Tulum sin contratiempos

Todas las comodidades de un gran resort se pueden disfrutar en las virginales playas que rodean a la zona arqueológica.

Tulum

Dejo las cortinas de la habitación abiertas para despertarme con la luz natural. A las 6 de la mañana sale el sol y el calor empieza a llenar la habitación. Me levanto de la cama en dirección al este y vuelvo  recostarme otra vez pero esta vez en la hamaca que cuelga desde la terraza con vista a un jardín interior. Estoy en el hotel Dreams Tulum, un complejo con todo incluido de 431 habitaciones pero muy acogedor porque está dividido en secciones que recrean patios y corredores de una hacienda yucateca. Mi hospedaje está en la sección de la Hacienda Jalisco, la cual fue recientemente remodelada para incluir una piscina privada en la terraza de las habitaciones inferiores.

Me apetece permanecer en la hamaca otro rato más para leer y admirar las aves de azul cobalto que se acercan al balcón. En lugar de acudir al desayuno bufete, pido servicio a la habitación, pues la cadena también incluye este servicio en su tarifa. Pido unos huevos revueltos con chorizo, un café y un jugo de zanahoria que tarda unos 30 minutos en llegar.

Son cerca de las 9 de la mañana y es momento de dirigirme a la sesión reservada de spa. Me pierdo en los senderos de este hotel que está en espera de recibir certificación por sus prácticas ambientales y cuyos jardines están saturados de árboles de mango, palmeras y otras plantas tropicales.

Me recibe Karen, mi masajista, pero me conduce a una atípica sala de masaje. Sus paredes son solo vidrios y la espesura de la selva que rodea esta cabaña resguarda mi privacidad. A diferencia del húmedo y cálido exterior, la sala está fresca y así me entrego a una sesión de 50 minutos de relajación total.

La voz suave de Karen me despierta y salgo al área de jacuzzi para seguir en el letargo. Me rehidrato con agua de clorofila y después me sumerjo en el jacuzzi.

El tiempo ha pasado sin que yo me dé cuenta y es casi mediodía. Es hora de recostarme en la playa de Tulum para perderme en el turquesa del Caribe. Mi amiga Marycarmen ya me espera con las toallas y con la plática se hace amena la espera de unas micheladas. Por desgracia, los meseros no pueden llevarnos un ceviche y en lugar de ello, pedimos guacamole con nachos antes de almorzar en el Seaside Grill, como su nombre lo indica, mantiene vistas al Caribe. Por la noche, escogeremos alguno de los seis restaurantes gourmet para los cuales no se requiere reservación. Esta noche elegimos el bar de sushi y al salir de cenar, nos apetece bailar con el grupo musical que toca varias noches junto al bar.

Mañana tal vez vayamos a las ruinas de Tulum, pues nunca me canso de ver el contraste de la arquitectura maya con el mar o tal vez manejemos una distancia más larga para llegar al pueblo de Valladolid.

Un hotel para todos

El hotel Dreams Tulum tiene algo para todos los gustos: los niños pueden disfrutar sin costo extra las actividades del club Kid’s Explorer, donde organizan concursos de castillos de arena, películas en la playa y expediciones para conocer la fauna del lugar. También ofrecen clases de tenis y de buceo, e incluso hay un centro de convenciones.