El "boom" de inyecciones en el cuerpo, belleza que deforma

Usan sustancias de bajo costo como el polimetilmetacrilato para dar volumen al cuerpo, pero provocan la muerte del tejido, amputaciones y en algunos casos se pierde hasta la vida.
“El organismo trata de defenderse y altera las células causando tumores, en el mejor de los casos”
“El organismo trata de defenderse y altera las células causando tumores, en el mejor de los casos”

México

En México existe un boom por inyectarse en glúteos, mamas y rostro una sustancia conocida como polimetilmetacrilato, resina sintética utilizada en la industria de la construcción, para “aumentar el volumen” a bajo costo, pero resulta que esa sustancia termina por deformar, causar la muerte del tejido, propiciar la amputación y, en ocasiones, provoca el deceso de jóvenes de entre 20 a 30 años de edad.

Silvia Espinosa Maceda, jefa del servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital General de México (HGM), explicó en entrevista que este fenómeno de inyectarse “sustancias modelantes” viene de Brasil, donde aparentemente “estudios demostraron que no pasaba nada con aplicarse adherentes de tipo industrial”.

Sin embargo, en México se comprobó todo lo contrario y en la actualidad hay gente joven que sufre severas secuelas de salud, daños que resultan irreversibles, imposibles de corregir con cirugías estéticas.

Y es que, dijo,  el polimetilmetacrilato es una sustancia que termina por estallar en el organismo, esto significa que cuando entra en contacto las células la absorben, literalmente se la comen.

“El organismo, ante tal situación, trata de defenderse y altera las células causando inflamaciones crónicas, tumores en el mejor de los casos, y en el peor enfermedades en las que el cuerpo, actúa contra el mismo cuerpo lo que propicia muerte de los tejidos.

“En más de 90 por ciento de las situaciones resulta imposible detener ese proceso degenerativo,
por lo que las personas, si se aplicaron la sustancia en el rostro, suelen deformarse por el crecimiento descomunal de edemas, por las amplias inflamaciones, con regularidad suelen perder nariz y mentón.

“En el caso de los glúteos, hombres y mujeres terminan por tener tejido necrosado. Por ello es necesario eliminar toda el área dañada. Se les somete, constantemente, a lavados y a retiros del tejido afectado. Hay gente que se la pasa más de un año internada recibiendo ese tratamiento. Solo cuando hay posibilidad se realiza una cirugía paliativa. No es estética. Son colgajos obtenidos del abdomen, por lo regular”, explicó.

En el hospital, explicó, en especial en el área donde se trata a pacientes de modelantes  —por usar estas sustancias, incluyendo aceites de motor—,  se reciben alrededor de 300 pacientes anualmente. Una cifra que ha ido creciendo en los últimos años, y en la lista ya se encuentran mujeres de 40 años de edad. “Toda la vida la gente se ha inyectado sustancias, pero ahora tenemos este problema con el polimetilmetacrilato, que resulta de las más nocivas, de fácil acceso, sumamente  barato. Tenemos casos muy traumáticos de jovencitas de 20 años que eran hermosas y terminaron deformes”.

De esas 300 personas, abundó, la mitad llega en etapas en las que ya no hay nada que hacer. Son casos muy avanzados en los que solo queda como alternativa amputar y tratar de eliminar el daño causado; tres de cada 10 son homosexuales, el resto mujeres.

“El pronóstico es tener una vida con úlceras, dolor intenso, con deformidad y de muy mala calidad, por lo regular surgen también daños hepáticos y, aunque depende del organismo de la persona, no viven más allá de dos a tres años”.

Los pacientes que acuden al HGM también sufren, en la mayoría de los casos, de amputaciones, sobre todo cuando esa sustancia se inyecta en los senos.

Cuando las personas se inyectan la sustancia, en un principio no presentan síntomas y adquieren en apariencia el volumen prometido. Se forma en el área una especie de piedra, todo esto por un costo hasta de 30 pesos, aproximadamente, que son inyectados por gente sin ninguna preparación médica, casi todos son mecánicos.

En un lapso de un mes o siete años, dependiendo del área intervenida y de la forma en la que responde el organismo, los usuarios experimentan ardor, enrojecimiento, ulceraciones, infecciones constantes y permanentes difíciles de controlar. “Ahí empieza el verdadero calvario de los pacientes porque, además, sufren dolores en las articulaciones, presentan problemas renales y pulmonares, en los ganglios linfáticos que se encuentran a lo largo del cuerpo”.

Por ello, en el HGM cuando llega una persona con estas características es atendida por un equipo de médicos multidisciplinario, entre ellos el reumatólogo que regula la respuesta inflamatoria del organismo hacia este tipo de sustancias extrañas. “Un caso de estos resulta sumamente costoso al gobierno federal y a las personas, porque tienen estancias hospitalarias muy prolongadas, se requiere de diversas cirugías especializadas, de medicamentos de amplio espectro, de estudios de
laboratorio constantes, y lo peor es que muchas veces la familia termina por abandonar al paciente, sobre todo cuando ya no hay nada que hacer”.

Espinosa Maceda precisó que en México no hay sustancia aprobada por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios para dar volumen a alguna parte del cuerpo, y esto también sucede en otras naciones reguladas por la Administración de Alimentos y Medicamentos.