Vestigios del Marruecos imperial

Pasear por Mequínez, Patrimonio Mundial de la Humanidad, es un continuo deambular entre el glorioso pasado y el bullicioso trasiego del presente.

Mequínez

La ciudad marroquí de Mequínez guarda, tras su triple muralla, los restos del Marruecos Imperial, que vivía a finales del siglo XVII sus primeros años de unidad bajo el mandato del sultán Mulay Ismail.

Hoy viven aquí 700 mil personas, y en su tiempo ninguna milicia fue capaz siquiera de acercarse, dado que Ismail estaba obsesionado con que un asedio acabara con su mandato. Por ello creó el conocido Ejército negro, que sembró el terror entre quienes pretendían conquistar esta tierra. Hoy quedan 27 kilómetros de muralla, de los más de 40 con los que el sultán rodeó la urbe, y todavía se conservan los restos de los enormes depósitos de agua y de los almacenes de comida que hubiesen permitido sobrevivir a la población en caso de asedio.

Cautiverio

La ciudad era temida especialmente por españoles y portugueses, que habitualmente eran hechos rehenes por un sultán que encontraba en el rapto una forma de ingresar dinero a sus arcas. Y es que Ismail mantenía presos a numerosos comerciantes o viajeros cristianos a la espera del pago de un rescate que se efectuaba en el Pabellón de los Embajadores, que actualmente puede ser visitado.

Para este negocio, que le trajo numerosos beneficios, tuvo que construir una prisión subterránea con capacidad para 40 mil cautivos, cuya estructura se mantiene hoy intacta, pese a haber estado abandonada durante décadas. Conocida como la Cárcel de los Cristianos, sobre este lugar florecen numerosas leyendas que especulan sobre la verdadera extensión de sus pasadizos.

Anhelo de grandeza

Ismail quiso revestir su imperio de grandeza y para ello favoreció la leyenda de que tenía un harén de 500 mujeres y una familia de 700 hijos suyos y un descomunal ejército formado por 150 mil hombres y 12 mil caballos. Todo aquello le servía para recalcar que aquel territorio tenía dueño y señor. De hecho, de algo sirvieron estos impactantes números, ya que el mandato del sultán, junto al de su hermano Mulay Rachid, es el comienzo del reinado de la dinastía de los alauitas, que actualmente ocupan el trono del país.

Algarabía en el barrio viejo

Pero la tranquilidad, el lento deambular y la majestuosidad que rodea la zona de la ciudad imperial contrasta con el bullicio y la vitalidad de la medina, o el barrio viejo, donde un laberinto de estrechas calles permite al visitante perderse entre infinidad de comerciantes, ávidos de ofrecerle al turista artesanías de cerámica, alfombras y especias.

La vida se desarrolla en la calle y sobre todo en la extensa plaza el-Hedim, en donde encantadores de serpientes, magos y tahúres tratan de llamar la atención, mientras en el resto de la ciudad barberías y teterías sirven de lugar de reunión para la población masculina.

Tras la muerte de Ismail, Mequínez dejó de ser capital del imperio, cediéndole la estafeta a Fez, pero para la posteridad quedó en sus calles la majestuosidad con la que el sultán quiso revestir su mandato. Una ciudad en la que se erigen ahora decenas de minaretes, que llaman conjuntamente a la oración cinco veces al día. Un ritmo, unos sonidos y unos olores que dejan al visitante abducido ante esta atmósfera, tan desconocida como atractiva.


El dato

Sus fortificaciones la protegieron cuandofue elevada a capital del imperio, desde 1672 hasta 1727.