CRÓNICA | POR ISABEL IBÁÑEZ DE LA CALLE

Varsovia: del comunismo al consumismo

Polonia

El estilo y la vanguardia marcan el rumbo de la capital polaca, donde tanto la innovación como el respeto por el pasado resultan protagonistas.


Antiguo Casco de Varsovia
Antiguo Casco de Varsovia

Varsovia

Hace 20 años, poco después de la caída del muro de Berlín, los polacos sólo querían comprar artículos producidos en masa por las marcas occidentales reconocidas. A tan sólo dos décadas, la autoafirmación nacional regresa con ímpetu imparable.

Pero en Varsovia aún se respira contraste: el Palacio de Cultura, que data de 1955 (la era estalinista se deja ver en las esculturas de obreros de su entrada) es vecino de una modernísima torre edificada por el arquitecto estadounidense de origen polaco Daniel Libeskind. En muchos barrios de la ciudad bloques de departamentos de la era comunista conviven con modernas construcciones y, por supuesto, palacios completamente restaurados reflejan el esplendor que ostentaba la ciudad antes de la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de una urbe que fue destruida en gran parte y que, en pocas décadas, fue capaz de renacer de sus cenizas para convertirse en una de las metrópolis más vanguardistas de Europa.

Made in Poland

El paisaje callejero está repleto de gente que se sienta en las mesas de las aceras a tomar café, con laptops, tablets o audífonos. Pequeñas tiendas y negocios locales se encuentran en casi cada esquina. Cada vez más, las nuevas generaciones valoran lo hecho en casa, lo que dista mucho de lo que sucedía en los años anteriores a la Revolución de terciopelo, que comenzó justo aquí y que abarcó una buena cantidad de países.

Para comenzar el recorrido de la Varsovia contemporánea conviene acercarse al antiguo distrito obrero que lleva el nombre de Praga. Considerado peligroso hace apenas unos años, sigue la tendencia global patente en numerosas ciudades, que implica la renovación o rescate de barrios tradicionales o industriales (como Brooklyn o el Midpacking District en Nueva York; Puerto Madero en Buenos Aires; Chueca en Madrid o Kreuzberg en Berlín). Hace poco más de dos años, algunos artistas y creativos decidieron tomar en sus manos una antigua fábrica y convertirla en un lugar avantgarde: hoy el Soho Factory (sohofactory.pl/en) ampara tiendas de muebles de diseñadores locales, galerías de arte, boutiques y excelentes restaurantes.

Para quienes deseen huir del circuito comercial, en la misma fábrica se encuentra uno de los puntos más interesantes de la visita: el Muzeum Neonów, o Museo Neón (neonmuzeum.org). Para el viajero que quiera aprender sobre historia significa la mejor experiencia, pues mediante anuncios publicitarios se palpa la transición que vivió este país antes y después del comunismo. Según sus habitantes, neones como los hubo en esta ciudad, no los hay en ninguna otra del mundo.


A la orilla del río

El barrio de Powisle, cerca del río Vístula, no es menos interesante para el viajero que desea descubrir dónde se teje la verdadera vida de la ciudad. Se trata del vecindario que ha albergado la vibrante vida nocturna varsoviana de los últimos años, así como buenos cafés y restaurantes. Es imperdonable no darse una vuelta por BTW: “By the Way” (bytheway.com.pl), que ofrece innovadores platillos con el río como telón de fondo.

Dicen los conocedores que en el café Czuly Barbarzynca (czulybarbarzynca.pl), cuya traducción es “bárbaro sensible”, se reúnen los mejores literatos de la ciudad. La verdad es que si sólo se está de visita unos días será difícil comprobarlo, pero acudir a este café-librería resulta una buena experiencia, lo mismo que el recorrido por las múltiples tiendas, galerías o lugares para comer en la zona.


Clásicos renovados

Si somos de los que no nos sentimos tranquilos sin ver la parte “obligada”, basta pasear por la devotamente renovada parte antigua de la ciudad: empezando por el Parque Real Łazienki. Es el espacio público más grande de Varsovia e incluye señoriales palacios, museos y esculturas de ensueño. Realmente te hace sentir como en un cuento de princesas y amores imposibles, porque irradia una majestuosidad que no se encuentra en otras capitales europeas.

Este recinto forma parte de la conocida Ruta Real, utilizada por los reyes para trasladarse desde el Castillo Real (que también se puede visitar) hasta sus residencias veraniegas. En esta ruta también está la Universidad de Varsovia, que esconde en su biblioteca el secreto mejor guardado de la ciudad. Se trata de su increíble jardín botánico, en el techo del edificio. Ojo, se puede visitar con horario restringido y sólo en días hábiles, cuando está abierta la casa de estudios. Empezar o terminar el viaje aquí será una experiencia inolvidable, porque se trata de la panorámica más resplandeciente de la ciudad: el río Vístula, palacios históricos de la parte antigua, enormes rascacielos del centro y, por supuesto, el renovado barrio Praga.


GUÍA PROBADA

  • Hotel Rialto

En un precioso edificio art noveau, este elegante hotel cubre las expectativas de quienes quieren vivir una experiencia señorial

  • Hotel Marriot Varsovia

Hospedarse aquí es garantía de comodidad, pero también se puede acudir para disfrutar del Panorama Bar, en uno de los pisos más altos del edificio, con vistas espectaculares y ambiente cosmopolita.

  • BTW “By the Way”

Restaurante con deliciosos platillos mediterráneos y completamente de moda.

  • Warszawa Wschodnia

En Soho Factory hay extraordinarias opciones para comer, pero no hay que perderse la comida del chef Mateusz Gessler en el restaurante Warszawa Wschodnia, altísima gastronomía tradicional polaca con toques de cocina francesa.

EL DATO

El Centro de Arte Contemporáneo se sitúa en un antiguo castillo y expone a los artistas más relevantes del momento. También se realizan obras de teatro, conciertos y performances.