Un taller de diseño en Monterrey

De la necesidad de crear y de alcanzar un alto nivel de diseño nace el taller regiomontano Artelier.
Eduardo Azcúnaga fundó Artelier en 2014, un taller donde el diseño de mobiliario y objetos respeta la naturaleza de los materiales.
Eduardo Azcúnaga fundó Artelier en 2014, un taller donde el diseño de mobiliario y objetos respeta la naturaleza de los materiales. (Cortesía Artelier)

La arquitectura es un arte muy noble. La formación de un arquitecto es tan completa que le permite explorar, analizar y abarcar más aspectos que solo la concepción de espacios. En el caso de Eduardo Azcúnaga, creador de Artelier, el diseño de mobiliario fue uno de esos aspectos a recorrer.

Artelier es un taller de diseño de muebles y objetos creados a partir de materiales naturales de alta calidad. El estudio y proceso de diseño busca realzar las propiedades de los mismos, por medio de líneas sofisticadas y principios estructurales simples.

La idea se gestó en un viaje de intercambio a Aalto University en Finlandia, cuando Eduardo conoció el mobiliario de Alvar Aalto y su proceso de manufactura, el cual era considerado muy innovador para la época. Al mismo tiempo, cuenta que había un taller de madera donde hacían proyectos de arquitectura, lo que lo inspiró a trabajar con ese material.

Al regresar a Monterrey comenzó a experimentar en el taller de su padre, cultivó su conocimiento, compró más maquinaria y poco a poco empezó a crear las primeras piezas. Fue hasta 2013 que se convirtió en un taller más en forma.

“El primer producto que desarrollé fue la banca ensamble. En ese momento el proceso creativo era muy largo porque experimentaba mucho. Era frustrante pero al mismo tiempo veía la evolución y el crecimiento del primer prototipo hasta el último. Después de esa primera etapa el tiempo del proceso se acorta por la experiencia que tomas. Ya de ahí arranqué con otros productos”, señala.

Detrás de cada pieza de Artelier hay un profundo entendimiento de los procesos, los materiales y del diseño. Su concepto se basa en mantener la calidad y la pureza de los materiales, lo que da como resultado mobiliario que enriquece el espacio y genera experiencias ordinarias. Sobre el lenguaje, Eduardo busca la atemporalidad y se mantiene al margen de las tendencias, sin embargo admite que hay influencia de los diseños escandinavos y daneses de los años 40’s, 50’s y 60’s que se centraban en la utilidad, función y la belleza implícita en su simpleza.


Artelier para Eduardo también significó una forma de perfeccionar su proceso de diseño, al respecto explica: “Al salir de la carrera temí que el proceso para hacer un portafolio con el nivel de diseño que quería me tomaría mucho tiempo. Entonces ya con toda la inquietud de la carpintería pensé en hacer primero un portafolio de muebles que reflejara mi ideología de diseño y después de eso tener algo físico que presentar”. Fue así como logró un nivel superior de diseño por medio de la creación de mobiliario.

En un mundo donde todo se produce en serie, sin control de calidad y cuando es fácil que se pierdan propiedades y detalles, lo mejor que ofrece el mobiliario de Artelier, sin duda, es la calidad y el diseño. Por ahora en los planes del estudio está tener un espacio de trabajo más amplio y hacer diseños más orgánicos que se ajusten más al cuerpo.

“En la primera línea eran puros cortes rectos, con curvaturas más pequeñas. Después fueron más grandes, con líneas más curvas, y todos esos aspectos serán más evidentes en los siguientes diseños. Son productos más complicados pero como quiera la satisfacción del cliente y la de nosotros es mucho más grande. Queremos superar niveles y esa es la meta tirada a futuro a corto plazo”, finaliza