Viaje a las entrañas de España

La Madre Patria busca explotar el potencial turístico de sus legendarias cuevas. 

España

Salas subterráneas con miles de kilómetros para recorrer; increíbles lagos de aguas transparentes y cristalinas; largos ríos subterráneos; millones de estalactitas pendiendo del techo o inmensas columnas de calcita de muchos metros de altura son algunas de las maravillas que las simas, auténticos tesoros arqueológicos, ofrecen al visitante.

Dentro de este turismo de cuevas tienen cabida los más aventureros, con la práctica del espeleoturismo, pero también los más prudentes, quienes pueden visitar las salas y galerías de muchas de estas cavidades de una forma totalmente segura y cómoda.

Abierta al público en 1914, la Gruta de las Maravillas, en Aracena, es una de las pioneras del turismo subterráneo en España y cuenta con tres niveles de galerías superpuestos en los que se pueden comprobar los caprichos que la naturaleza ha realizado con la ayuda del agua, la roca y el tiempo.

Según la Asociación de Cuevas Turísticas de España (ACTE), alrededor de 5 millones de personas visitan cada año las cuevas en este país, de las que un 25% son extranjeros y el resto españoles. En algunos casos, como en las de Nerja (Málaga, sur de España), los visitantes superan el medio millón de personas, mientras que en otros, como El Soplao o el Museo de Altamira (Cantabria, norte de España), suponen más de 200 mil personas.

Con el fin de aunar los esfuerzos de las cuevas turísticas y de promocionar el turismo subterráneo nace, en 1997, la Asociación de Cuevas Turísticas Españolas, que reúne actualmente 34 simas explotadas turísticamente repartidas por todo el país, algunas de ellas declaradas Monumentos Naturales mientras que otras muchas han sido ya declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Coincidiendo con el auge del turismo de cuevas, el próximo mes de octubre se realizará eI Congreso Iberoamericano de Cuevas Turísticas Cuevatur en Andalucía.

No obstante, en el decálogo de las "perlas" subterráneas de España hay que citar, sin género de dudas, las cuevas del Drach (Mallorca), que atraen cada año a miles de visitantes; los Jameos del Agua (Lanzarote), mitad natural, mitad arte; las Grutas de San José, en la localidad castellonense de Vall de Uxó, cuyo principal atractivo es su recorrido en barca; o las Cuevas de Altamira (Cantabria), recién abiertas al público, con muchas restricciones, tras permanecer doce años reservadas a los investigadores.

En esta lista no pueden faltar las cuevas de Yesos de Sorbas (Almería), que se visita con un casco con linterna, ante la falta de luz artificial; las Cuevas del Salnitre, en Collbató (Barcelona), cuyas formaciones geológicas sirvieron de inspiración a Gaudí; la mina abandonada de La Jayona, en Fuente del Arco (Extremadura) o la Cueva del Castillo, en Puente Viesgo (Cantabria), con más de 275 figuras rupestres.

Cueva Palomera, en la provincia de Burgos, con cien kilómetros de profundidad, es la cavidad subterránea visitable más grande de España, mientras que las Cuevas de Campanet, en la sierra mallorquina de la Tramontana, destacan por la riqueza de sus formaciones calcáreas.

Prácticamente todas las comunidades autónomas ofrecen alguna cueva espectacular para visitar, como la cueva de El Soplao, en la comarca cántabra de Saja, considerada una de las grandes maravillas de la geología, al atesorar en su interior un paraíso geológico de estalagmitas, estalactitas, columnas gigantes, dientes de perro o perlas de las cavernas.

Otro buen ejemplo lo constituye la Cueva de Pozalagua, situada a 52 kilómetros de Bilbao, dentro del Parque Natural de Armañon, abierta al público en 1991 y cuyo recorrido se realiza entre formaciones de columnas y coladas tras las cuales se atraviesa un lago desecado por acción de las voladuras de la cantera para llegar a la sala Versalles, dónde pueden contemplarse la mayor proliferación de excéntricas de la gruta.

Para los amantes de la espeleología que deseen ir más allá de la visita turística hay cuevas como las de Arrikrutz (Guipúzcoa, norte de España), Valporquero (Castilla y León) o Nerja que ofrecen distintas posibilidades a los más aventureros, aunque, eso sí, siempre  acompañados de guías conocedores de la zona y equipados con un casco con luz, mono y botas para adentrarse en las profundidades de la tierra.