Así nos avergonzó mamá

Algunos de nuestros lectores y editores se animaron a contar la experiencia más vergonzosa que su madre les ha hecho vivir.
Lois, de 'Malolm in the middle', también tendría un par de anécdotas que contar.
Lois, de 'Malolm in the middle', también tendría un par de anécdotas que contar. (Especial)

Ciudad de México

Además de ser el día en que las calles se llenan de vendedores de rosas y Denisse de Kalafe suena en cada estación de radio, el 10 de mayo es un buen pretexto para recordar esos momentos en que nuestras madres nos hicieron pasar ridículos o nos avergonzaron un poquito.

Por eso, pedimos a nuestros lectores que nos contaran sus episodios tragicómicos. Pero como esta redacción es solidaria, algunos de nuestros editores se animaron a contar sus propias experiencias. (Si quieres saltar directo a nuestras intimidades, da clic aquí).

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Mamá feliz

Estábamos en una plaza concurrida. Mi mamá iba agarrada de la mano de mi papá; él le dice a ella: "cógete bien", y mi mamá le habla en voz alta para que lo escuche bien entre la multitud: "sí estoy bien cogida".  Todos voltearon a verlos con cara de “qué onda con estos”.

Anónimo


Mamá que balconea

Cuando mi esposo llamó por vez primera al teléfono fijo de mi casa y mamá contestó. Sin cubrir la bocina, me dijo: “Quién sabe quién te habla, pero habla bien feo”. Y yo en planes de conquistar al galán.

Sylvia, mi sobrenombre es Beba.


Mamá alcahuete

Una vez celebraron mi cumpleaños con una fiesta sorpresa e invitaron en forma secreta a tres novias que tenía (y que obviamente no lo sabían). Cuando llegué a casa fue sorpresa doble y me costó una paliza del hermano de una de ellas. ¡Gracias, mamá, por tan genial idea!

Gerardo Pérez


Mamá indiscreta

En una ocasión mi mamá me acompañó al médico, como de costumbre por ser menor de edad. Tenía 15 años. El doctor era joven y muy atractivo, me arreglaba aún más cuando lo iba a ver. Esa vez, estando en el consultorio, me disculpé para ir al baño y frente a él, mi mamá me dice "TE LIMPIAS BIEN". Me ardió la cara de vergüenza, en el baño lloré del coraje y ya no quería regresar al consultorio. Al salir le reclamé a mi mamá, le dije que como era posible que me siguiera tratando como a una niña y más delante de la gente, que cómo era tan indiscreta. Ese fue uno de los días más vergonzosos de mi vida.

KMP


Mamá avergonzada 

Creo que en esta ocasión yo la avergoncé, no ella a mí. Tenía unos 5 años, estaba aún en el kínder y tenía la loca idea de que chela era sinónimo de un raspado de sabor. Era temporada de calor y yo quería un raspado, entonces en voz alta, a la salida del colegio, le dije "mamá, cómprame una chela". Ella, con ojos como platos, me volteó a ver y respondió: "¡cómo crees! ¿De dónde sacas eso?", y me jaló hacia el auto. Recuerdo muy bien que intenté correr hacia el señor de los raspados mientras mi mamá me tiraba en lado contrario y yo gritaba: "¡quiero una chela, quiero una chela!". Creo que ha sido uno de sus momentos más bochornosos como madre.

AkulkaN

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DE LA REDACCIÓN

(Que no se piense que somos cobardes, pero los editores no quisimos revelar nuestra identidad porque buena parte de nosotros aún le teme a las represalias maternas, que no son poca cosa).


Mamá matapasiones

Durante la pubertad tenía una amiga con derechos. Un día, mientras estábamos afuera de la escuela, la tenía abrazada de forma "cariñosa".  De repente llegó mi mamá, se puso atrás de mí y me dijo: ¡qué bien te la pasas!

De inmediato me puse rojo, solté a la chava y ella se fue del lugar.

G.


Mamá sin sentimientos

Mi mamá siempre ha sido de frases lapidarias. Por eso, el día que murió mi tío —su hermano—, después de que terminó el velorio, el cortejo fúnebre hasta el cementerio del pueblo donde vivía bajo el ardiente sol de mayo, y de que regresamos por última vez a la que fue su casa, mi madre se paró frente a mi tía —su cuñada, que nunca le había caído bien—, le dio la mano y, delante de toda la parentela que aún derramaba lágrimas, le dijo:

—Amiguita: muerto el perro, se acabó la rabia. Tú y yo ya no somos nada.

Mi tía se quedó helada y sólo atinó a decirme, a mí que presencié la escena: “¿Ya oíste lo que me dijo tu mamá?”.

No le respondí. ¿Qué le iba a decir? Sólo me encogí de hombros, negué con la cabeza y le pedí a mi hermano que se llevara a mamá a otro lado…

F.


(Otra) Mamá indiscreta

A los quince años, tenía un novio un poco mayor que yo. Un día fue a visitarme a mi casa, pero yo no estaba de humor para recibirlo, ni a él ni a nadie. En cuanto me di cuenta de que se trataba de él, le dije a mi mamá —que había ido a abrir la puerta— que le dijera que no estaba. Sin  moverse de la entrada de la casa, frente a él, mamá me gritó: “Ven tú y dile que no estás, no soy tu mensajera”. Creo que el chico ya me perdonó.

C.


Mamá que echa lámina

Había pasado mis primeras tres semanas de secundaria en relativa calma. No había hecho amigos, pero al menos había pasado inadvertido para los bullys . Lo único que me aterraba era el profesor de Inglés, que se obstinaba en que le dijéramos “Good morning, Míster García” si nos lo topábamos en los pasillos.

Viví unos años en Estados Unidos, así que no tenía problemas para cursar su materia y eso —no poder hacerme la vida imposible— lo enervaba (estoy seguro de que así era).

El lío es que, dos veces por semana, Inglés era la primera materia en mi calendario  y yo nunca he gozado de un amplio sentido de la puntualidad. Afortunadamente para mí, mi madre tiene alma de Michael Schumacher y lograba desafiar al tiempo: recorría en diez minutos un trayecto de 30.

Aquella mañana no fue diferente. Faltaban cinco minutos para que iniciara la clase y estábamos atorados en una calle angosta, de modo que rebasar era una opción imposible. Delante de nosotros, un automóvil avanzaba con ritmo de tortuga. Mi mamá, improperios a flor de lengua, comenzó a mentar madres con el claxon. El conductor sólo nos lanzaba miradas de Fu Manchú por el retrovisor.

Lo alcanzamos. Mamá seguía gritándole. Cuando nos alineamos a su lado, no me alcanzaba el asiento para hundirme en él. Lo único que pude decir fue: “Good morning, Míster García”.

 No hace falta decir quién fue el único reprobado aquel año.

Á.



ASS