Murieron de influenza trabajadores del ayuntamiento

La Opinión publicó el 26 de octubre de 1918, que menos al presidente y al tesorero. Las damitas de sociedad de por allá luego luego organizaron actividades para recaudar fondos.
Publicación del 26 de octubre de 1918.
Publicación del 26 de octubre de 1918. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Mucho se hablaba de la paz, pero nada. Británicos y alemanes combatían en Valenciennes. Y así por el mundo. El presidente Wilson de plano les marcó a los germanos un ultimátum para que se rindieran incondicionalmente. Pos estos.

Y es que seguían haciendo todo lo que según esto estaba prohibido que hicieran, como bombardear poblaciones con civiles para retrasar el avance de los ejércitos aliados. Saqueo y destrucción antes de abandonar cada aldea.

Gómez le debía a la compañía del Ferrocarril Eléctrico unos siete mil pesos de luz. Un dineral. El ayuntamiento dijo que por la Revolución no habían podido pagar, pero ya les estaban cobrando.

Corrieron rumores de que en Estados Unidos anduvieron haciendo convenios con los alemanes, pero por debajo del agua. Algo factible, pero que también los gringos negaron rotundamente. Puras negaciones.

Matamoros también tuvo muchas víctimas de la influenza española. Había estado ya en la población, pero apenas al día 25 se reportaron varios decesos, por que no había sido mortal.

Les dio la gripa a todos los trabajadores del ayuntamiento matamorense, menos al presidente y al tesorero. Las damitas de sociedad de por allá luego luego organizaron actividades para recaudar fondos.

En Torreón continuaban los decesos. Don Tomás H. falleció por esta causa a sus ochenta años, una pérdida sensible de un pilar de la sociedad lagunera de entonces.

Otra muerte, pero a cargo de un gendarme de Torreón, se dio a conocer. Bernabé Ch, era de la policía montada y andaba bien tomado, pero no de la mano del Señor. Llegó con otro poli a pedir agua en una casa en La Unión.

Les dieron el agua, y luego Bernabé se subió al caballo para luego disparar contra la casa en la que le dieron agua, matando a una visita de la vivienda, que era de carrizo. La vivienda, no la visita.

Vecinos de Gómez pedían al ayuntamiento terrenos ubicados en el sur del municipio, que ya no se usaban para siembras, a fin de poder construir sus casas en ese sector.

Habían corrido rumores de que en Guatemala había temblado, pero llegaba un comunicado que lo negaba todo.

Como se ha dicho, San Pedro estaba gobernado por un sujeto muy torvo. De pilón, el candidato a la presidencia se robaba el algodón de los campos. Pura gente bien fina.

El general Crispín Juárez había sido acusado de mandar quemar unos jacales en Santa Teresa, donde había muchas personas enfermas. Pero envió una carta pública en la que dijo que no era verdad.

Por cierto que el chisme lo corrió el presidente municipal de San Pedro. Al pobre Crispín se lo puso pinto el General Pablo Quiroga, por que los militares tenían prohibido meterse en asuntos civiles, sin que se les llamara.