El amor en tiempos de los smartphones

Tinder es una aplicación que llegó a cambiar la vida amorosa de muchos de sus usuarios, y nos dimos a la tarea de conocer algunas de estas historias. 

Ciudad de México

Desde que los smartphones llegaron, la vida amorosa de sus usuarios es más sencilla. Y es que desde hace unos meses ya no es necesario salir de casa, ir a sitios de moda o pasar horas frente al espejo para logra el look ideal para conquistar. Ahora sólo necesitas Tinder, una aplicación para tu celular.

Tinder, que ya cuenta con más de 15 billones de perfiles en el mundo, se ha vuelto un aliado para aquellos que están buscando a su media naranja o para los que sólo quieren encuentros ocasionales y sin compromiso.

El primer paso es bajarlo de manera gratuita y darte de alta a través de Facebook. En la aplicación debes definir tus preferencias en la sección de “Ajustes”: si te interesa conocer hombres o mujeres, rango de edad y a cuántos kilómetros a la redonda se encuentren.

Una vez capturada esta información, Tinder te presentará perfiles de acuerdo a tus preferencias, se te mostrará el nombre y edad del prospecto, cuántos amigos y “likes” tienen en común en Facebook,  además de hasta seis fotos.

Lo único que tú tienes que hacer es definir si te gustan o no (dando clic sobre el “corazón” o “tache”) los prospectos que te aparecen. Si a ti “no te gusta” alguien a quien sí le gustaste, no recibirás ningún mensaje de su parte, y esa persona no te volverá a aparecer como opción.

Por el contrario, en caso de que te guste una persona y el interés sea recíproco, la aplicación en automático les abrirá un chat anunciando que han creado un “match”, así podrán empezar una conversación si así lo desean.

En Milenio nos dimos a la tarea de conocer algunas de las historias que hay detrás del “match”. 


Hay tipos que piensan que por pagar tu entrada a un lugar al que él te invitó, es un ‘sí’ a lo que quiera: Angélica

Angélica es editora web y conoció Tinder por su roomie. Hasta el momento, la joven de 30 años ha salido con cuatro chicos, pero no ha iniciado ninguna relación seria. “No recuerdo en qué momento comencé a intercambiar mensajes con el primero”, dice.  Eso fue durante una semana, hasta que él propuso que se conocieran. “Desde el inicio reconocimos que nos gustábamos para tener sexo, me pidió que lo agregara a Facebook, por supuesto que no lo hice. Finalmente nos conocimos, llegamos al mismo tiempo al lugar y muy cool el tipo: 39 años, guapito, olía rico. Tomamos un trago, platicamos y fue directo ‘te invito otro, pero en mi casa’”. Ella accedió, fueron un rato y no lo volvió a ver ni a saber nada de él.  

Angélica está consiente que Tinder no le ha funcionado para nada formal, pero  ha disfrutado desde tomar vino, escuchar música rara, hasta ver la cara del tipo al que le dices "no" y que piensa que por pagar tu entrada a un lugar al que él te invitó, es un ‘sí’ a lo que quiera.


Me desconcertaba que siempre convertía todos los temas de conversación en sexo: Eduardo

La primera vez que Eduardo utilizó la app le aparecieron muchas mujeres guapas. “Una tras otra, pintaba bien”. Habló con varias, pero lo que normalmente pasaba, continúa, es que las conversaciones, siempre un poco forzadas, languidecían y se dejaban de hablar. Se citó con una de esas “amiguitas” nuevas, que resultó ser más guapa que en sus fotos, en un bar de la Condesa. El matemático de 27 años pensaba que se sobreentendía que era un asunto casual, pero a los pocos días la historia tenía otro aire y comenzó a mandarle mensajes todo el tiempo hasta que él dejo de contestar y ella se cansó de insistir.

Pasaron muchos antes de que volviera a usar la aplicación. Salió con otra, pero resultó un desastre.” Ella no se parecía en lo más mínimo a sus fotos, que eran impresionantes, y además no me caía bien”. La tercera y última chica de Tinder fue más interesante. “Para variar empezó con guarradas desde el principio. Me contó que su estilo de vida dependía en buena medida de Tinder desde hacía meses. Decía que era una gran aplicación para no perder el tiempo. Su franqueza era refrescante, aunque me desconcertaba que siempre convertía todos los temas de conversación en sexo, lo cual me parecía un exceso”.


Lo padre de Tinder es que no te basas sólo en lo físico: Odiseo

Odiseo es de San Luis Potosí y lleva medio año en el Distrito Federal. Tinder llegó a su smartphone debido a una pelea que tuvo con su pareja. “Nos mandamos a la chingada, y en los días posteriores me puse a buscar en internet si había alguna red social o aplicación para conocer mujeres. La verdad es que se vuelve adictivo porque puedes ver chavas bien buenas”.

Odiseo, que es productor audiovisual, lleva seis meses con la aplicación.“Lo padre de Tinder es que no te basas sólo en lo físico. Te conecta con Facebook, revisa tus gustos y con base a eso te busca una chica afín a ti. La verdad es que la aplicación puede usarse más allá del sexo, que sí se presta para ello, pero yo la verdad la descargué para encontrar pareja”, comenta. Actualmente sale con una chica de República Checa, quien reside en la ciudad  “Es socióloga y muy buena onda.  Desde que la conocí ya casi no abro Tinder, la uso una vez a la semana”.


Había muchos conocidos, que abiertamente no eran homosexuales, pero que allí ponían que buscaban conocer hombres: Edson

Edson tiene 29 años, trabaja en un puesto administrativo y acepta que la curiosidad fue lo que más lo movió a usar Tinder. “La empecé a utilizar por ocio. Al abrirla me di cuenta que había mucha gente conocida, que abiertamente no era homosexual, pero que allí ponían que buscaban conocer hombres”. Existen aplicaciones similares al Tinder especiales para homosexuales, como Guy Spy, Manhunt y Grindr, pero Edson prefiere esta app.

Ha salido con tres personas pero ninguna cita ha trascendido. “Conozco varios casos donde han encontrado al amor de su vida.  Yo tuve una relación de 3 años con una persona que conocí por internet. Nos vimos a los dos días de conocernos en línea y al tercero ya éramos novios”.


La besó, ella le correspondió y fueron a un hotel

Alberto también es periodista y tiene 27 años. Asegura que todo en Tinder es muy sencillo: sólo tuve que intentar decir algo interesante, lanzar algunos cumplidos, contar algo de mi rutina como si la plática hubiera comenzado ya hace un tiempo.

El Mog de la colonia Roma es el lugar para llevar a sus citas, asegura que nunca falla. A la última le encantó el lugar y la comida.  Se burlaron un poco de la pareja de enfrente, era bastante notorio que también había salido de Tinder. “Una gringa y un mexicano, la gringa ni hablaba español ni el mexicano inglés. Nosotros por suerte, sí hablábamos español”. Luego salieron, caminaron un poco, la besó, ella le correspondió y fueron a un hotel. “Así de sencillo fue en aquella única ocasión en que me ha ido bien con Tinder”, dice.


Me convenció de alcanzarlo en Oaxaca para la boda de su hermano: Jacqueline

Jacqueline tiene 27 años, es psicóloga e instructora de pole dance, entró a la app porque un amigo que usaba grindr (una app gay similar) se la  instaló el día de su cumpleaños. Esa misma noche hizo “match” con un regio guapísimo y sus amigos le empezaron a escribir como si fuera ella. Acordaron que él iba a llegar a donde estaban festejando pero sólo para darle un beso, y así fue: llegó en su moto, lo vi y me encantó, me acerqué a saludarlo y lo primero que hizo fue plantarme un besote en frente de mis amigos y mi hermano. Dice que se volvieron a ver pero no trascendió.  

Pero las historias de Jacqueline no pararon ahí. Hizo “match” con otro chico que la convenció de alcanzarlo en Oaxaca para la boda de su hermano y ser su pareja en la fiesta.  “Ahí me tienes a las 4 de la mañana en el aeropuerto. Lo conocí desayunando con sus papás y dijimos que era la prima de un amigo suyo, que estaba ahí también”. No se dio una relación, pero disfrutó mucho de la boda. Así ha conocido a unos 15 chicos, y actualmente sale con uno que también conoció a través de la app.

Aunque sus malas experiencias se limitan a que en la foto “se ve guapísimo y en persona está horrible o que sus fotos tienen años y ahora está gordo o que si es pero mide 1.50”, no deja de tomar precauciones, como siempre avisar a sus amigos sobre sus citas.


Me puse bien nerviosa porque se me juntó el mandado:  Sofía

A Sofía no le había llamado la atención la app, hasta que una de sus mejores amigas le contó su experiencia y le mandó fotos de sus "matches”. Un día se encontró con  F y después del primer contacto en el chat, la plática fluyó durante un par de semanas. Se conocieron y se dieron cuenta de que coincidían en muchas cosas, como el mes de su cumpleaños, la carrera que estudian, gustos musicales, entre otras cosas. “Las horas se pasaron volando, de pronto de las 8 de la noche pasamos a las 2 de la mañana y la cita terminó en su casa”.

Salieron un par de veces más, pero en la última reunión descubrió que F es amigo de D (otra de sus citas por Tinder) desde la primaria. “Me puse bien nerviosa porque se me juntó el mandado”. Después de eso ya no ha tenido citas con F, que es el que realmente le interesa.


Después de conocerse, siguen juntos y borraron la app

Mariana de 29 años y Diego de 31 se conocieron en Tinder, ambos empezaron a usar la app por recomendación de conocidos. “Yo me sentaba con un amigo a reírnos de las historias y las fotos que la gente ponía”, confiesa ella. Por su parte Diego dice que “la idea de pasar imágenes y de que solo acabes hablando con chicas a las cuales tú también les has gustado, en general, es bastante buena”. Les resultaba una forma más de romper el hielo, tener una excusa para conseguir una cita y verse en persona.

Después de varios días de mensajes, se citaron para un café y la pasaron muy bien durante horas. Luego él se fue de viaje y siguió el contacto. A su regreso, se volvieron a ver, aún salen después de cuatro meses y ambos borraron Tinder de sus celulares.