Carmen Rión, 25 años de la dama del mocheval

Una de las diseñadoras más reconocidas en el mundo por su rescate a la artesanía nacional y sus prácticas de comercio justo, celebra este año su cuarto de siglo en la moda mexicana

México, DF

En medio del ritmo acelerado del Parque México un lunes a medio día, la luminosa boutique de Carmen Rión  acompaña el trajín citadino con un par de ocupadas mujeres cruzándola de un lado al otro. El pequeño pero ordenado local se tranforma de a poco: los anuncios de rebajas desaparecen uno a uno de las ventanas, el aparador se llena de rebozos multi color recién planchados, y las últimas piezas lucen en primer plano recién llegadas de Japón.

En medio del trajín, una clienta mueve la cabeza siguiendo los pasos de las asistentes de Rión, esperando a hacer los últimos detalles de una prenda muy especial.

“Mi hija me insistió en que viniera con Carmen” dice alegremente Tatiana Basáñez Beltrán y Puga, mientras espera ver su vestido. Una semana después, la esposa del embajador de México en Estados Unidos, Miguel Basáñez Ebergenyi lució un diseño hecho a la medida de la diseñadora mexicana  en la  Casa Blanca, durante la entrega de credenciales.

Al igual que la esposa del diplomático, incontables personalidades mexicanas han acudido a Rión en el pasado. Cecilia Suárez, la socialité Carolina Coppel, el actor Miguel Rodarte y Dolores Heredia son tan solo algunas de las que Carmen menciona. “Pero me falta vestir a Lila Downs” dice ilusionada.

Este año la diseñadora cumple 25 de carrera en la moda mexicana. A lo largo de dos décadas se ha posicionado como una de las más reconocidas exponentes de la moda nacional ante el mundo, con exposiciones en museos como el Louvre de París o en la Textile Gallery de la Universidad Politécnica de Hong Kong.

Su estrecho lazo con el arte, su respeto por las artesanas con las que trabaja y su interpretación de lo que significa moda mexicana le han valido su lugar, aunque a veces parezca ser más valorada en otras latitudes que en su propia tierra, segun su apreciación.

Haciendo ropa, no moda

Carmen Rión viene de una familia dedicada a la moda, aunque su intención no era perpetuar la tradición. Su padre fue José Rión, dueño de la icónica camisería Savoy, parada indispensable del buen vestir en los años 40 y 60. Su hermano es Fernando Rión, fundador de Ferrioni -a la familia les gusta jugar con las palabras- con el que ha colaborado más de una vez.

Pero Carmen encontró su voz independiente de su herencia. Su primera elección profesional fue el diseño gráfico, no el textil. “En mi tiempo no existían las escuelas de diseño de moda y en verdad no me interesaba. Estudié diseño gráfico y después me apasionó el textil, ese fue el camino” explica.

La diseñadora llegó a la moda  gracias a su investigación sobre textil tradicional mexicano para su tesis de licenciatura. “Empecé a investigar sobre la simbología en los textiles, la arqueología de la ropa. Luego me fui a estudiar a Suiza de intercambio y entré a otro mundo, al futuro, ya no al pasado. Mis maestros fueron alumnos de la Bauhaus y eso me formó”.

A su regreso en los años 90, Carmen completó su tesis con ambas influencias y comenzó a trabajar con la industria textil mexicana que todavía había. Pero pronto se topó con obstáculos cada vez más grandes. “La cosa es que todo lo copiaban, compraban las telas, las metían a las máquinas y ya. Yo pensaba ¿por qué estamos de copiones si tenemos aquí una tradición tan impresionante?” Fue así como se fue “montando al rollo de la dignidad en la identidad” explica.

Saliendo de la carrera se puso a trabajar en diferentes proyectos, haciendo diseño gráfico, colaborando en libros, pero también diseñando telas y vestuario para teatro. Su tiempo en el escenario la llevó a montar espectáculos con ropa incluida. “hacíamos 100 prendas y lo vendíamos todo” recuerda Rión “una vez nos fuimos a comprar unas telas a Nueva York, que eran un cacho para pasarela y el otro para la obra de teatro. Ahí me di cuenta, poco a poquito que lo que quería era hacer ropa”.

No moda, ropa. “La palabra moda me cagaba la madre si te soy franca. Yo decía “hacer ropa”. La moda entonces era otra cosa, no es lo de ahora” dice.

Entonces fue también que Carmen trabajó con su hermano Fernando en la ahora desaparecida marca de ropa Catorini, en la que ella se encargaba de toda la producción de prendas. También creó una serie de piezas combinables entre sí de color blanco. “Ahí fue cuando nacieron los sistemas de combinar que fueron parte fundamental de la marca durante años” dice Carmen. “Licras de algodón que se combinaban con lino de distintos colores”. El concepto eventualmente se convirtió en sello de la marca Carmen Rión, junto a un curioso homenaje, quizá, al oficio de su padre.

Textil hecho en México

Con el Tratado de Libre Comercio (TLC) el panorama para la naciente marca cambió radicalmente. A mediados de los años 90, las fábricas de tela no pudieron con la competencia internacional y empezaron a cerrar. Las telas chinas se impusieron, deteniendo la producción mexicana. “Hubo momentos de crisis, no se vendía nada. Épocas en las que no podíamos comprar tela y tuvimos que hacer parches con lo que nos quedaba. Así sacamos algunas colecciones con piezas únicas, el mercado nos fue llevando a eso. Aunque aún tenemos básicos, más bien lo que vendemos ahora son piezas únicas,” explica.

A pesar del desabasto de material, Carmen continuó trabajando y lanzó una pieza tradicional, que con ligeras modificaciones, la llevó a lo que es su producto estrella: las guayaberas. “Son lo que más hemos vendido siempre. Sacamos un corte de guayabera más padre que no era el yucateco cuadradote, hice un trabajo de abstracción a ver qué salía y funcionó”.

Funcionó a tal grado que llevó a Fonart hasta su puerta. El Fondo quería vender guayaberas en sus tiendas, pero hacerlo resultaba demasiado caro, por lo que trabajar con Rión era mucho más conveniente. En el proceso conoció a Marta Turok, directora del Centro de Investigación, Documentación e Información para la Enseñanza de la Artesanía de la Escuela de Artesanías del INBA. La antropóloga estaba dirigiendo grupos de diseñadores que iban a trabajar con artesanos. “Ella fue mi maestra. Fui a dar capacitación de tres grupos, salió una colección increíble, Fonart les compró un chingo y yo desde entonces empecé a integrarlas en mis colecciones” explica.


Poco después, el timbre sonó de nuevo. “Vino uno del Foro para el Desarrollo Sustentable con unas muestras horribles que hacían con mujeres mayas. Entonces les dije que me dejaran capacitar a las chavas. Di un primer taller súper interesante con todas las jefas de grupo de las comunidades. Yo había dado clases de diseño antes, pero las capacitaciones fueron muy distintas. Me llevé la pasarela que hice con Naomi Campbell (en Acapulco Fashion de 2007) para que vieran cómo era mi geometría. Mis propuestas coincidían con las de ellas. Las puse a escribir, a dibujar en la calle. Les enseñé que no nada más tomas los hilos y te pones a trabajar, sino que antes piensas algo. Fue muy interesante explicar ese proceso.”

Ahora, su proceso de trabajo está más sistematizado. “Les pongo una tela y les pido que se inspiren en ella. Ellas siempre han hecho lo que quieren, yo les alineo la medida, escogemos colores (tenemos 20) y ellas se avientan el diseño” explica.

El respeto al mocheval

La tienda de Avenida México está metódicamente organizada por tipo de prenda y colección, de las cuales se desprenden cuatro. Primero, están piezas hechas con rebozos doblados de tal forma que se transforman en vestidos, faldas, sacos y blusas, sin cortar el trabajo original.

Después están los rebozos tradicionales que en manos de las asistentes de Carmen, gozan de una versatilidad similar. Cuando una clienta se interesa en alguno, las ágiles manos de las dependientas lo colocan sobre su cuellos, sus hombros en incluso su cintura, mostrándoles la infinidad de posiblidades para llevar la tradicional pieza. Cada rebozo de la tienda de Rión cuenta con un etiqueta con el nombre de la artesana creadora.

 “Yo creo que los textiles no se deben cortar nunca y mucho menos los antiguos. Eso empezó a pasar mucho en Chiapas los últimos años. Empezaron a comprar los mochevales viejos para cortarlos y volverlos cochinadas. Lo mismo con los rebozos. Yo trato de dejarlos enteros. Para mí siempre ha sido importante que se note de dónde viene la tela, del telar de cintura que a mí me ha salvado el pellejo.” Y es que, Rión confiesa, su interés por trabajar con artesanas no fue sólo por ayudarles a ellas, sino a su propia empresa. “Yo llegué porque me di cuenta de que íbamos a poder tener nuestras telas. Era un sueño viejo que había abandonado hace 30 años o más y de pronto surgió la oportunidad”.

Lo más destacado tanto en la tienda como en la carrera de Rión son sus mochevales, un tipo de rebozo originario de Chiapas que se caracteriza por estar hecho de lana, tener bordados encima e hilos al frente para cerrarlo. El rescate de los mochevales, que se venden en alrededor de los 7 mil pesos , han sido la carta más fuerte de la mexicana para su reconocimiento internacional.

La historia se remonta a 2005  cuando la diseñadora llegó a los Altos de Chiapas, a la zona de Zinacantán. Se dio cuenta que las artesanas habían empezado a olvidar las técnicas tradicionales de tejido de mochevales (que en Tzotzil significa rebozo) y emprendió un taller con 36 mujeres para recuperarlas. El equipo involucrado incluyó a un donador de lana y dos fotógrafas que capturaron imágenes de los paisajes favoritos de las artesanas para que les sirvieran de inspiración al tejer sus mochevales.

El resultado hizo el trabajo de las artesanas más variado, valioso por su confección y redituable. Además de llevar sus creaciones a la pasarela y al Museo Franz Mayer. En 2011 se montó la exposición “Paisaje Mocheval” en la Ciudad de México, a la par de un show de moda mostrando las creaciones. Tres años después, la muestra llegó a Europa. La exposición se montó en el Musee Bargoin de la ciudad de Clermont-Ferrand durante el Festival International de Textiles Extra Ordinaires (FITE)

Pero quizá “Es cool, es Rión”, sea la colección más cercana al corazón de la diseñadora. Carmen solía colaborar con su esposo, el artista plástico Guillermo Scully en piezas únicas, transformando sus vestidos en lienzos. En 2011 Scully falleció y Carmen sobrellevó el luto perpetuando su colaboración.


Originalmente, cada prenda se pintaba a mano, ahora son impresiones de los rostros característicos del pintor presentes en faldas, blusas y hermosas mascadas.

Farol de la calle, oscuridad de su casa

 “Cuando me dijeron hasta pensaba que era una broma que soy una marca de lujo. Cuando gané les dije que es increíble que la gente más pobre de mi país esté haciendo lujo. Ellas son las verdaderas artistas de México,” dice. La diseñadora habla del reconocimiento que recibió este verano de parte de IE Business School en Madrid, por su estrategia de sustenibilidad en su trabajo con comunidades indígenas. Los premios se entregan a marcas de lujo cuyas prácticas promueven el comercio justo. Entre los galardonados estuvieron la marca española Loewe y Tiffany & co.

En 2008, la diseñadora expuso sus creaciones en el Ethical Fashion Show, llevado a cabo en el Louvre de París. Este mes, la universidad politécnica de Hong Kong le hizo un homenaje a la diseñadora.

Pero a pesar de su reconocimiento en el extranjero, Carmen Rión está extrañamente ausente de los foros de moda mexicana. No presenta sus colecciones en Mercedes Benz Fashion Week y tampoco viajó a Londres durante el mes de septiembre como parte de una muestra de lo más destacado de la moda hecha en México.

Julia y Renata, Carla Fernández, Yakampot, Juan Acevedo y Vero Díaz presentaron su trabajo en el Victoria & Albert de Londres, el museo más grande del mundo dedicado al diseño y arte decorativo. Carmen asegura que fue convocada, pero luego le retiraron la invitación. “Hace un mes el gobierno mexicano me habló para invitarme. Luego pasaron 15 días en silencio. ProMéxico me dijo que ellos estaban encargados del showroom que se iba a montar, pero no de las pasarelas. Finalmente me cancelaron. Después me enteré de que (Beatriz) Calles (directora de Mercedes Benz Fashion Week) está metida en el asunto”.

Calles aclaró que la invitación a Rión no tuvo que ver con los organizadores de MBFW. “Fueron dos eventos. Los diseñadores fueron elegidos por la cancillería, no por nosotros. Sólo los apoyamos con el know how para llevar a sus seleccionados. Prueba de eso es que fueron un diseñador de Nook y Carla Fernández que no está en nuestra plataforma. ProMéxico organizó el showroom y convocó a otros diseñadores” dijo.

Por la forma en que la diseñadora habla del tema, es fácil intuir que sus diferencias con la directora de la plataforma de moda no es nueva. “Los dueños del balón de la moda deciden qué diseñadores van a estar en sus plataformas. A mí me tienen bloqueada desde que me fui a París. ¡Ya no me dejan entrar! Me tienen vetada, es como si no existiera. Cada vez que lo intento es “no, ya está lleno” o “¿ya conseguiste a tu patrocinador que te de 400 mil pesos?” dice.

A lo anterior, Beatriz Calles responde que las puertas de la plataforma están abiertas para Rión. “Llevamos hablando casi un año a ver si ahora sí” dijo. “Carmen es una diseñadora establecida, pero que no ha encontrado la manera de cumplir con los requisitos para estar dentro de MBFW.” En el esquema de la plataforma, cada diseñador debe brindar una cuarta parte del costo de su desfile, es decir, 100 mil de los 400 mil pesos requeridos. El resto lo brindan los patrocinadores. De acuerdo a Calles, los recursos son necesarios para estimular que los diseñadores sean mejores empresarios, con negocios más prósperos que puedan  cubrir la totalidad de los costos en un futuro no tan lejano. “Queremos usar el dinero de los patrocinadores para traer compradores y prensa internacional, pero por el momento no nos alcanza, ” dijo.

En lo que ambas llegan o no a un acuerdo, Rión asegura que le gustaría formar parte de la plataforma de moda pero no porque le haga falta. “Presenté mis cosas con Google y me fue súper bien. También estuve en Unimoda en Aguascalientes y me trataron como reina. Tengo más exposición internacional que muchos, la verdad no lo necesito”.

Carmen atribuye su asuencia dentro de ella a las aspiraciones de las que aún padece la industria de la moda en México. “Pasa ahora como pasaba con las telas antes. Las directoras de la moda quieren mostrar lo mismo que se hace en otras partes del mundo. Yo no hago lo que se hace en el mundo ni me importa una chingada. Cuando una puerta se cierra, se abren dos. Yo hago lo nuestro”.

El futuro

Aunque Carmen Rión no forme parte de las plataformas de moda, tanto la diseñadora como su negocio siguen avanzando. “Cuando se murió Scully se me jodió la vida. Pero seguí adelante, eso lo que hay que hacer,” afirma. Lo anterior implica extender los alcances de su marca, que además de ropa también vende calzado, cuenta con una pequeña línea de productos de belleza y próximamente lanzará una línea para el hogar.

Mientras habla sobre su nuevo perfume de mandarina, una clienta se roba la atención de Carmen. “Me encanta todo lo que haces,” dice con acento italiano “deberías vender en Roma”. A la mexicana le brillan los ojos. “Cuando una puerta se cierra, dos se abren ¿viste?,” dice, sonriente.