Hombres de hoy

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Multimedia (SHUTTERSTOCK)

Ciudad de México

Hay quien dice que en nuestros días vivimos bajo el mando de una suerte de piloto automático, algo así como un GPS que nos guía de aquí para allá con mucha certeza todos los días. Contra lo que pudiera parecer, las muchas comodidades tecnológicas que tenemos a la mano han hecho de nosotros individuos cada vez menos hábiles para enfrentar hasta los retos más mínimos. Se diría que cuanto más progresamos en materia de ciencia y tecnología, más terreno perdemos en sentido común, en términos prácticos, en habilidades. Hemos dejado de hacer montones de cosas con nuestras manos y con nuestra inteligencia a cambio de pulsar un botón desde la comodidad de una butaca. Sin internet y su vasto acervo de ofertas virtuales experimentamos la sensación más parecida al silencio de los sepulcros.

Hay quien dice también que vivimos más desinformados que nunca en tanto asumimos que estamos muy informados mediante las redes digitales. Max Otte, un economista alemán que publicó hace unos años el volumen El crash de la información. Los mecanismos de la desinformación cotidiana, se ha ganado el mote de “el profeta de la crisis” por sus referencias constantes al aparato de desinformación que día tras día lleva al mundo por los caminos que le vienen en gana.

El tema se ha convertido en un verdadero asunto de catastrofismo. Nicholas Carr, un escritor estadunidense atento a los fenómenos socioculturales de nuestro tiempo, acaba de publicar su volumen Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, en el que se refiere a ese abismo fangoso de la automatización al que nos deslizamos todo el tiempo sin darnos cuenta. Inmersos en una “complacencia automatizada”, dice, pensamos que alguno de nuestros sofisticados inventos vendrá siempre en nuestro auxilio cuando enfrentamos algún problema, por más simple que sea.

Pero el que pone los pelos de punta por su devastadora mirada del hombre de hoy rumbo al futuro es Yuval Harari, un profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor del volumen De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad, que está comenzando a circular en estos días no sin llamar a controversia. Describe ahí cómo el hombre ha recorrido un largo camino a través de la Historia solo para terminar sometido en nuestros días a los más miserables dictados de su vocación autodestructiva, agresivo insensible y egoísta.

El hombre, observa, era más hábil 30 mil años atrás, debía ingeniárselas para fabricar herramientas, obtener sus alimentos y enfrentar las adversidades. Sin embargo, sostiene, su cerebro se ha ido reduciendo a lo largo de los últimos 10 mil años, de manera que ahora sabe menos que quienes habitaron el planeta hace 30 mil años. Y esboza una conclusión más bien triste: aquellos hombres se la pasaban mejor. “Ahora somos mil veces más poderosos que en la Edad Media, pero no somos mil veces más felices”, dice. Y no parece muy lejos de la verdad.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa