¿Dónde y cómo se ejerce la violencia de género?

Prevenir este delito contra las mujeres se ha convertido en una prioridad nacional.
"La prevención de la violencia debe empezar con el empoderamiento y propiciar la autonomía económica de las mujeres".
"La prevención de la violencia debe empezar con el empoderamiento y propiciar la autonomía económica de las mujeres".

Es posible prevenir la violencia contra las mujeres? A pesar de lo complejo de este fenómeno y de las muchas aristas que tiene, la respuesta es sí y en México, además, es una obligación legal.

Las encuestas y estadísticas nos han servido para medir este fenómeno, pero también para prevenirlo. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIRE 2011) nos revela que en México 7 de cada 10 mujeres han sufrido un acto de violencia y que casi 5 de cada 10 mujeres, de 15 años o más edad (46%) han sido violentadas por parte de sus parejas.

Con esta información es posible diseñar políticas de prevención, pues nos revela dos importantes datos: dónde ocurre y quién la está generando.

Para prevenirla, primero tenemos que reconocer que el hogar se ha convertido en un lugar peligroso para las mujeres y que es necesario intervenir desde las manifestaciones tempranas de la violencia, para evitar que se incremente y agrave.

Otra medida tiene que ver con la sanción. No hay mejor forma de prevención que la sanción por el efecto persuasivo sobre el agresor y la dimensión pedagógica que tiene sobre la sociedad: la violencia contra las mujeres es un delito y será sancionada por el Estado.

También, se previene protegiendo a las mujeres en situación de violencia por todos los medios al alcance del Estado. Y no sólo dictando las órdenes de protección que el caso amerite; se requiere una “presencia” activa y efectiva del Estado al lado de la víctima, protegiendo y garantizando sus derechos.

Una de las primeras medidas es obligar al agresor a salir del entorno donde está generando la violencia, y no sea la víctima la que deba huir con sus hijas e hijos para resguardar su integridad. Deben hacerse valer estas medidas impuestas a los agresores y actuar con determinación y firmeza para detener a los agresores y con ello, la espiral de la violencia.

Es inadmisible que cuando las mujeres denuncian, con todo lo que esto implica para ellas, incluso su propia seguridad, las instituciones que están obligadas a protegerlas y garantizar sus derechos, las dejen en total desamparo y desprotección.

En estos casos, una forma de prevención es sancionar con severidad sus negligencias. Es una forma de prevención, en la medida en que la sanción contribuye al cambio de comportamientos y actitudes de quienes deberían velar por los derechos de las mujeres.


TE RECOMENDAMOS: La legislatura que se profesionaliza


También, deben modificarse las campañas de “prevención” que se concretan a invitar a las mujeres a reconocer que sufren violencia y denunciarla, -como si eso fuera a detenerla-, pero no se les garantiza que su denuncia será atendida de manera oportuna y eficaz, colocándolas muchas veces en riesgo, por ejemplo, cuando se incentivan mecanismos de conciliación con los agresores a pesar de haber una prohibición expresa para ello.

Si la mayoría de la violencia ocurre dentro del hogar, bien valdría la pena revisar las políticas de construcción de vivienda, sobre todo la de interés social.

El hacinamiento, la falta de espacios para el desarrollo y esparcimiento de los integrantes de la familia, por señalar algunos, están siendo un detonante de la violencia en el seno familiar. La prevención de la violencia contra las mujeres requiere una profunda mirada al entorno donde se genera y que las estrategias de intervención vayan más allá de campañas en los medios masivos de comunicación, de repartir posters, trípticos y folletos, invitándolas a denunciarla.

Cualquier estrategia debe atender las causas estructurales que la generan. Se requiere identificar el entorno, el perfil del agresor, pero también el de la víctima.

La prevención de la violencia debe convertirse en una prioridad nacional que debe empezar con el empoderamiento y propiciar la autonomía económica de las mujeres, que les permita romper con el ciclo y espiral de la violencia.


*Coordinador de Asuntos Jurídicos del Instituto Nacional de las Mujeres.