Una nueva forma de observar leopardos

A la entrada de un templo hindú en la cima de un montículo de granito que se levanta de la llanura Rajastán, un leopardo en reposo se estira. 
Singh vio su primer leopardo en el área en 1995; la idea para empezar el campo empezó a tomar forma cerca de 2009, junto con la idea de establecer un programa de investigación de leopardos en el sitio
Singh vio su primer leopardo en el área en 1995; la idea para empezar el campo empezó a tomar forma cerca de 2009, junto con la idea de establecer un programa de investigación de leopardos en el sitio (Foto: Shutterstock)

India

Esta hembra, de unos 70 kilos, joven y ágil que cuando la observamos con el zoom de nuestras lentes desde la llanura, revela tener ojos sorprendentemente azules, estira su cuello hacia atrás para preparar su flanco, después regresa su mirada al horizonte. En una pared del templo detrás de ella se encuentra una sola línea de escritura pintada a mano. ¿Una plegaria? Le pregunto al conductor de nuestro Land Cruiser. ¿Es un texto sagrado? Para nada: favor de quitarse los zapatos antes de entrar, traduce.

Por poco más de dos horas, la seguimos mientras surge de los campos de mostaza después de una noche de cacería para regresar a su casa en una loma, una de las docenas que se están dispersas en todo el paisaje. Mientras enfocamos nuestros binoculares y cámaras, arrancamos el vehículo varias veces para seguir el progreso del felino mientras serpentea por la ladera de la colina, bajo las rocas y pasa a través de los pequeños arbustos. Unos monos langur parlotean y chillan ferozmente, y saltan y dan vueltas para no perderla de vista. En un momento dado, todos la perdemos de vista en la maleza; dos personas del pueblo pasan -altos, delgados, elegantes con sus turbantes rojos. paran junto a nosotros y estudian la colina. Después de unos 15 segundos uno de ellos señala justo por encima de la pequeña cresta: ahí está, una sombra moteada, en las sombras de un afloramiento.

Estas dos personas del pueblo no fueron los únicos locales con los que nos encontramos en nuestro viaje al amanecer. De hecho, al momento en que la luz empieza a llenar el cielo, los sonidos y las vistas en la zona rural de la India está totalmente a nuestro alrededor: el débil, pero persistente toc, toc, toc, de un generador; el zumbido de un tractor; las diminutas entonaciones del Bhajan, el devocional hindú para las deidades que viven en las colinas, que surgen de los pueblos cercanos; el canto tenue y las risas de los pastores y los granjeros.

No es una situación habitual cuando observas la vida silvestre. Pero el equipo responsable de esta experiencia espera que el contexto humano, a diferencia de la apartada jungla, sea parte de su atractivo. Me invitó Jawai Leopard Camp, que abrió en diciembre y es parte de la colección Suján Luxury, una empresa familiar de la India que se enfoca en negocios de hospedaje íntimo con un componente de conservación. Jawai se encuentra entre Udaipur y Jodhpur, en ocho hectáreas de tierra propiedad de Jaisal y Anjali Singh, directores fundadores de Suján. Cuando le pregunto a los Singh cuál es la probabilidad de ver un leopardo durante mi estancia, Jaisal me responde con seguridad que 80%. En el evento, pude observar a dos en la misma cantidad de días; el número total de Jawai fue un impresionante: 32.

En Jawai, como en el primer campo de Suján, Sher Bagh, que se inauguró en el año 2000 en el Parque Nacional Ranthambore en el este del estado, el enfoque es en los felinos grandes (en Sher Bagh, tigres; en Jawai, leopardos), pero con una diferencia. Lejos de planear para evadir, u ocultar, los abundantes rastros de civilización en el entorno, en Jawai, los Singh ponen en el centro del espectáculo el inusual choque de los humanos y el leopardo. “Aquí la coexistencia de estos animales con la cultura humana es única; no he visto nada como esto”; dice Jaisal. “Son grandes, saludables, bien alimentados, y aclimatados a la presencia de la gente. Así ha sido durante siglos. Lo que no intentamos hacer es cambiar la dinámica de esta zona, para hacer de ella una experiencia”.

Mientras deambulamos por caminos de terracería, mi guía, Adam Bannister, señala las marcas y describe que varios felinos individuales con los que está familiarizado en la zona inmediata (hay cerca de 30, según las estimaciones de los SIngh). Bannister pasó 4 años y medio en Londolozi en el Parque Nacional Kruger en Sudáfrica, a la cabeza de los estudios de leones y leopardos antes de trasladarse a Brasil para dirigir un proyecto de investigación.

En Jawai trabaja estrechamente con los Sing y Ansari, documenta los rangos y los hábitos de los felinos. Los leopardos se mueven solitariamente, dice Bannister. Aquí, cada un se mantiene en su propia colina, después de que oscurece descienden a los campos para cazar monos langur y cabras, pequeños antílopes y puercoespines, para regresar al amanecer.

Por supuesto es un estímulo adicional que Jawai y su ubicación sean hermosas, rodeada de césped y pequeños arbustos de flores amarillas, las montañas Aravalli son una mancha amarilla en el horizonte. Anjali Singh, quien estudió arte y diseño en Central Saint Martins en Londres y es quien supervisa la creación de todas las propiedades Sujan, utilizó materiales, referencias y colores locales en su sorprendentemente diseño contemporáneo.

Hay extensas hortalizas orgánicas, que los chefs se deleitan en presumir a los huéspedes, y un spa para tratamientos usando aceites y artículos para el cuidado de la piel que se producen con plantas locales. La primera noche regresamos para un sublime jungli maas, un curry de cordero típico, que se sirve alrededor de una fogata en la llanura, acompañados por música y cantos de miembros de la tribu Manganiyar.

Singh vio su primer leopardo en el área en 1995; la idea para empezar el campo empezó a tomar forma cerca de 2009, junto con la idea de establecer un programa de investigación de leopardos en el sitio, un programa dedicado a la conservación, con respaldo en palabra y principio. (Si bien todavía no es un acuerdo firmado) por El Ministerio de Bosques de Rajasthan. “Sabemos poco acerca de estos animales, así que el sentido de cuidarlos es vital para nosotros”, dice.

El concepto es para que los huéspedes puedan aventurarse en el programa o simplemente realizar los dos viajes diarios, la cocina gourmet y los masajes botánicos. “Puedes comprometerte con uno de nuestros investigadores mientras tomas unas bebidas o durante un recorrido nocturno. Si quieres profundizar, puedes hacerlo”, dice SIngh.

Sospecho que muchos lo harán. El paisaje es arrebatador, y Jawai y sus instalaciones son muy cómodas, pero son los felinos, hermosos y solitarios que están en las colinas los que capturan y se quedan en la imaginación.