El día que hablé dos minutos (+1) con Steve Wozniak

Antes de subir al avión que lo regresaría a casa, luego de una corta estancia en Guadalajara, el cofundador de Apple me confesó que él prefiere el iPhone 7 porque es más pequeño que el 7 Plus.

Ciudad de México

Llegué a Campus Party a sabiendas que obtener una entrevista con Steve Wozniak, cofundador de Apple, sería una tarea difícil, más no imposible. Pasaban las nueve de la noche del sábado, un día antes de su conferencia, cuando me avisaron: tú irás con Wozniak.

En ese momento una mezcla de emoción, nerviosismo y estrés me invadió. Lo fácil era hacer el cuestionario, lo difícil era controlar al fan interno para evitar que se desborde y puedas guardar la compostura ante una personalidad como él al mismo tiempo que los nervios no te hagan olvidarte del poco o mucho inglés que sabes. 

Mientras en mi cabeza pasaban todos los escenarios posibles de una reunión con Wozniak (desde tener una plática amena de 15 minutos hasta la posibilidad de que se me olvidara algo), mi plan de conocer un poco más de Guadalajara, aunque fuera de noche, se había esfumado. Tendría que dejarlo de lado para preparar no más de diez preguntas cortas para uno de los genios del mundo de la tecnología más importantes. No sabía cuánto tiempo exactamente tendría, por lo que las más importantes irían primero.

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Prendí mi computadora y me puse a investigar más sobre él. Ya sabía que él era el responsable de las primeras computadoras Apple; también que había vendido gran parte de sus acciones y que seguía siendo empleado de la empresa de Cupertino, sin embargo no se involucra mucho en los nuevos dispositivos.

En ese momento una mezcla de emoción, nerviosismo y estrés me invadió.


Al hacer este ejercicio de investigación, descubrí que en realidad  ya hay muchas cosas que se saben de Wozniak, así que, con ayuda de mis compañeros, tomamos la esencia del Interrogatorio Milenio para hacer una lista de cinco preguntas que nos dejaran conocer un poco más de Steve Wozniak, la persona común y no el gurú de la tecnología.

Para cuando estaban listas, cerca de las once de la noche, recibí un mensaje de uno de mis compañeros: “te puedo marcar”. “Tendremos unos minutos en exclusiva con Wozniak antes de su conferencia”, me dijo por teléfono.

Acto seguido no sólo recorté el cuestionario, sino que cambié de preguntas. Tres hicieron el corte final.

El nerviosismo y la emoción casi no me dejaron dormir. Luego de cuatro horas bajo las cobijas, escuché la alarma y enseguida me preparé. 

Pese a que su conferencia magistral ante miles de personas no sucedería sino hasta el mediodía, nos citaron en la parte trasera del escenario principal a las nueve de la mañana.

Durante ese tiempo vimos cómo se realizó un concurso de armado del cubo Rubik en el menor tiempo posible, cómo llegó Esther Wojcicki, fundadora de Creative Commons y quien un día antes había dado una conferencia sobre su modelo educativo basado en problemas, y cómo las decenas de voluntarios desfilaron para despedirse de la octava edición de la fiesta de la tecnología.

Incluso vimos cómo minutos antes de las once de la mañana, una de las cortinas comerciales de la Expo Guadalajara se levantaba lentamente para dejar ver la camioneta color negro que venía manejando el mismísimo Jorge Vergara.

 [Jorge Vergara a su llegada a Campus Party. Foto: Mariana R. Fomperosa]

El empresario, que se presentaría en el mismo escenario que Wozniack, se tomó unos minutos para repasar su presentación y su aplicación de Chivas TV. No vaya a ser que también fallara a la mera hora.

Mientras el dueño de uno de los equipos más queridos de México repasaba los puntos de los que hablaría sobre el escenario, detrás de éste guardias de seguridad y voluntarios nos pedían despejar el área. Incluso uno me advirtió que si seguía con mi “cámara” (que en realidad era un teléfono en un selfie stick poco convencional), me sacarían de la zona.

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Soporté empujones y una que otra solicitud de mala gana para moverme de lugar mientras veía cómo Steve, a unos metros de mí, platicaba alegremente primero con Esther y luego con Vergara.

 [Jorge Vergara, Esther Wojcicki, Steve Wozniak y Alejandrina González, desarrolladora mexicana de Apple. Foto: Natyelli Meneses]

Al mismo tiempo que esto sucedía a mi alrededor, repasaba en mi mente las tres preguntas. Practicaba en voz baja la pronunciación y la estructura de cada una. 

El reloj marcó 10 para las 12 y mis posibilidades de hablar con uno de los responsables de la existencia de Apple se esfumaban cada vez más, hasta que una chica del staff nos señaló a mí y a mi compañero de redes sociales e hizo un gesto para decir “vengan”. Era nuestra oportunidad.


Nos acercamos, toqué el hombro de Wozniack para interrumpirlo, ligeramente temerosa de que volteara molesto por haber cortado su plática, y le pregunté: ¿Cuál es tu dispositivo favorito?, ¿Alguna vez te imaginaste que el iPhone cambiaría tanto nuestras vidas? y ¿qué opinas de Trump?.

Aunque mi corazón palpitaba aceleradamente y los nervios hicieron lo suyo, lo habíamos logrado. Teníamos las palabras de "Woz". 


El ingeniero californiano volteó y amablemente contestó cada una de mis preguntas; por momentos dudó de lo que le estaba preguntando pues el sonido del escenario, aunado a los gritos de emoción por ver a Steve, inundaban cada vez más los rincones de Expo Guadalajara.

Los nervios me traicionaron y olvidé la estructura de la segunda pregunta. Tenía el tiempo encima y debíamos abandonar el área lo antes posible, pues así nos lo había pedido. 

Salimos de ahí con los rostros sonrientes. Aunque mi corazón palpitaba aceleradamente y los nervios hicieron lo suyo, lo habíamos logrado. Teníamos las palabras de "Woz". 

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 [El equipo de Milenio durante la entrevista exclusiva con Steve Wozniak previo a su conferencia. Foto: Natyelli Meneses]

El minuto extra

Continuamos con las últimas actividades de Campus Party. La conferencia de prensa que daría el cofundador de Apple, despedirnos de los voluntarios que nos ayudaron a alimentar el sitio de Campus News y llegar al aeropuerto a tiempo para comer algo y tomar el vuelo que nos traería a la Ciudad de México.

Una vez pasados los puntos de revisión y luego de convencer a mis compañeros de ir a un lugar de hamburguesas en vez del restaurante famoso por sus margaritas, un tuit llegó. Era Wozniak anunciando que había escogido ese restaurante, al que yo no quise ir, para comer antes de tomar un vuelo a Phoenix, Arizona.

“¡Mariana!, ves, si hubiéramos ido ahí lo hubiéramos encontrado”, me dijo una de mis compañeras mientras el único chico del grupo se dirigía al restaurante con la esperanza de encontrarlo.

“No está”, nos dijo ligeramente cabizbajo. Revisamos los horarios de vuelos y el que se suponía tomaría “Woz” ya estaba a punto de abordar. Mi compañero y yo nos miramos, nos levantamos de nuestros asientos y caminamos lo más rápido posible hacia la puerta uno del Aeropuerto Internacional de Guadalajara.

Y ahí estaba. Al inicio de la fila, platicando con unas cuantas personas que lo reconocieron. Al igual que nosotros, buscaron una foto con él. Uno de los que llegó después de nosotros sacó su iPhone y Wozniak dijo: “Oh! Un iPhone rojo. Es de los más bonitos”.

¿Qué iPhone tienes tú Steve? Le pregunté. Ahora ya no me sentía nerviosa. Todo cambia cuando lo haces desde una posición de fan y no como reportera. “Actualmente uso un iPhone 7 porque cabe en mis bolsillos, pero también tengo un 7 Plus. Aunque también tengo varios Android, como un Pixel (modelo reciente de Google)", dijo tranquilamente.

Lo dejamos abordar su avión mientras mi compañero no podía ocultar su emoción. Había conseguido que “Woz” le firmara su iPhone.

[Wozniak firmó varios teléfonos iPhone, éste es uno de ellos. Foto: Mariana R. Fomperosa]



mrf