Familias huyeron de La Laguna por la influenza

os trenes que habían salido un día antes de Torreón, iban llenos informó La Opinión en octubre de 1918. Pero los médicos recomendaban a sus pacientes que no abandonaran la ciudad.
Portada del 10 de octubre de 1918.
Portada del 10 de octubre de 1918. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Bastó poco tiempo para que muchas personas decidieran irse de la región a causa de la influenza, que aparentemente, no se difuminó por otros lugares del país.

Los trenes que habían salido un día antes de Torreón, iban llenos. Pero los médicos recomendaban a sus pacientes que no abandonaran la ciudad, pues ya se tenían nociones de epidemiología. Pero nadie quiere estar cerca de la muerte.

Se iban a enfrentar en beisbol el Continental y Unión. Según esto eran infantiles, pero del Unión llegaron puros niños como de 30 años, barbones y pues Continental perdió. Una inmerecida derrota.

Según ciertos médicos, La Laguna era propicia para que el morboso germen causante del mal se reprodujera, por el calor y lo seco. Sin embargo, aquí fue donde ese morboso bicho se la pasó a todo dar.

Había conteo de los decesos en la ciudad, que sí eran reportados. El día ocho fueron 24, el día nueve 32. Se publicaron esquelas en La Opinión para los notables, las familias bien. Pero el gesto humano fue que el pésame se extendió a todos los afectados.

Los partidos políticos en campaña, aprovecharon también la coyuntura y se pusieron a repartir medicamentos entre los menesterosos. No que ahora... a veces hasta reparten pepinos.

Otros que también aprovecharon fueron los dueños de boticas, que le subieron el precio a las medicinas, sin importarles la magnitud del problema, aunque posiblemente ni siquiera lo podían ver así.

Había gente que convalecía en los jacales, sin siquiera poderse llevar a la boca un trago de agua. Así pasaba sobre todo en las rancherías laguneras. Se pidió que se enviaran brigadas de médicos para aquellos lugares.

Se corrió el rumor de que el alcohol mataba los bichos, así que los borrachos no desaprovecharon la ocasión. Haciendo lo que se había prohibido, las cantinas se veían atiborradas de gente precavida.

Los doctores de la ciudad veían llenos sus consultorios y afuera había muchos carros a la espera de recibir consulta. Hay que decir, que entonces ya habían caído enfermos también varios de ellos.

Y como la guerra se desarrollaba muy lejos y nuestro drama muy cerca, claro que se hablaba de lo que pasaba en los campos de batalla, pero la lucha local estaba más fea.

Brillaban por entonces los soldados franceses, que tanto habían sufrido con los alemanes. Recuperaron los ríos Aisne y Suippe, a punta de violentos ataques, fortalecidos con el preámbulo de la victoria.

Como aquí poco sabemos de ríos, por que el Nazas está confinado en la presa, había tráfico naval bélico en esos cuerpos de agua, excelentes vías de comunicación. Un desembarco francés en Beirut, fue calificado de éxito, por que planteaba la caída de los germanos.

Seguían atrapando a soldados alemanes, pero ahora en menor cantidad. En una buena tarde, lograban hasta 230 prisioneros, muchos ya todos flacos, ojerosos, cansados y sin ilusiones.

Enrique Dávila era diputado por el segundo distrito en Coahuila. Se anunciaba su muerte en la ciudad de Saltillo, debido a una violenta enfermedad, y se anunciaban suntuosos funerales.






dcr