Celebra la Revolución Mexicana

Pasa un fin de semana histórico,mágico,teatral en el hotel revolucionario Misión la Muralla, en Querétaro, y festeja como se debe nuestra Revolución.

Nada más llegar, le leen a uno la cartilla en el primer retén: Nada de nombres raros, modernos o extranjeros. Con el calendario Galván en la mano, las Adelitas “renomenclaturan “ a todos los aspirantes a unirse a la tropa revolucionaria acuartelada en La Muralla.

Antes de entrar, hay que demostrar que se tiene el valor, o al menos buenos pulmones para gritar a voz en cuello “¡Qué viva la Revolución!”.

Se trata del Hotel Misión la Muralla, ubicado en la hacienda principal del poblado del mismo nombre –municipio de Amealco-, a 45 minutos de Querétaro y a dos horas de la Ciudad de México, justo en la puerta de entrada al Bajío mexicano.

Es una hacienda porfiriana bien plantada justo en medio de la nada:  todo lo que hay alrededor son llanuras, bosque y el pequeño poblado de menos de 500 habitantes, que han encontrado en este hotel una buena fuente de empleo.

Bipolar como su esencia de negocio lo exige, este hotel es completamente familiar los fines de semana y “business class” entre semana, cuando recibe una buena cantidad de grupos, para convenciones, seminarios y otras actividades corporativas o sectoriales.

Lo cierto es que así, rodeado de nada más que hermosas vistas, La Misión la Muralla ofrece un concepto turístico innovador, con el tema de a Revolución como base y con mucha aventura, historia, teatro y actividades al aire libre que mantienen ocupados y divertidos a todos sus huéspedes.

La gran fogata sabatina con las estrellas de testigo, café y esquites calientitos, así como buena comida casera y un servicio amable son la base del éxito de este hotel, que además mantiene a todos en entrenamiento militar constante al mando de La Tropa, un grupo de teatro que escenifica 24 horas al día su propia versión de la Revolución.

Pero aguas, si el recluta no se aplica, corre el riesgo de ser fusilado.

Para los reyes de la casa

Bipolar como su esencia de negocio lo exige, este hotel es completamente familiar los fines de semana y “business class” entre semana, cuando recibe una buena cantidad de grupos para convenciones, seminarios y otras actividades corporativas o sectoriales.

Lo cierto es que así, rodeado de nada más que hermosas vistas, La Misión la Muralla ofrece un concepto turístico innovador, con mucha aventura, historia, teatro y actividades al aire libre que mantienen ocupados y divertidos a todos sus huéspedes.

Si alguien puede pasarla “bomba” un fin de semana entero son los niños de cualquier edad. La gran piletota techada para mantener en modo “calientito” la temperatura del agua y el ambiente, es solo el principio. También hay paseos a caballo, muro de escalar, una pequeña tirolesa y cuatrimotos para lanzarse a explorar las cuevas cercanas.

Hay que hacer el plan de actividades desde la llegada y el registro para el “jacal”, porque si te descuidas, te encontrarás en medio de “la bola” revolucionaria todo el fin de semana, envuelto en juegos, fogata, carreras de burro, un rally y relatos de leyendas e historias, entre verdaderas e inventados, de todos los rincones del hotel. Y al que no obedezca, pues “lo ajusilan” las Adelitas o los Juanes.

Para los más grandecitos

Rústico y pintoresco, el lugar es muy limpio, y cómodo sin exagerar, con frío sabroso por las noches y mañanas y un sol que cae a plomo en las horas que aparece. Tiene un spa con una buena carta de masajes y faciales y un espacio para temazcal para el que se quiera desintoxicar y relajar aún más.

Por las noches, luego del paseo de leyenda bajo la luna siempre brillante –si no llueve, claro-, el bar con karaoke y juegos de mesa tradicionales es una buena opción para no dormir temprano y divertirse en familia o con amigos mientras gritan La Lotería o apuestan frijolitos en un juego de póker.

Las comidas también son un buen momento para pasarla bien en familia. Todas con servicio bufet, los desayunos, comidas y cenas ofrecen menús amplios y variados de comida mexicana. Para aquellos de voluntad fuerte, hay barra de ensaladas, pero es difícil resistirse a la pozolada de los viernes, a la taquiza del sábado y al festival del mole de los domingos.

Los caldos, los postres y los desayunos típicos con quesadillas, barbacoa, mixiotes y carnitas tampoco dejan opción a la dieta, pero hay un bosque y buenos caminos para practicar senderismo y disminuir la culpa.

También es un buen plan salirse una tardecita a pasear por Amealco, la cabecera municipal, que tiene un hermoso museo de la muñeca y una catedral colonial digna de verse. Ahí se puede comprar queso y huipiles ya sea de lana o de telar de cintura.

Que llevar

Como es un hotel en forma no hace falta mas que la ropa y las ganas, pero no olvides llevar tu traje de baño, gorra, bloqueador solar y un buen repelente de insectos. Para las noches, un chamarra abrigadora te ayudará a disfrutar mejor las actividades.

También es recomendable pagar desde la reservación el plan que incluye los seis alimentos de todo el fin de semana, no hay otro sitio para comer y las finanzas familiares agradecen el pago en paquete.

La salida es a las 11 de la mañana, pero en domingo permiten que los huéspedes se queden a comer en el festival del mole y salgan rumbo a casa hasta las 5 de la tarde, así que si el viernes llegas sólo ala cena, el molito estará incluido en tu paquete.