Paraísos semivírgenes

El aeropuerto de Chetumal es la puerta deentrada para conocer majestuosos escenarios como el Cenote Azul, la Laguna de los SieteColores, Mahahual o el Parque Nacional Marino de Xcalak.

Bacalar y Mahahual

Quintan Roo aún cuenta con tesoros poco explorados. A 380 kilómetros de Cancún se encuentran bellezas que pueden superar cualquier escenario, sobre todo por sus paisajes casi vírgenes. Bacalar y Mahahual son dos ejemplos de esta naturaleza alucinante, a la que no ha llegado todavía la masificación.

 

Bacalar

El pirata Diego el Mulato destruyó en 1652 el pequeño pueblo mercante de Bacalar. Gustaba atracarlo para robar a sus mujeres y el valorado palo de tinte, un árbol endémico bien comercializado entonces por su calidad para teñir textiles.

Debido a este y otros ataques filibusteros desde el Caribe, las autoridades virreinales decidieron construir el fuerte de San Felipe (hoy Museo de la Piratería) para proteger a la población y la entrada de la laguna, conocida como Laguna de los Siete Colores.

Declarado Pueblo Mágico en 2007, ha recibido apoyo federal para desarrollar su infraestructura a lo largo de los 42 kilómetros de extensión de la laguna. Una privilegiada zona ecoturística donde se puede avistar aves, bucear, realizar recorridos a caballo o remar en kayak.

La Laguna de Bacalar tiene como particularidad que se puede distinguir a lo largo del año una gama de colores que va desde el azul profundo al verde esmeralda y, "con algo de suerte”, hasta “algún matiz púrpura durante un atardecer”, comenta Jaqueline Baier, copropietaria de un ecohotel de la zona.

Es imposible no enamorarse del lugar, asegura la alemana, quien viajaba junto con su pareja en una camioneta desde Alaska con destino a La Patagonia cuando escogieron Bacalar como descanso en su travesía, que sigue interrumpida siete años después.

“Buscamos la armonía con el medio ambiente y tener un cuidado especial con los recursos que utilizamos”, comenta. Las cabañas son autosustentables, cuentan con energía solar y los materiales de construcción fueron obtenidos en el propio terreno que alberga el hotel.

Otro atractivo de la región es el Cenote Azul, con 90 metros de profundidad y su agua cristalina, que lo convierten en un tesoro para los amantes del buceo, quienes lo valoran tanto como hace siglos lo hacían los mayas.

 

Chetumal

Una guerra de castas entre mayas y blancos devastó los asentamientos de la región a finales del siglo XIX, por lo que el gobierno de Porfirio Díaz estableció límites territoriales con la corona inglesa, que suministraba las armas.

Fijó la frontera con Honduras Británica en el Río Hondo, separó de Yucatán el nuevo territorio federal de Quintana Roo y envió al ejército a combatir a los mayas rebeldes. La ciudad de Payo Obispo, rebautizada como Chetumal por el oficial Othón P. Blanco, fungiría como punto aduanal.

El lugar, escoltado por paisajes selváticos permitiría una movilidad rápida entre los manglares gracias al viento que recorre los ríos bajos, que conectan la laguna hasta el océano. La misma brisa que hoy cruza la bahía de Chetumal y refresca a los habitantes del colonial puerto.

A distancia se pueden observar los grandes cruceros que hacen una escala más entre Cartagena y Bahamas. La alegre ciudad cuenta con su carnaval en febrero y las fiestas del pueblo se celebran el 5 de mayo.

A sólo unos minutos de Chetumal se pueden visitar los sitios arqueológicos de Dzibanché y Kohunlich, donde se encuentra la Pirámide de los Mascarones, cuyo principal atractivo son los enormes mascarones de dos metros de altura que datan del 250 AC.

 

Mahahual

En la historia de Mahahual está escrita la odisea que sufrió Gonzalo Guerrero, un marino español del siglo XV que naufragó en el Caribe. Las corrientes marinas que se concentran en la zona, conocidas por especialistas como el Giro oceánico Columbus, lo llevaron a las blancas playas del territorio maya.

Fue rescatado por indígenas para luego hacerlo prisionero. Sirvió como esclavo por años, pero demostró su valía en combate y fue integrado a la sociedad de los tutul xiúes. Adoptó sus costumbres, su idioma, y tuvo descendencia, probablemente los primeros mestizos.

El mismo Hernán Cortés envió una expedición para "rescatarlo", pero Guerrero, adaptado a la cultura y los bellos escenarios naturales, decidió enfrentarse a sus propios compatriotas. Las playas que lo cautivaron no distan mucho del paisaje que todavía ofrece Mahahual y Xcalak, los pocos resquicios vírgenes que todavía ofrece la Riviera Maya.

La carretera que conecta Chetumal y Cancún desvía al paradisiaco destino que ofrece desde exclusivos hoteles "boutique", donde se puede probar alta cocina mediterránea, hasta cabañas en las que se pernocta en una hamaca hilada por mahahualenses.

El distintivo azul turquesa del Mar Caribe se convierte en una alberca de inmensas proporciones, prácticamente sin oleaje, que rompe en la segunda barrera de arrecife más grande del mundo, donde se puede llegar nadando y realizar una experiencia de esnorquel inolvidable.