Se casa pareja y salen en camión de Bomberos

Luis Antonio es bombero de Silao y sus compañeros lo llevaron a la iglesia para casarse con Guadalupe; se fueron en una motobomba.

Silao

El corazón de un bombero se mantiene intacto y por eso, en las buenas y en las malas de la vida, se es bombero antes que hombre. Con esta idea, Luis Antonio Aguilar cumplió ayer su sueño: asistió a la iglesia a casarse portando el uniforme de bombero.

Por eso Lupita llegó a la iglesia en un auto gris, pero cuando salió, ya casada,  subió a una motobomba e inició una nueva vida al lado de su esposo bombero.

Poco antes de las 10:00 de la mañana, las flores llegaron a la Central de Bomberos.  Eran más de 10 docenas de rosas rojas. De lilys blancas, fueron seis paquetes.

Todas ellas, fueron tejidas en guías de follaje verde, intercaladas: una rosa roja y una lily blanca. A su vez, las guías adornaron los contornos de la motobomba identificada como “Silao 02”.

Estos adornos costaron tres veces más que lo que cuesta adornar con flores un auto para una boda.  

Durante la última semana, el florista estuvo pensando cómo realizar los adornos que debe llevar un camión tan grande. Cuando llegó a la Central de Bomberos, con ayuda de otra persona, una filosa navaja y un rollo de rafia, en un par de horas logró el objetivo.

Al lado de la motobomba los compañeros bomberos se reían y con la misma rafia, unían varios botes metálicos pintados de rojo.

“Son pa’ que suene, pa’ que todos sepan que nuestro compañero se va a casar”, dijo uno de ellos.

En fila, unos 13 botes de chiles de varios tamaños esperaban para ser perforados y unidos con el cordón blanco.

Un doctor pasó corriendo con su bata verde agua. “¡Vuelvo en un ratito, voy a cambiarme!”,  gritó.

Los demás compañeros explicaron que él, el doctor Daniel Navarro había organizado el operativo especial  en el que se brindó este apoyo al elemento Bravo 48, Luis Antonio Aguilar.

 “Por eso es justo que lo acompañemos en su día, es devolverle un poquito de lo mucho que él nos ha dado y le ha dado a la sociedad”, explicó uno de ellos.

Hacia el mediodía, la Central de Bomberos lucía agitada: todos corriendo, adentro, afuera, todos cumpliendo un último encargo.

Como si fuera un ritual, todos los bomberos corrieron a cambiarse las botas y a colocarse la camisa y el saco del uniforme de gala. Cada uno de ellos cerró su saco, arregló su corbata y dio la última “pasadita” a sus botas, para que lucieran impecables.

Este uniforme de gala sólo se usa en el aniversario del Cuerpo de Bomberos de Silao, en funerales oficiales y por primera vez, en la boda de un elemento.
Así, con la adrenalina rugiendo en el motor del vehículo, los uniformados abordaron la motobomba y acudieron a la casa del novio.  

Una vez que él salió y habiendo recibido la bendición de sus padres,  abordó el vehículo que lo llevó hasta la iglesia donde prometería amor y fidelidad a la mujer que se ganó su corazón.

A la entrada de la iglesia, al menos 10 elementos de bomberos uniformados todos,  se colocaron a los lados a manera de guardia.

Entre ellos caminaron los novios, acompañados de sus padres.  

“Bienvenidos a la casa del Señor”, dijo el sacerdote mientras rociaba agua bendita y un avión cruzaba el cielo.

Ahí adentro, Lupita y Luis Antonio se dieron sus votos matrimoniales  y salieron en medio de un gran aplauso.

Tomados de la mano subieron a la motobomba que los esperaba afuera. Dieron un recorrido por algunas calles de la ciudad, saludando a las personas que los volteaban a ver con expresiones de gusto y asombro.

Todo aquél que los siguió con la vista hasta perderlos, pudo leer en la parte trasera de la motobomba: “JUST MERRIED”.