ENTREVISTA | POR MARYSOL GARCÍA CAMARGO

Lydia Lavín Moda y artesanía

El trabajo de Lydia Lavín ha logrado integrar dos esferas que parecieran incompatibles: tradición y modernidad a través del diseño de prendas contemporáneas con bordados de artesanos de Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Puebla

Textiles y bordados contra la discriminación

México

Háblenos de su propuesta de moda.

La definiría como moda mexicana contemporánea. Somos de los precursores, junto con Pineda Covalín, que apostaron por la moda mexicana de manera reciente. Trabajamos directamente con las comunidades y asumimos un compromiso. Nos comprometemos a trabajar con los productores artesanales y los vemos como socios. Y así ellos tienen una salida comercial a sus bordados y la posibilidad de vender más de lo que están vendiendo con sus prendas, sin abandonar sus tradiciones.

¿Fue sencillo entablar esta comunicación directa con los artesanos?

Al principio la gente pensaba que estaba loca, porque meterse a las comunidades no es fácil. A veces el desconocer sus usos y costumbres te lleva a invadir su privacidad y es un riesgo; también nos enfrentamos con la falta de confianza pues otra gente les generó falsas expectativas. Las comunidades se enfrentan al regateo para la compra del producto y es una realidad en lo textil y en las artesanías. Así el artesano se vuelve desconfiado y empieza a producir cosas muy económicas, porque es para lo único que le alcanza, pero en realidad no gana, sobrevive y a veces abandona su producción.

¿Es difícil colocarse en un mercado que muchas veces discrimina a los indígenas?

Sí, en definitiva. Nos encontramos con comentarios como "¿va a venir bien limpia la prenda?, porque qué tal si me encuentro una chinche", y también hay una resistencia al decir "se ve muy mexicano, no sé si me lo pondría". Lo que nos ayuda es mostrar nuestro trabajo en otras partes del mundo y curiosamente vemos que si se pone de moda en otros países, por reflejo se acepta en México. Es curioso que algunos de nuestros producto estén destinados para las personas de mayores recursos, pero con ello puenteamos a muchos de nuestros artesanos que viven en pobreza extrema.

¿Y su entrada al circuito de las tiendas de moda?

Nuestra línea busca las boutiques y la venta exclusiva, no la venta masiva, porque la gente puede encontrar en nuestras prendas la unicidad y pues aunque mandes hacer 60 bordados iguales siempre va a haber uno más apretado que otro porque cada artesano le imprime su propia mano de obra. Esto impide que puedas entrar en los grandes almacenes donde la consigna es que todas las prendas sean idénticas. Estamos vendiendo en 11 boutiques en el interior de la República para el turismo y la población que se inclina por lo tradicional.

¿Este boom de lo mexicano perdurará o será una moda pasajera?

Hay una tendencia internacional hacia lo local; ahorita estamos pasando de lo étnico global a lo étnico local. Hay una revaloración de lo tradicional después de la globalización tan fuerte que vivimos. En esta vuelta a los orígenes hay un afán de apreciar lo hecho a mano y lo artesanal.

¿Cómo puede un diseñador afectar los usos y costumbres de una comunidad?

Si no lo haces con seriedad puedes afectar sus tradiciones, no se vale que llegues y digas "estoy dando una técnica de batik en tal comunidad para ayudar a aprender más". Eso es una equivocación porque ellos van a dejar de hacer sus tradiciones para incluir técnicas copiadas muchas veces de libros de bordados.

Háblenos de su última colección que se presentó en el Fashion Week México.

Nuestra colección se llama Hijas de la Lluvia y tiene que ver con cuatro comunidades, dos en Puebla y dos en Guerrero, y lo que se nos hizo interesante fue la empatía que había entre ellas y la gran diferencia. Todas hablan náhuatl y crecen en zonas donde hay muchísima lluvia, que puede ser una bendición, pero también una catástrofe. Tienen en común el color, pero cada una tiene su manera de ser y pensar.

¿Qué inconveniencia tuvieron al trabajar con comunidades donde hay violencia del narcotráfico?

La colección sí presentaba las inconveniencias de poder trabajar, por ejemplo, en Guerrero, dado que hay tanta violencia en esa zona; habíamos desistido de participar en el proyecto y encontramos que lo podíamos hacer aquí en la cuidad. Trajimos a las artesanas para que trabajaran desde aquí.