastronómica comienza temprano al día siguiente en Asaichi (el mercado matutino), donde los barcos empiezan a descargar su pesca alrededor de las 4 de la mañana. Paso junto a un hombre que vende unos erizos de mar que corta con tijeras y después cocina al vapor, para los pedidos que hacen los clientes para el desayuno en el sushi bar de al lado. Al recorrer todavía más, veo enormes pinzas de cangrejo que se cocinan a las brazas y me detengo para tomar un callo de hacha caliente de una parrilla.

En honor a la verdad, el calamar que todavía se retorcía fue mi segundo desayuno. A muchos huéspedes de mi hotel, La Vista, una torre de ladrillo rojo que tiene vista hacia los antiguos almacenes de pescados al estilo flamenco (ahora tiendas de chácharas) se les dijo que se quedaran allí tan sólo por el desayuno de bufé de mariscos.

Después de visitar temprano el maravilloso onsen (aguas termales) en la azotea, me dirijo al restaurante y descubro que los rumores son ciertos: grandes tazones de hueva de salmón y camarones frescos, sashimi hermosamente cortado, filetes de salmón y miso recién hecho.

Para el almuerzo, me dirigo a Donburi Yokocho, una fila de pequeños restaurantes al lado de Asaichi, y me acomodo en Cham, un café de mariscos que dirige un hombre encantador del pueblo pesquero de Matsumae.

El tazón de arroz de “cinco colores” -erizo de mar crudo, hueva de salmón, salmón fresco, ostiones y camarones- es una ganga a 1,650 yenes (10.50 libras), uno de los mejores sashimis que comí en Japón, en el entorno menos lujoso. Si te cansas del pescado, hay restaurantes de cazuelas, muchos “lugares pequeños” de ramen y Lucky Pierrot, una cadena de hamburguesas que solo se encuentra en Hokkaido.

Para descansar de la comedera me voy a visitar Goryokaku, una fortaleza en forma de estrella que se construyó durante el shogunato Tokugawa en 1864. En la actualidad en el lugar se plantaron árboles de cerezo y hay locales que venden helado de tinta de calamar (no es tan malo como suena). Después de allí tomo el teleférico para un paseo al comenzar la noche a Monte Hakodate, y observo cómo empieza a crecer el mar, las luces de botes parpadean con gracia en el agua.

Al día siguiente, me dirigo al tranvía de ryokan llamado Chikuba Shin-yo-tei. Este lugar lo maneja una familia, y funciona desde 1949: tienen habitaciones de tatami, un servicio maravilloso y deliciosos onsen. Después recorro el Jardín Tropical Hakodate, donde los monos recorren sus propias aguas termales.

Mi fin de semana en Hokkaido termina a las 7 de la mañana en punto del día siguiente, con otro gran desayuno: salmón a la parrilla, papas calientes con mantequilla y café con una pequeña botella de leche cremosa, Tomo el tren bala de regreso a Tokio, llena como un oso, pero cuando el pescado es tan fresco, lo comes mientras puedes.