Al rescate de los vestigios mayas

Un equipo multidisciplinario de arqueólogos, oceanógrafos y geólogos estudiará los recintos mayas para sugerir programas de conservación y turismo alternativo en la Península de Yucatán.
El arqueólogo Guillermo de Anda.
El arqueólogo Guillermo de Anda.

El proyecto se enfocará en ocho zonas estratégicas: Bacalar en el sur de Quintana Roo, la zona maya (Carrillo Puerto, Dzulá, Chumpón), Tulum, Tinum (donde se encuentra Chichen Itzá) y Laguna Chabela.

El estudio contempla una duración de cinco años. En la primera fase, que culminará en enero de 2017, se invertirán 220,000 dólares, sin embargo, el objetivo es incrementar el monto hasta 850,000 dólares. Los fondos provienen del Banco de Desarrollo para América Latina, antes Comisión Andina de Fomento.

“Por primera vez juntamos un equipo multidisciplinario de cuatro arqueólogos, una oceanógrafa y geólogos, con todos avocados en una sola dirección: entender qué está pasando con el acuífero, que es muy vulnerable y se está contaminando”, reveló el arqueólogo Guillermo de Anda, cabeza del proyecto, durante el Foro Nacional de Turismo y Cultura 2016.

De Anda señaló que la investigación permitirá proponer políticas públicas para la conservación de los sitios arqueológicos en la Península.

Como parte de estas propuestas, se determinará el número de visitantes que puede recibir cada uno de los cenotes de la región. También se darán datos precisos sobre su deterioro, pero el arqueólogo prefirió reservar estas cifras hasta que concluya la primera etapa.

En cuanto a la perspectiva turística del estudio, comentó: “queremos proponer formas de hacer turismo alternativo, que la gente pueda venir y disfrutar de los cenotes y las cuevas, pero no destruirlos para que tengan la oportunidad de recuperarse”.

La tecnología de punta empleada con fines arqueológicos no es intrusiva con los vestigios mayas: consiste en tomar una serie de fotografías que después se llevan a un software, el cual las convierte en modelos en tercera dimensión. Para ello se utilizaron tecnologías como las de los videojuegos.

La iniciativa cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Aspen Institute México, la Universidad Tecnológica de la Riviera Maya, la UNAM y National Geographic.