Arquitecto Juan Carlos Baumgartner: “El chiste de las ciudades es que no son ideales”

La denominada “neuroarquitectura” busca conectar emocionalmente a las personas con su entorno, advierte el fundador del despacho Space

El multipremiado arquitecto mexicano Juan Carlos Baumgartner (Ciudad de México, 1972) considera que el chiste de las ciudades es que no son ideales y por eso sostiene que creer que existen como tales es uno de los principales pecados entre la comunidad de la que él es parte.

Para el socio fundador de la firma más importante del país, Space, la arquitectura y el diseño en general impactan en la salud emocional de los individuos, pero también pueden ayudar a construir una sociedad con menos brechas, solo se trata de entender que “no hay que ahorrar en pensar”.

Como lo hiciera hace más de 15 años al fundar su despacho especializado en interiorismo corporativo, Baumgartner experimenta en una vertiente de su disciplina, que tiene sus orígenes en Estados Unidos: la “neuroarquitectura”, cuyo interés está en el descubrimiento de cómo el entorno influye en determinados procesos cerebrales relacionados con la felicidad y el aprendizaje.

“En una sociedad en la que hemos destruido sistemáticamente el mundo y creado una economía que ha generado un abismo entre ricos y pobres, el diseño puede convertirse en una herramienta para cambiar eso por algo más empático”, señala.

Dominical MILENIO habló con el egresado de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, quien está convencido de que es posible construir proyectos económicos, como viviendas de interés social, física y emocionalmente funcionales.

¿Cómo ha cambiado tu arquitectura?

Hemos evolucionado, pero seguimos trabajando en las mismas líneas, solo que ya hay más conocimientos sobre cómo funciona el cerebro y su correlación entre el espacio y el desempeño. Cuando iniciamos, estos estudios eran muy escuetos; ahora hay mucha investigación, pero los arquitectos hemos sido muy malos en aplicarlo al día a día.

¿Cómo influye el entorno arquitectónico en el aprendizaje?

El espacio es la llave para detonar la memoria, es decir, si tratas de recordar el contenido de una clase no hay forma de que lo hagas si no te acuerdas de dónde estabas ubicado, de lo que te rodeaba. Entonces, cuando diseña aulas iguales, el arquitecto mata esa llave, porque va a ser muy difícil recordar qué había de especial en ese espacio.

¿Cuál es su propuesta en ese sentido?

Diseñar escuelas que te ayuden a tener un espacio distinto para que el niño pueda activar la llave mágica y el acceso a la memoria sea más sencillo.

¿Ha diseñado escuelas con los criterios de la neuroarquitectura en México?

Sí, en los colegios Hebreo Maguen David y en el Atid, así como en el Tec

“Hoy se estudia cómo funciona el cerebro y su relación con el espacio y el desempeño”

de Monterrey; está empezando, pero dentro de muy poco vamos a tener una ola gigante de esto… a la gente le cuesta trabajo creer que estas cosas funcionan, pero es un hecho que si no estás conectado emocionalmente con lo que vas a aprender, no aprendes, y eso es emocional, ahí es donde el espacio puede cambiar completamente el contexto.

¿Es la arquitectura un agente de cambio?

Sí. El diseño en general es una de las grandes herramientas más desperdiciadas por la sociedad, y en parte es culpa del sistema que considera al diseñador como algo superfluo, es esta idea de que si sobra dinero, contratas a un arquitecto; ése es un grave error. Tampoco los diseñadores hemos entendido que somos un agente de transformación y que podemos inspirar a través de lo que proyectamos.

Pero este tipo de construcciones son elitistas…

Sí, la arquitectura está muy ligada a la economía, pero el problema es que no le hemos dado su importancia. Cuando ves el costo de un buen diseño en la inversión completa de un proyecto, es ridículo, si llega a 5 por ciento es altísimo.

Lo que tenemos que entender es que no hay que ahorrar en pensar, hay que invertir en ello, y después puedes hacer cosas en viviendas muy económicas, oficinas para gobierno; si le dedicaran el tiempo y los recursos a la parte de proyectar, el resto podría funcionar muy bien. No hay proyecto que no aguante tener un diseñador, es tan marginal lo que cobra en comparación con lo que cuesta construir que es un error ahorrar en quien diseña, es cuando se vuelve elitista, porque también hay ese error mal entendido de que solo si tienes mucho dinero te alcanza para pagarle a esta persona. Al final tener un diseñador hace la diferencia entre que lo que hagas funcione y te traiga un valor, y lo que únicamente resuelve una necesidad básica.

¿Qué pasa con las unidades habitacionales que surgen de la noche a la mañana?

En muchas de ellas no hay un buen diseñador atrás, son copy and paste de un diseño mediocre que viene de no sé cuándo… es un tema cultural, porque no estamos acostumbrados a pensar.

¿Qué tiene que ver la felicidad con la arquitectura?

A pesar de que la mayoría queremos ser felices, no hemos construido nada regido alrededor de alcanzar esa meta. No digo que los conocimientos o la riqueza no puedan generar felicidad, pero el chiste es que si eso es lo más importante, ¿por qué no hemos desarrollado todo alrededor de eso y no como una consecuencia secundaria? Mediante el diseño se puede cambiar el contexto, puede ser que haya actividades que no te dan felicidad, pero si cambias el ambiente en el que suceden, pude ser que sí te hagan feliz.

¿Cómo tener Godínez felices?

Lo primero es la luz natural: una oficina no tiene por qué ser aburrida y gris; también se debería fomentar que hagas amigos, no porque sea natural que los tengas, sino que el espacio esté diseñado con mecanismos espaciales para fomentar que hagas más amistades de las que normalmente harías… y se puede, todo es cambiarle el contexto y mover a la sociedad alrededor de la felicidad. 

¿Cómo ves el escenario arquitectónico en México?

Bien, me preocupa el tema económico, pero si a pesar de éste logramos mantener la estabilidad, México tiene un potencial de hacer cosas muy interesantes. Recientemente recibimos en Inglaterra un premio a la excelencia en diseño por las oficinas de Red Bull, eso es un buen ejemplo de que la calidad, el talento y los clientes ahí están, para tener arquitectura a escala mundial.

¿Cómo y hacia dónde se dirige la arquitectura?

Se me hace complejísimo pensar que hay una arquitectura que va hacia algún lado concreto, hay muchos movimientos que tienen muchas búsquedas muy distintas; algunas son muy formales, con el uso de materiales más modernos y la realización de formas extrañas; estamos los que realizamos diseños basados en evidencias, es decir, en cuáles son las consecuencias del diseño en la sociedad.

¿Cómo sería tu ciudad ideal?

Los arquitectos hemos pecado demasiado en pensar que puede haber una ciudad ideal, y el chiste de las ciudades es que no son ideales, lo que creo que pasará es que vamos a ver más desarrollos verticales, porque tienen mucho más sentido que los horizontales, medios de transporte más eficientes, y la ciudad tiene que crear soluciones más empáticas en las que la gente se adueñe de ella, eso es lo que en México nos ha fallado muchísimo.