100 años de quietud en Helsinki

A medida que se acerca a su centenario, los arquitectos de una ciudad normalmente conservadora experimentan con nuevos estilos llamativos.
En Helsinki se combinan edificios históricos y nuevos espacios para la lectura y el aprendizaje.
En Helsinki se combinan edificios históricos y nuevos espacios para la lectura y el aprendizaje. (Shutterstock)

La ciudad celebra su centenario como capital independiente. Antes de 1917, era una ciudad rusa y antes de eso era sueca. Su plaza principal la construyó un arquitecto alemán para que se pareciera a San Petersburgo, así que es, a su manera, una ciudad con una arquitectura proto-global. No tiene la carga del legado de la arquitectura histórica.

Originalmente una ciudad pequeña que se fundó en 1550 como un rival sueco con poco éxito para el puerto Hanseático de Tallin al otro lado del mar, su primera encarnación fue en madera y desapareció totalmente.

La ciudad con pocos edificios altos recientemente construyó su primera torre, un edificio aburrido y genérico (Clarion Hotel) envuelto en una fachada generada al azar, cuya calidad, con suerte, debe desanimar a que la ciudad construya muchos más. Pero también tiene la impresionante Biblioteca Pública de la Universidad de Helsinki, un relleno urbano hábilmente trabajado, que detrás de los monumentales arcos de ladrillo crea un sitio público interior genuino.

Esta es una sociedad que valora las bibliotecas y, en un momento en el que el Reino Unido las cierra, Finlandia construye toda una capa de nuevos espacios para los libros y el aprendizaje. La biblioteca de la Universidad, a diferencia de la mayoría de ese tipo de instituciones en otras partes, está abierta y es gratuita para que todos la usen.

La ciudad también construye una nueva biblioteca municipal que creará otro enorme espacio público interior. Se puede ver un paisaje cubierto para un tipo de edificio con un gran futuro, ¿cómo se podría ver una biblioteca en 20 años? La nueva biblioteca creará un complemento para su enorme vecino, el único experimento de Helsinki en iconismo global: el enorme Museo Kiasma (1998) de Steven Holl.

Esta es una estructura escultórica independiente del tamaño de un par de cuadras de la ciudad que ahora se parece a lo que es: un éxito cultural del siglo pasado.

En el otro extremo de la escala está la obsesión de la ciudad con los saunas. Es un lugar de retiro comprensible cuando las temperaturas invernales habitualmente llegan a ser de dos dígitos bajo cero, pero son un tipo curioso de urbanismo. Avanti Architects provocó revuelo con su sauna, Loyly, en la ribera de Hernesaari.

Incluso en el centro de la ciudad, junto al concurrido muelle, el popular sauna Allas y piscinas flotantes (una con calefacción, otra sin calefacción, salada y tremendamente fría) hecha por Huttunen Lipasti Pakkanen Architects se vuelve una especie de andamio, una pequeña ladera para una ciudad plana. El sauna, el espacio colectivo en interiores de los finlandeses, se conviritó en el centro social al aire libre de la ciudad y un representante del espacio público.

Arquitectónicamente, lo que hace a Helsinki tan fascinante es su historia comprimida. Muchos de sus mejores edificios datan de una época en que la arquitectura moderna en la mayoría de los países estaba muriendo y era vilipendiada.

El Temppeliaukio es sin duda una de las atracciones turísticas más inesperadas de cualquier ciudad: las iglesias de finales de la década de 1960 pueden estar de moda entre los amantes de la arquitectura, pero no son un gusto convencional.

La sombra larga y benéfica de Alvar Aalto se cierne sobre la ciudad. El arquitecto más grande de Finlandia. Aalto es probablemente más famoso por sus sillas de madera contrachapada y vasijas onduladas que por sus edificios, y aunque vivió la mayor parte de su vida en la capital, sus mejores construcciones están en otros sitios.

Sin embargo, Helsinki está llena de obras del gran hombre, desde la maravillosa librería académica a la enorme sala de conciertos de Finlandia, y en su mayoría son apreciadas y las conservan en muy buen estado.

Lo mejor de todo es la casa y el estudio de Aalto, a una pequeña distancia entre sí en los suburbios (que cuando los construyó todavía era campo). Las casas de los arquitectos se convirtieron en lugares de peregrinación, ya que el diseño cambia la agenda turística y ésta es una joya.

Modesto en materiales y escala, íntimo, doméstico e inventivo con cálidos ladrillos y revestimientos de madera, es donde el arquitecto desarrolló su característico "Funcionalismo Romántico", un aparente oxímoron que de alguna manera resume el encanto que distingue a Helsinki.

Es precisamente esa herencia, ese deseo práctico que se combina con una idea de arquitectura como expresión del carácter nacional (que en sí mismo es un personaje al que no le gusta mucho expresarse), lo que todavía hace a la ciudad tan fascinante.