Decoración en Francia combina lo nuevo y lo viejo

El estilo francés en los hogares está plagado de antigüedades del barroco, el clasisismo y el art nouveau.

Francia

Un diseño moderno no es sinónimo en Francia de una decoración purista, sino que combina a menudo muebles elegidos en el mercado de antigüedades y con una mirada bastante más flexible que en otros países.

El famoso «savoir vivre» francés no sólo está compuesto por la buena comida y la ropa elegante, sino también la decoración del hogar. "En Francia es habitual quedar espontáneamente a comer con los amigos en casa", explica Dorothée Fouan-Huber, arquitecta de interiores y dueña de la tienda de decoración Maison DFH en Berlín. "Por eso, la gente le da mucha importancia a la decoración destinada a los invitados y a la comodidad".

Para decorar una casa, en Francia no tiene por qué ser todo nuevo. "Es muy habitual que los muebles se hereden", señala Fouan-Huber. "Incluso aunque sean viejos, la gente no los tira, sino que se siguen usando". Por eso el estilo francés está plagado de antigüedades del barroco, el clasisismo y el art nouveau.

Pero, la decoración francesa elegante no se basa sólo en coleccionar muebles antiguos. "Quien tiene menos dinero se compra una silla o una mesa en el mercado de antigüedades", explica Dorothée Fouan-Huber. Además de la comida, muchos franceses compran también cosas para el hogar en los pintorescos mercados típicos de su país.

En general predomina un estilo cálido y acogedor en el que las cortinas, los almohadones y las alfombras tienen un sitio preferencial. La gente suele ser muy exigente con la calidad de los textiles. "No sólo se tienen en cuenta los bordados, sino también los estampados de las telas, que marca la diferencia en cuanto a calidad", añade la decoradora.

El minimalismo, celebrado por muchas marcas de lujo italianas, resulta demasiado impersonal a los franceses.


También los fabricantes apuestan por esta mezcla entre antiguo y moderno. Una de las marcas más famosas en Francia en decoración es Roche Bobois, que fabrica muebles tanto de estilo como de colección moderna.

Nicolas Roche, responsable de diseño contemporáneo en la empresa, muestra claramente su forma de entender la decoración actual con una frase sobre Italia: "Italia sigue siendo el número uno del mundo en diseño. Sólo que a veces los italianos se pierden en un minimalismo sin riesgos".

El minimalismo, celebrado por muchas marcas de lujo italianas, resulta demasiado impersonal a los franceses. En un loft francés no choca en absoluto tener una lámpara de mesa art nouveau o una silla Luis XV del siglo XVIII, o su versión de plástico actual de Philippe Starck para Kartell.

En general en Francia se da mucha importancia a la calidad. "El uso de materiales de mucho valor y la apreciación del trabajo artesanal son el ADN del estilo francés", afirma Nicolas Roche.

Al igual que en la comida, a los franceses les gusta mucho el acabado a mano en los muebles. Buena muestra de ello es el premio al «Meilleur Ouvrier de France», el mejor artesano del país, que se otorga cada año.

A nivel internacional, la industria de la decoración francesa no está tan presente como la italiana o la escandinava, que vuelve a estar de moda. El fabricante de muebles modernos más conocido es Lignet Roset. Junto a él son muy demandados diseñadores como Ronan y Erwan Bouroullec, Jean-Marie Massaud, Christophe Pillet o Patrick Jouin. Ha surgido además una nueva generación de ambiciosos fabricantes como los parisinos Moustache, Super-Ette y Petite Friture.

Los fabricantes como Riche Bobois apuestan por esta mezcla entre antiguo y moderno, pues fabrican muebles tanto de estilo como de colección moderna.


Ionna Vautrin es la diseñadora más conocida de la nueva generación. Nacida en Bretaña en 1979, tiene su propio estudio en París desde 2011 y ha trabajado para empresas conocidas como la marca de zapatos española Camper o el fabricante de lámparas italiano Foscarini.

Su lámpara de mesa «Binic», hecha para Foscarini, ha sido un éxito de ventas. "Binic está llena de color, es pequeña y coqueta", la describe Ionna Vautrin. Mucho de lo que diseña tiene un toque pícaro y arranca una sonrisa al verlo. Por ejemplo su nueva lámpara «Doll», inspirada en los gatos de la suerte chinos.

Su estilo recuerda al de la película "Amélie", y al igual que a la protagonista a Vautrin le fascina la magia de las pequeñas cosas. Accesorios como una lámpara o una mesa auxiliar no son el centro de atención en un sala de estar, pero crean ambiente y generan emociones.

Vautrin interpreta de forma original y creativa estos elementos dejados de lado a menudo en la arquitectura moderna purista. "Los diseñadores franceses representan en el extranjero un estilo que es emotivo, sensitivo y poético", afirma Vautrin.

Porque en Francia se considera que no es necesario que todo esté perfecto en una casa: se le tiene cariño al viejo sofá abollado y a la foto familiar idílica sobre la chimenea. Precisamente en esta flexibilidad frente al estilo dominante de diseño purista muestran los franceses su «savoir vivre», su arte de saber vivir.