Colosos marinos a la vista

Privilegiados como somos, los mexicanos no debemos de perder la oportunidad de ver las diferentes especies de ballenas que año tras año se dan cita en nuestro territorio.

Los Cabos

Que en México existe cualquier cantidad de destinos de playa de primer nivel es una obviedad, así que en todo momento los podemos visitar, pero en estas fechas, particularmente, lo que se impone es ir a Los Cabos a ver a las ballenas, un fenómeno que sólo sucede en los primeros tres meses del año.

Así que, siguiendo esta peregrinación casi sagrada, que no es nada en comparación con lo que viajan los cetáceos, acudimos a la península bajacaliforniana. Estos seres prehistóricos nos recuerdan la sabiduría de la naturaleza, ya que más de 17 mil individuos llegan puntualmente a la cita de su migración temporal cada año, apenas con unos días de retraso, para el nacimiento y crianza de las primeras semanas de vida de sus ballenatos.

El suceso se convierte en un espectáculo sin igual, pues en ocasiones es posible ver a los cetáceos apenas a unos metros de distancia, y a veces incluso se observa cómo se regodean en el agua, juegan y saltan, y hasta se pueden acariciar. Si las sabias ballenas llegan aquí año tras año, ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros?

 

Aguas propicias

Además de los bellos paisajes de la península, las espléndidas playas, el excelente clima, los campos de golf y la vida nocturna que ofrece Los Cabos (no por nada cerraron 2013 con un millón 700 mil turistas y un incremento de arribos internacionales de 12%), está el avistamiento de ballenas como uno de sus principales atractivos en estas fechas.

Puntualmente los gigantes del mar llegan a estas costas, después de su extenuante travesía. Lo que buscan es la poca profundidad del suelo marino, la salinidad específica de estas aguas, la riqueza de vida que hay en ellas y su agradable clima. Por todo ello Baja California Sur es el refugio ideal para que den a luz a sus crías.

De las 11 distintas especies conocidas de ballenas, cinco son las que arriban a estos mares: la gris, la jorobada, la piloto, la esperma y la azul (aunque en algunas ocasiones también se suman las orcas). La que encabeza la lista en número es la ballena gris.

El viaje que llevan a cabo es el más largo e impresionante de todas las especies migratorias que existen. Se inicia en la Península de Chukchi (o Chukotka, en ruso), y en el archipiélago de las Islas Aleutianas, entre Rusia y Alaska, en el distante Estrecho de Bering. En el verano, entre los meses de agosto y septiembre, las ballenas se preparan para comenzar su recorrido de 22 mil kilómetros, bordeando las costas de Canadá y Estados Unidos, hasta alcanzar su destino en nuestras aguas. Durante el largo trayecto se produce el apareamiento y, las hembras que quedan preñadas, darán a luz hasta el siguiente año, debido a que su periodo de gestación es de 12 a 13 meses.

Es en noviembre cuando arriban a las costas mexicanas, con una puntualidad que admira a los científicos, pues su llegada nunca se retrasa más de cinco días. Las primeras en llegar son las hembras listas para dar a luz. Después vienen las hembras más jóvenes y las hembras receptivas. Los machos generalmente permanecen en las afueras de las lagunas, a manera de protección contra los ataques de orcas que quieren cazar a las crías.

 

Cetáceos bienvenidos

Los cuatro principales santuarios para estos mamíferos son Laguna Ojo de Liebre, San Ignacio, Bahía Magdalena y Guerrero Negro, y cada año se quedan hasta fines de marzo, cuando retornan a las frías aguas del norte.

La población de ballenas que llega cada invierno está protegida por el gobierno de Baja California Sur. Así, durante los cuatro meses que están con nosotros pueden dar a luz, alimentarse y amamantar a sus ballenatos sin ser molestadas. Los avistamientos no las perturban, y los guías están entrenados para respetarlas en todo momento. Por eso es que a veces se acercan a las lanchas para ser tocadas junto con sus crías.

Las opciones para verlas son variadas, pero la más popular es la panga, o lancha rápida. Estas embarcaciones salen del muelle de Cabo San Lucas, y el paseo dura unas dos horas y media, con un costo de alrededor de $1,200 por adulto y $800 por niño.

Quienes no deseen subir a bordo pueden avistar a los cetáceos desde la playa, con potentes binoculares. Lo único que se necesita es encontrar un buen punto de observación y un poco de paciencia. Si vas con niños, obviamente que la convivencia es importante, y los pequeños siempre son muy entusiastas, pero te recomendamos tratar lo más posible de guardar para ti esos momentos, para que la experiencia se convierta en un verdadero peregrinaje hacia la naturaleza.

En ese sentido, también es aconsejable no enfocarse en tomar la mejor fotografía, sino más bien esperar el emocionante momento en que esos hermosos y amigables seres salen a la superficie, a veces con varias ballenas más, salpicando agua y nadando a gran velocidad. Apresar ese momento en la memoria puede ser tanto o más significativo que tener una imagen en una cámara.

 

Además de ballenas

Aparte de los avistamientos, hay infinidad de actividades en Los Cabos, sobre todo las deportivas, como los diversos torneos de pesca, entre los que sobresalen el Torneo Bill Fish, el Torneo de Pesca Fiturca Fonmar Amdetur y el Bisbee’s Black & Blue, uno de los certámenes más importantes del mundo en su tipo.

También está el Medio Maratón Run Cabo, cuya fecha es inminente, pues es el 9 de febrero. Este evento está avalado por la Association of International Marathons and Distance Races y tiende a convertirse en uno de los más relevantes del país. Contará con 1,200 participantes, nacionales y extranjeros. El punto de partida y la meta serán en la Plaza Mijares, a un costado del Palacio Municipal de San José del Cabo, y están incluidas dos cuestas que serán un verdadero reto hasta para los competidores experimentados.