La nueva mamá mexicana: En sus 20, pero en unión libre

El 50% de los padres mexicanos viven en unión libre, sin embargo, el rango de edad que más tiene hijos sigue entre los 20 y 24 años. Estas son las nuevas mamás mexicanas “promedio”. 
Hugo, Bere y Luisa
Hugo, Bere y Luisa (Facebook )

Ciudad de México

Las familias mexicanas han cambiado con los años. La estructura tradicional mamá + papá+ hijos dejó de ser la norma, los divorcios van en aumento y no tener descendencia es cada vez más una opción.

Hace poco más de 15 años, de acuerdo a cifras de Inegi, la tasa de hijos por mujer era de 2.9. En 2014 bajó a 2.2. Así mismo, el 50% de los padres no están casados, sino que viven en unión libre.

Aunque hay cosas que no cambian. El grupo por edad que más bebés tuvo en el mismo periodo, son mujeres de entre 20 y 24 años. El año pasado nacieron 126.8 niños por cada mil mujeres dentro del rango de edad, el más alto de todos.

Así, el rostro de madre promedio en México es una mezcla de tradición y vanguardia, como el de Berenice Modesto.

Berenice y Hugo llevan dos años de relación. Uno de vivir juntos y unos meses de ser padres. Cuando ella estaba a unos días de cumplir 24 años llegó la noticia de la llegada de Luisa. Aunque la futura mamá siempre pensó que iba a embarazarse después de los 30, recibió la sorpresa con los brazos abiertos. “En realidad no fue un embarazo planeado.  Pensaba que si en algún punto de mi vida decidía ser madre sería a esa edad (30-35), pero Hugo y yo teníamos una gran historia de amor y un año viviendo juntos. Mi embarazo fue producto de una relación llena de amor y sueños en común, por lo que la noticia fue lo más bello y decidimos continuar con nuestro embarazo a pesar de mi edad”.  

Desde el nacimiento de la pequeña Luisa, Berenice bajó su ritmo de trabajo. Aunque desde chica dividió su tiempo entre estudiar y tener un empleo, la pareja decidió que nadie podría criar a la bebé mejor que ella, por lo que ambas pasan la mayor parte del día juntas en casa. “Creo que en este momento lo más importante es ella, que crezca en casa con mamá y no en una guardería, no creo que haya un trabajo que valga lo suficiente como para perder los años más importantes para su desarrollo”.

Por lo pronto, la pareja hace lo que muchos hicieron en el pasado, cuando en México las mujeres se quedaban en casa a cuidar a los niños y los hombres salían a trabajar para cubrir los gastos de todos. Sin embargo, cuando Hugo llega a casa, releva a Berenice con los cuidados de su hija, así como los fines de semana, en los que ella descansa.

El acuerdo es temporal. Berenice proviene de un hogar feminista en el que “mi papá siempre nos dijo a mí y mis tres hermanas que somos chingonas” asegura.  En el futuro planea explorar su lado emprendedor y su carrera como desarrolladora web. Confiesa que su nuevo rol le ha sido emocionalmente difícil de aceptar. “Sinceramente me ha costado mucho ser una mujer-mamá sin un ingreso, una mujer que no coopera con los gastos ya que nunca fui educada a quedarme en casa. Pero por el momento sé que mi prioridad es mi hija y no cambio el tiempo con ella por nada del mundo. Es difícil aceptar mi situación de dependencia pero he aprendido que mi pareja y yo somos un equipo, y por el momento él se encarga de proveernos mientras yo cuido de nuestra hija.  Amo cada día.”

Lo que distingue a Hugo y Bere de la estructura tradicional de familia en México es apenas un término legal: no están casados.

 A diferencia de las mujeres de otros tiempos que se casaban por quedar embarazadas, Hugo y Bere unieron sus vidas por amor, no por la llegada de su hija. Hace un par de meses firmaron su constancia de concubinato, lo que legalmente les da derechos y obligaciones, pero a diferencia del matrimonio no se disuelve con un divorcio. “Soy una de esas almas hippies que cree que las personas están juntas por amor y no por papeles. Pero desde que nació mi hija mi forma de ver las cosas ha cambiado. Tengo un deseo infinito de casarme porque todo es maravilloso y me encantaría hacer oficial nuestra unión, pero sé que pasará y no vale la pena apresurarlo”.

Por lo pronto la pareja disfruta cada etapa como va llegando. A Berenice le preocupa no ser una madre comprensiva y tranquila para que su hija confíe en ella, pero cree que hasta el momento lo está haciendo bien. Por lo pronto, verla feliz es lo máximo y más importante.

Al final, Bere entiende su rol de mamá como un trabajo al que no puede renunciar. “Aprendes a ser una mujer fuerte y llena de amor, no solo para ti, sino para tus hijos, para tu pareja y para la familia, eres la pieza que hace que todo funcione. Te conviertes de alguna manera en una wonder woman”.

Y eso es algo en lo que las adolescentes, las mayores de 35 y las abuelas de otros tiempos, pueden estar de acuerdo.