Rendición total de los turcos

Se veía venir una hecatombe contra los ejércitos austriacos, que se estaban poniendo enfrente de los soldados italianos que habían vuelto a la vida por la libertad, publicó La Opinión en 1918.
Este tren pasó por París y las mujeres, hombres y niños franceses estiraban los brazos o saludaban de lejos a los soldados aliados de occidente.
Este tren pasó por París y las mujeres, hombres y niños franceses estiraban los brazos o saludaban de lejos a los soldados aliados de occidente. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Los municipios de Castaños y Torreón fueron autorizados para mover la fecha de sus elecciones, que siempre iban a ser el último domingo de noviembre.

En esa fecha, irónicamente el Día de Muertos, se dio a conocer que las autoridades de salud ordenaban abrir logias, templos, escuelas, teatros, clubs políticos y cualquier cosa que implicara un gentío de gente.

Ya habían disminuido bastante los casos de enfermos nuevos de influenza y de decesos. Aparentemente primero se fueron los más débiles y por si acaso, el Comité Sanitario determinó que si la enfermedad volvía, las medidas ahora sí, iban a ser enérgicas.

La gente estaba muy interesada en la guerra y por eso, La Opinión contrató un servicio cablegráfico extendido de la AP, sin escatimar para traer información a La Laguna.

Al que mató al soldado en un fino lupanar, lo dejaron salir, previo pago de una muy onerosa fianza dictada por el juez. El pobre tuvo que pagar, pero no podía salir de la ciudad por si acaso se le requería de nuevo.

Y por cierto, el gobernador Espinosa Mireles les mandó una cálida felicitación a todos los que en Torreón habían logrado conjurar, o conjugar, o injuriar, algo así, la peste de la gripe. Como no mandó otra cosa.

Aquí no se concretó esa prohibición para ir a los panteones, pero en Matamoros, Lerdo y Gómez sí. Todo a fin de evitar que la enfermedad se contagiara de nuevo entre los que habían quedado.

Los turcos se rendían incondicionalmente entonces. Se veía venir una hecatombe contra los ejércitos austriacos, que se estaban poniendo enfrente de los soldados italianos que habían vuelto a la vida por la libertad.

Tarde llegó la petición austriaca de evacuar Italia a cambio de un poco de misericordia. Y los prisioneros austriacos seguían engrosando los campos de los ejércitos aliados.

El káiser germánico se aventó un discurso ante su pueblo, que no le aventó tomates por que no habían y textualmente se rescató la frase: "que el pueblo alemán sea el más libre del mundo". Ande.

Aún corría la sangre en la épica Verdún. Los combates eran noche y día y el fuego intenso. Por eso era todo bien comparado con el infierno. El combate era por todas las vías posibles.

El gobernador coahuilense dio orden (con sus pelmas) de que los cadáveres ocasionados por la influenza española, fueran inhumados cerca de donde fallecían. Por salud.




dcr