Me fui de luna de miel a París: Francisco Hinojosa

El autor de literatura infantil y poesía presenta su segunda novela "Emma" (editorial Almadía), aprovechamos la ocasión  para hablar sobre uno de los mejores viajes de su vida.
El escritor nos compartió el mejor viaje de su vida.
El escritor nos compartió el mejor viaje de su vida. (Alberto Ibáñez "El Negro")

Ciudad de México

Me fui de luna de miel a París durante 15 días. Creo que desde joven no había hecho un viaje así de largo. Pero lo que uno ve de joven a ya después, en la madurez, es muy distinto.

Era un viaje que ya tenía pensado con mi hoy esposa. Es de esas cosas que uno dice “algún día iremos a Japón, algún día iremos a China” y París estaba considerado en esos planes. En el momento en que ya sabíamos que nos íbamos a casar, meses antes, me metí a ver cuánto costaban en millas los boletos de avión. Resultó que estaban muy baratos y eso que era Semana Santa.

Ambos ya conocíamos París. Es una ciudad muy viva y siempre cambia. El clima estuvo fresco durante dos días hubo llovizna. Conseguimos una de esas casas que rentan los propios dueños para que se alojen turistas.

Visitamos varios museos,  algunos que yo no conocía y otros que no conocía mi esposa. También hicimos pequeños viajes al interior que fueron muy agradables. Nos movíamos en metro, tren y caminamos mucho, esa es una de las grandes virtudes que tiene París: se puede caminar todo.

Me gustó encontrarme con un sobrino que es artista y que está haciendo una residencia allá, y con un amigo de mi hijo que iba por primera vez a la capital francesa. Me daba una envidia como veía y caminaba por primera vez París, logró contagiarme de ese joven que fui.

Todos los días fueron muy disfrutables. Al día siguiente de nuestra llegada visitamos el museo de arte medieval Cluny. Era el primer domingo de abril y el primer domingo de cada mes los museos son gratis, así que aprovechamos. Después recorrimos el barrio Le Marais y le presenté a mi esposa la Plaza de los Vosgos, donde Víctor Hugo tenía su casa y que para mí es la plaza más bonita del mundo. Ese es uno de los recorridos que más recuerdo.

Mi esposa es artista plástica y mirar los museos a través de sus ojos y su reflexión, me cambió muchas cosas de lo que había visto antes y de lo que vi ahora.

También me gustó conocer la casa de Claude Monet en Giverny, donde hacía sus cuadros y donde está aquel puente que pintó en repetidas ocasiones. Durante esa visita me di un golpe y se cayó mi anillo de bodas al río. Afortunadamente mi madre es orfebre y fue quien los hizo, así que me hará otro.

Comimos no sólo platillos franceses, también disfrutamos de la gastronomía vietnamita, paquistaní, japonesa, de todas las cocinas. Recomiendo un restaurante vietnamita que se llama Le Palanquin.

Recuerdo que fuimos a un restaurante paquistaní  donde dos meseros llegaron a preguntarme si yo era de la India. Les contesté que era mexicano, pero les pedí que fingieran que lo era para que los demás comensales pensaran “si hasta alguien de allá viene, debe ser un buen lugar”.

No me agrada la Torre Eiffel, pero finalmente llega a ser algo que caracteriza a la ciudad. El turismo que se conglomera alrededor no es el que me gusta. Guy Maupassant se opuso a que se construyera y convocó a muchos intelectuales y  artistas. Se fue a vivir fuera para no verla. Pero cuando regresó, todos los días iba al restaurante del primer piso de la torre ya que decía que era “el único lugar de París desde el que no se puede ver”. Por otro lado, no soy católico, pero si me robo una veladora de Notre Dame.

Me faltaron muchas cosas por ver, pero también volvería a recorrer las mismas calles y los mismos restaurantes.