Talleres Gráficos de México en favor de la ecología

La impresora del gobierno federal ha empezado a utilizar papel obtenido del carbonato de calcio, cuya elaboración evita la tala, el desperdicio de agua y el alto consumo de electricidad comunes en ...
Luis David Fernández, director general de TGM.
Luis David Fernández, director general de TGM. (Octavio Hoyos)

Ciudad de México

Si la historia cita a los sumerios es porque utilizaron tabletas de arcilla para realizar lo que se denominó como escritura cuneiforme. En piedras plasmaron aquello que es considerado el inicio del lenguaje escrito. Ahora, las piedras podrían ser de nuevo protagonistas de una revolución en la escritura.

Ante el deterioro ambiental, hay quienes proponen sacar papel hasta debajo de las piedras. Literal. Se trata del papel hecho de piedra, que, contrario al que tradicionalmente utilizamos, el de celulosa, no necesita que se talen árboles para su fabricación. Basta con hacer polvo el carbonato cálcico, mineral presente en el mármol, el yeso y la piedra caliza de algunas canteras. También es componente natural de la cáscara de huevo y las conchas marinas.

Pero este nuevo material no solo evita la tala, también ahorra agua, utiliza menos electricidad para su fabricación y si es incinerado produce 50 por ciento menos de bióxido de carbono. Todo un invento ecológico.

De 2000 a 2012 la Tierra perdió 2.3 millones de km2 de bosques, casi el territorio de Mongolia


“No utiliza agua porque ya no requiere de las fibras vegetales de la celulosa, que eran remojadas para formar las placas o pliegos del papel tradicional”, explica Luis David Fernández, director general de Talleres Gráficos de México, el organismo que se encarga de toda la comunicación social impresa del gobierno federal y que ya está implementando esta alternativa en sus productos.

“Además es impermeable, significa que dura más porque aguanta una lluvia, si se le derrama un líquido no se deshace y tampoco se requieren blanqueadores para su elaboración”, agrega.

Esa propiedad de impermeabilidad ha permitido que se utilice en los carteles que elaboran para Protección Civil con los programas de “Qué hacer en caso de…”. Y es que los carteles de papel “normal” tenían que ser sustituidos a los pocos días de ser colocados porque la lluvia y el calor los deshacían.

Para muestra de las tantas bondades del también llamado papel mineral, Fernández presume la edición del Primer Informe de Infraestructura hecha para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Un libro de piedra. ¿Duro? Para nada. Al primer contacto se puede decir que las páginas son similares a las hechas con madera de los árboles: suaves.

“Con este libro del que se tiraron 366 ejemplares, ahorramos 26.2 árboles, 86 mil 587 litros de agua, y se redujeron 28 millones de BTU de energía”, asegura el director de los Talleres.

El alma o conciencia verde de muchas personas podría estar  en paz con este invento si se considera que tan solo para una tonelada de papel de celulosa se necesitan 75 mil litros de agua y se talan en promedio 20 árboles, los cuales deben tener alrededor de 20 años para fabricar buen material.

Si a eso se le suma que según cifras del INEGI México se encuentra entre los cinco primeros países con mayor deforestación en el mundo, con un total de 155 mil hectáreas por año (casi lo que tiene de extensión el Distrito Federal), sacar papel de las piedras no suena tan disparatado.

¿Y qué pasa cuando deja de ser útil? Difícilmente pasará a ser desecho ya que es fotodegradable, por lo que después de seis o siete años el contacto con el sol se encarga de hacerlo añicos.

LA RUTA DEL PAPEL DE PIEDRA

Al contrario de la historia del papel de celulosa, éste no es un cuento chino. El primer proceso de fabricación del papel piedra se dio en Taiwán, dónde comenzó a producirse por primera vez en los años noventa. Pasaron 10 años para que la empresa Lung Meng Tech Co., que patentó el invento, conquistara terreno primero en Europa, en países como España y Londres, y luego en Estados Unidos. El auge en México comenzó apenas hace cuatro años, cuando algunas empresas comenzaron a importar el material para ser los intermediarios entre el gigante taiwanés y algunas imprentas o compañías editoriales en el país.

Sin embargo, Talleres Gráficos de México se convirtió desde hace cuatro meses en la primera institución pública en utilizar el papel piedra. David Fernández señala que la idea es que antes de que termine el actual sexenio, por lo menos 50 por ciento de los productos que se imprimen en TGM (folletos, carteles, libros, etcétera) utilicen esta materia prima.

“Esta acción la iniciamos rápido desde hace dos o tres meses. Lo estamos promoviendo pero hay un poquito de dudas porque sí es más caro”, admite, “un promedio de 15 o 20 por ciento, pero yo no lo compararía con el costo de lo que nuestro planeta requiere”.

He ahí el gran pero. La industria papelera en Europa recibió con reservas este tipo de papel porque implicaba un aumento en los costos de producción de hasta 40 por ciento. El encarecimiento se debe en gran medida a que solo existen en el mundo dos plantas dedicadas a su fabricación, una en Taiwán, y la otra, en Beijín. Y como una sola empresa tiene la patente, el papel debe ser importado.

En Talleres Gráficos de México aseveran que debido al gramaje (la densidad del papel) que utilizan, el aumento no rebasa ese 30 por ciento al que temen las empresas europeas.

“Cuando el costo de producción se eleva cuatro veces es de otro tipo de productos, pero en los productos de comunicación impresa del gobierno federal solo necesitamos gramajes sencillos, amigables”, detalla.

“Este libro (el de la SCT) costó 25 por ciento más de lo que nos hubiese costado en papel celulosa, pero si lo traduces en ahorro de energía, agua y que no estamos impactando el ambiente, sale más económico a largo plazo”.

Sin embargo, él sabe que cuando de costos se trata, sobre todo si son del erario público, un aumento no es la opción. No bajo la rendición de cuentas y escrutinio público.

“Nosotros estamos conscientes de eso, por ello, si es que sale más caro imprimir en papel de piedra lo que haremos, en vez de tirar dos mil carteles, tiremos mil 500 pero con la conciencia de que estamos haciéndolo por el medio ambiente”, reitera el encargo de la imprenta oficial del gobierno federal.

Aunque el proyecto de sustitución de celulosa por piedra sea atractivo, David Fernández señala que será imposible dejar de utilizar el primero. Y es que el de mineral, hasta la fecha, es solo compatible con tres técnicas de impresión, que si bien son las más comunes —el off-set, la serigrafía, y la flexografía—, hay material que no puede ser elaborado con este papel.

Se planea que para 2015 la mitad de los productos que realiza el que es desde 1983 el impresor oficial del gobierno se haga con el derivado de piedra. En la mira está por ejemplo, el Diario Oficial de la Federación, que actualmente se produce con papel reciclado.

El primer gran encargo que ya han hecho a StonePaper, la empresa intermediaria de quien tiene la patente en Taiwán, es de 100 toneladas. El siguiente paso, dice David Fernández, es importar 50 toneladas cada mes, hacia allá vamos.

LIGAS MAYORES

Posiblemente la próxima vez que vaya a una casilla electoral emita su voto, como escribían los antiguos sumerios, en piedra. Dentro del radar de Talleres Gráficos de México figuran las 79 millones de boletas electorales que elaboran para los comicios federales y locales.

Este documento requiere de candados de alta seguridad, los cuales deben ser aprobados por el recién conformado Instituto Nacional Electoral, pero David Fernández se muestra optimista de que se le dará luz verde a esta alternativa.

“Por ahora no podríamos comprometernos para sacarlo en las elecciones de 2015, pero en una de esas ya pudiese haber otros procesos en 2016, para esa fecha ya podríamos estar preparados para sacar las boletas con este tipo de papel”, adelanta. “En un par de meses estaremos presentando al INE algunos de los doomies con papel mineral… no creo que haya alguna restricción porque cuenta con las medidas de seguridad que siempre se requieren”.

Aunque en días recientes hubo un reclamo por parte de este organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación porque el INE decidió otorgar la licitación a la empresa alemana Giesecke y Devrient de México, SA de CV, para la producción de 68 millones de credenciales de elector, Fernández se muestra confiado que al menos las boletas se seguirán imprimiendo en los Talleres.

“No habrá algún motivo para que nosotros no continuemos haciendo las boletas porque considero que TGM ha sido el impresor oficial desde 1983. En el caso de las credenciales, lo que sucedió fue que nosotros hicimos nuestra propuesta y sin embargo, por una decisión de autonomía, el INE consideró que esta empresa hiciera las micas.

“En cuestiones de seguridad, la empresa (Giesecke y Devrient de México, SA de CV) tiene las suyas, igual nosotras tenemos las nuestras, y considero que aquí fue una cuestión administrativa, que tal vez encontraron una propuesta más barata”, admite el director de TGM.

El contrato para elaborar las credenciales, que fue otorgado a la firma germana con un costo de 45 millones de dólares, confrontó a Fernández con consejeros del INE. Su titular descartó públicamente amaño alguno, señaló, como lo haría días después Fernández, que la propuesta de TGM era 35 por ciento más cara que el costo actual.

El titular de Talleres se muestra confiado en que en los próximos años, los votos de los mexicanos serán registrados en papel piedra. Prefiere dejar atrás el reciente jaloneo. Al final, ya desde ahora, hasta lo que se escriba en piedra será etéreo.

Un mapa elaborado por la Universidad de Maryland con ayuda de Google Earth muestra que de 2000 a 2012 la Tierra perdió 2.3 millones de km2 de bosques, casi el territorio de Mongolia. La principal causa del deterioro de masa forestal es la tala de árboles.

Con la edición de 366 ejemplares del Primer Informe de Gobierno hecha para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en papel de piedra, se dejaron de talar 26.2 árboles, se ahorraron 86 mil 587 litros de agua, y se redujeron 28 millones de BTU (British Thermal Unit) de energía.