¡Al abordaje!: tres días de piratas en Campeche

Historias de piratas, naturaleza impactante, vestigios mayas y deliciosa comida te esperan en este puerto del sureste mexicano.
El centro de Campeche
El centro de Campeche. (Paulina Martínez)

Campeche es una ciudad tropical con mar, pero sin playas, considerada la puerta al mundo maya, las selvas vírgenes e historias de piratas.

Campeche es pequeña y de camino al hotel hay un gran mercado, donde las barras de achiote casero, las naranjas agrias, los frutos del mar y otros chimoles abren el apetito a cualquiera.

En la época de la Colonia, Campeche era un puerto intermedio, paso obligado entre La Habana y Veracruz, así que los tesoros que las tierras conquistadas enviaban a la corona estaban más vulnerables a los ataques de los corsarios ingleses, franceses y holandeses que azotaron la zona entre 1558 y 1708 con secuestros, robos y la destrucción por fuego y cañón de algunas construcciones.

Si bien solo fueron 15 los episodios de piratería, bastaron para que la ciudad tomara estas historias como su mayor atractivo, alimentadas por la belleza de los vestigios de la muralla que la Corona Española construyó para protegerla.

Dicen los guías que España se hizo tanto del rogar para construirla, que cuando la terminaron ya habían cesado los ataques…

Hoy la muralla conserva siete de sus ocho baluartes (sitios donde se agrupaban las tropas de la corona), dos de sus puertas (la de mar y la de tierra) y sus dos fuertes: San Miguel y San José el alto.


Día uno

La ciudad amurallada


La muralla que rodea todo el centro histórico, aunque ya no está completa, conserva los tramos suficientes para imaginar aquellos tiempos en que la abundancia en plata, oro y palo de tinte encendían la avaricia de los piratas europeos.

Es posible visitar cada uno de los baluartes y conocerlos por dentro; algunos tienen museos de piratería, de la historia de la ciudad o del rico pasado maya de la región, con piezas únicas traídas de las zonas arqueológicas del estado como Edzná y la majestuosa Calakmul, pero si no quieres caminar demasiado bajo el sol, la recomendación es tomar un tour guiado con camioneta incluida.

El paseo se lleva casi tres horas para recorrer el perímetro que originalmente medía 2,620 metros, si eres disciplinado y visitas todos los baluartes y el Fuerte de San Miguel, desde donde se ve toda la ciudad, que en primavera está plena de jacarandas rosa pálido.

En el camino, también puedes bajar a conocer la iglesia de San Román, famosa por su cristo negro tallado en Ébano, traído desde Italia y origen de una romántica leyenda.

Al final del paseo es bueno aprovechar para visitar los museos de Fortificaciones y Navegación en el Centro histórico de Campeche; en este último no puedes saltarte el simulador de altamar, donde experimentas la sensación de viajar en las entrañas de un galeón durante una tormenta en el Atlántico.

Luego de los museos, es obligado pasear por la plaza central. Tomar un helado o nieve de sabor en la cafetería del kiosko, darse una vuelta en el tranvía (muy típico, aunque es de ruedas) para ver de nuevo las casitas de colores pastel y, claro, contar cuántas azules encontramos por el camino. Dicen los que saben que aquí surgió aquel dicho: “el que quiera azul celeste, que le cueste”, pues era la pintura más cara y solo podían pagarla las familias más acaudaladas.

Vuelve antes de las ocho que arranca el videomapping con la historia de la ciudad sobre los antiguos edificios de la Aduana, la Biblioteca y el Principal, ubicados frente a la plaza en el costado más cercano al mar. Es un espectáculo de luz, color e imágenes en movimiento sobre la cultura, tradiciones, biodiversidad e historia campechanas.


Día dos

La selva media y la hacienda

A unos 20 minutos de Campeche se asoma la hermosa Uayamón, el casco de la otrora rica hacienda henequenera que hoy alberga un hotel boutique con spa, alberca y habitaciones inmersas en la selva. Con un minucioso trabajo de rescate arquitectónico, puede apreciarse la zona fabril de la hacienda, sus imponentes chimeneas y en el jardín central una enorme ceiba que cumple su misión de unir el inframundo con el paraíso, según la cosmogonía Maya.

Enclavado en una selva media ligeramente espesa, en los alrededores hay una buena variedad de aves endémicas que, si la visita es lo suficientemente tempranera, puedes disfrutar en un tour de observación de aves -con guía del hotel si se contrata con antelación-, o por tu cuenta si es una actividad que te interesa y sabes cómo hacerla.

Armado con buenos binoculares, gorra y bloqueador, estarás listo para ver halcones, búhos, pájaros carpinteros y zopilotes, entre muchas otras coloridas especies que han encontrado refugio en la zona, luego de huir de las regiones ya urbanizadas.

El hotel ofrece también clases privadas de cocina típica como el pibipollo -con reservación-, una especie de tamal de pollo con achiote y hortalizas cocido en hoyo de tierra (pibil).

Comer en el hotel y degustar de su carta, compuesta casi totalmente de platillos típicos de la región, con el pan de cazón y la sopa de lima como protagonistas, es una buena opción si te da el hambre, o puedes tomar un ligero refrigerio y cenar en alguno de los restaurantes o cenadurías típicas del centro histórico de Campeche.


Día tres

Los mayas de rapidito


A una hora al sureste de la ciudad, San Francisco de Campeche, se encuentra Edzná, una maravilla arquitectónica de los inicios de la civilización maya. Se trata de una de las dos áreas arqueológicas mayas del estado, y se considera una de las primeras ciudades edificadas por este milenaria cultura mesoamericana.

Edzná destaca por sus grandes edificaciones, llamadas Itzáes, sus calzadas, su Plaza Principal, el Patio de los Emperadores, que datan de los años 1000 y 12000 d.C., y dos zonas especiales para la comunidad: el Templo del Sur y el Juego de Pelota.

Otras paradas interesantes en la ciudad son el Templo de los Mascarones, que muestra vestigios de las máscaras que representan al dios del Sol en el amanecer y en el atardecer, y la escalera del Nohochná o la casa grande. Vale la pena hacer el esfuerzo de subirla y disfrutarás una panorámica impresionante de la zona arqueológica y la selva que la rodea. El calor de verano es intenso, necesitarás bloqueador, cantimplora y gorro para lidiar con el clima.


Qué probar

Mercado Pedro Sainz de Baranda ($)

Está casi frente a la Puerta de Tierra. Busca el famoso pan de cazón, el pámpano en escabeche, las pollas o batidos de frutas y la horchata de coco.

Chocol Ha ($)

Solo abre por las tardes y noches, ideal para probar un chocolate 100%. Calle 59 #30 en el Centro Histórico.

Don Gustavo ($$)

Comida fusión. Su decoración te hará sentir en la época colonial. Prueba el pulpo y la sopa de lima. Calle 59 No 4.

Marganzo ($$)

Comida regional muy cerca del Malecón. Las especialidades son el Filete Marganzo y el filete capeado relleno de camarones, la crema de ajo y el pan de cazón. Calle 8 No. 267, Campeche.

La Palapa del Tío Fito ($$)

Cervezas frías y buena comida frente al Malecón. Prueba el Poc-Chuc de pulpo y el chile Xcatik. El atardecer se ve espectacular desde sus mesas. Avenida Resurgimiento S/N, Campeche.


Reserva y disfruta de las maravillas de Campeche


Qué ver si tienes más de tres días

  • Visita a playas de San Lorenzo, cerca de Campeche, donde se puede acampar y disfrutar un escenario virgen y hermoso.
  • Calakmul, enorme centro maya a tres horas al sureste de San Francisco de Campeche.

  • Grutas de X’tacumbilxuna’an, 200 metros de estalactitas y estalagmitasa 80 metros de profundidad. Ubicadas en Bolonchén a 110 km al este de la ciudad. De martes a domingo hay espectáculo de luz y sonido.

  • Reserva de los petenes (manglares para navegar), está a 75 km al noreste de Campeche, vía Celestún.