Alta costura, la saga continúa

En el nuevo siglo las burbujas financieras y la invasión de prendas prêt-à-porter pusieron en crisis a la industria de la alta costura; no obstante, hay un renacimiento. Aquí algunas claves.
Costura
(AFP)

París

La alta costura es ese sector exclusivo y excluyente de la moda que ha coqueteado siempre con el mundo del arte en su afán de ser considerada disciplina artística. Pero desde hace algunos años esta pretensión se ha quedado en eso; diseñadores y periodistas, es decir, los que le dan voz al sector, han dejado claro que la exquisitez de la alta costura no va más allá de una artesanía, un savoir faire que data de un siglo atrás y que, sin embargo, provoca la admiración de millones de personas en el mundo.

UN POCO DE HISTORIA

A menudo escuchamos hablar de alta costura como si fuera el estándar de vestuario de actrices, cantantes y demás perchas humanas en México y el mundo. Estos comentarios serían irrebatibles si viviéramos a principios del siglo XX, cuando las creaciones de los diseñadores eran eso, alta costura, es decir: prendas únicas hechas a la medida y con materiales sumamente costosos para las que se emplearon más de 300 horas en su elaboración. El nombre de alta costura (haute couture) fue acuñado en Francia por el creador inglés Charles Frederick Worth, quien es considerado el padre de la alta costura. Aprovechando el fasto del Segundo Imperio, Worth inauguró hacia 1860 su maison de couture a la que llamó “Créations de haute couture”. De modo que fue su inspiración la que originó el término que hasta la fecha representa el clímax en cuanto a diseño de moda femenina se refiere. Cabe añadir que también Worth sentó las bases del teatro de la moda como lo conocemos hoy, ya que introdujo el concepto de colección para cada temporada y el hecho de realizar un desfile para presentarla.

Curiosamente, fue un inglés quien acuñó el término haute couture en 1860 en París


Sin embargo, el término no se generalizó hasta bien entrado el siglo XX. Esto debido a que la producción de los couturiers como Worth, Paul Poiret o Jeanne Paquin era el estándar, no era necesario distinguirla del aún inexistente prêt-à-porter. Fue el propio Worth quien tuvo la iniciativa de crear la Cámara Sindical de la confección y la costura, con el fin de proteger las creaciones originales de las copias. Al paso de los años, la alta costura encontró un terreno fértil en el creciente mercado de mujeres que podían hacerse vestir a la medida. En correspondencia, también aumentó el número de creadores y pronto París vivió la que sería la época de oro de esta disciplina con nombres como Lanvin, Gabrielle Chanel, Elsa Schiaparelli, Vionet, Pierre Balmain, Cristóbal Balenciaga, Christian Dior… La importancia que fue adquiriendo, además del grado de sofisticación, hizo que la alta costura se volviera una denominación de origen. A todos los atributos de calidad para que una prenda fuera considerada de alta costura, se agregó la condición de que la prenda debía ser hecha en París por una de las casas reconocidas ante la Cámara sindical del ramo. Esta es la principal razón de que el revuelo mediático “alta costura por aquí, alta costura por allá”, sea una impostura. Cualquier otra prenda única y hecha a la medida por cualquier creador, así sea John Galliano o Carolina Herrera, cae en la categoría de couture o demi-couture. En Italia existe la Alta moda pero su prestigio dista mucho de la haute couture parisina.

UNA TENDENCIA A LA BAJA

Debido a su condición elitista la alta costura ha visto amenazada su existencia en los últimos 20 años. El nacimiento del prêt-à-porter era el golpe que se suponía definitivo, el que iba a suprimir de las calles los atuendos estirados y anacrónicos para ser reemplazados por ropa de muy buena manufactura pero con una disponibilidad acorde a la demanda del creciente mercado. Anunciada en más de una ocasión, su muerte no se ha concretado y es probable que tarde mucho en ocurrir toda vez que los fundamentos del prêt-à-porter están embebidos en la alta costura.

Uno de los momentos álgidos en su historia ocurrió hace 10 años, cuando la nómina de esta diezmada liga recibió el anuncio de tres casas emblemáticas que se desligaban de la Cámara Sindical debido a que —para nadie era un secreto— su línea de alta costura operaba con números rojos. Así, Jean Paul Scherrer, Versace y Ungaro pusieron fin a una tradición que había enriquecido los anales de la moda. En una de las épocas difíciles no solo para la alta costura sino para el modelo capitalista —abollado por la burbuja tóxica que engendró el Nasdaq a finales del siglo anterior—, la Cámara Sindical del ramo se quedó con tan solo ocho miembros. Esto es sintomático si se toma en cuenta que este sector fue puntal en la economía francesa, pues llegó a generar algo así como 5 mil empleos directos e indirectos y el número de agremiados en su época dorada llegó a ser de 75. Ahora bien, como todo métier de luxe puede soportar las coyunturas económicas. Lejos de las tendencias, es menos sensible a las crisis financieras pues su clientela se cuenta entre los poderosos del planeta; en su destino hay más de Wall Street que de main street.

NUEVO AIRE

Dos veces al año, a finales de enero y a principios de julio, se presentan en París las colecciones de verano e invierno, respectivamente, de las diferentes casas de alta costura. Esta persistencia se debe a dos factores: la gran atracción que ejerce sobre los jóvenes creadores de moda —hacer alta costura es el sueño de todo diseñador— y el interés de una exclusiva clientela que hoy en día ve la alta costura como inversión (las subastas de los guardarropas haute couture alcanzan ventas notables).

El valor agregado de la alta costura es elevado y no es raro que los precios alcancen los miles y a veces los cientos de miles de euros. Este es uno de los motivos por el que algunos jóvenes diseñadores están apostando en París a seguir el camino más complicado: comenzar su carrera diseñando alta costura. Para ello les esperan algunos años de aprendizaje en los talleres de una casa reconocida —ingreso que no es sencillo—, y después intento tras intento ante la Cámara del gremio en espera de obtener la certificación haute couture. Tal vez debido a una buena generación de talentos o quizás porque la Cámara, al ser demasiado estricta vio amenazado su futuro, hoy se vive un renacimiento de este añejo y ostentoso savoir faire. La prueba está en que en la temporada otoño/ invierno 2014 de julio pasado, se presentaron 27 desfiles durante cinco días, mucho mejor que las “semanas” de tres días y 15 o menos desfiles de años anteriores.

El calendario está abanderado por miembros honorarios como Chanel, Dior o Frank Sorbier. A estos se suman los miembros extranjeros como Armani, Valentino o Elie Saab. Por ultimo están los miembros invitados. Es este segmento el que ha aportado nueva vida y una frescura con nuevas propuestas como el uso de textiles inteligentes; basta ver las creaciones de Iris van Herpen, Alexandre Vauthier o Victor&Rolf para darse una idea de esta evolución. A diferencia de los miembros estables que son grandes empresas dependientes del prêt-à-porter, las marcas pequeñas realizan exclusivamente un par de colecciones al año buscando colocar dos o tres pares de prendas de unos cuantos miles de euros para de ese modo solventar su existencia. Hay que subrayar que el mercado de la alta costura es un mercado cautivo y pequeño que no sobrepasa los mil clientes en el mundo. Como si fueran coleccionistas, no es raro que se conozcan entre ellos. Esta es la razón por la que el sector carece de publicidad; su mismo nombre, haute couture, es la máxima publicidad que puede tener.

Si duda, el sector de la confección de lujo se ha visto beneficiado por el creciente número de millonarios en el orbe. En ese sentido, se puede decir que la sociedad ha vuelto de alguna forma a la época en la que florecían las cortes y la aristocracia vivía, entre otras cosas, para vestirse bien. Esto ha sido detectado por los nuevos diseñadores quienes se han lanzado a la arena de la haute couture para cumplir el sueño de ejercerla y el objetivo de venderla. Al parecer todo marcha sobre ruedas pues 10 años después del punto más álgido en su historia, ahora vive un renacimiento que pocos esperaban ver.