Un viaje con sabor a vino

Las rutas del vino se han convertido en una de las opciones turísticas más socorridas en todo el mundo. En México tenemos una de excelencia que está en el Valle de Guadalupe
La ruta del vino del Valle de Guadalupe en Baja California
La ruta del vino del Valle de Guadalupe en Baja California (Foto: Shutterstock)

Baja California

La ruta del vino del Valle de Guadalupe se ha convertido en uno de los mayores atractivos de todo Baja California. Gracias al crecimiento de la industria vitivinícola nacional, que desde 1986 a la fecha ha ganado más de 400 premios internacionales, se ha dado un boom de viñedos y bodegas en esta zona, y con esto, se ha definido una mejor ruta para los apasionados del vino que quieren ver de cerca su proceso de producción, pero también para los turistas que están buscando experiencias diferentes.

El clima mediterráneo del Valle de Guadalupe lo hace un sitio privilegiado para los productores de vino, pues aunque sus veranos son calurosos y secos, las brisas frescas que provienen del océano ayudan a tener un buen producto, mientras que los inviernos son ligeramente fríos y lluviosos, lo que se traduce en una maduración lenta y de mejor calidad de la uva; además, por su altura (está a 250 metros sobre el nivel del mar), es el sitio idóneo para el cultivo de la vid.

Los horizontes llenos de viñedos te desconectan en automático de la rutina, y aunque los fanáticos de las fotos de paisajes se pueden dar por bien servidos con este espectáculo, lo verdaderamente interesante es lo que sucede dentro de las bodegas, que abren sus puertas para que los viajeros puedan ver cómo se elabora el vino por medio de visitas guiadas por verdaderos expertos en la materia, que pueden ser desde un sommelier hasta los mismos enólogos de las compañías. En otras palabras, más cerca del vino no se puede estar.

El vino desde adentro

Una de las maravillas de la ruta del vino del Valle de Guadalupe es que no está acaparada por las grandes compañías, como L.A. Cetto, con más de 1,000 hectáreas de viñedos, sino que también hay un espacio amplio para los productores artesanales de vino y para las vitivinícolas familiares más pequeñas, por eso, al visitar sus instalaciones, aunque se trate del mismo proceso, vale la pena seleccionar bien los lugares a los que irás y tener la oportunidad de apreciar las diferentes filosofías de producción que se aplican en cada sitio. Las visitas no tardan más de una hora, así que puedes ir a muchos viñedos en un mismo día.

Una vez que llegas a las bodegas aprenderás todo lo que se necesita para llenar una botella de vino, desde cómo se tiene que plantar la vid y la forma en que se tiene que cuidar para tener una buena cosecha, hasta cómo se le coloca el corcho en la botella. Si buscas un buen momento para sacar la cámara, este puede ser cuando llegas a los gigantescos barriles de fermentación de 10,000 litros de capacidad, en las bodegas, donde están las barricas, o en las impresionantes cavas, donde hay hileras interminables de botellas de vino.

La cereza del pastel de la visita a las vinícolas suele ser la sala de degustación. Ahí te enseñarán a disfrutar aún más de la experiencia de tomar vino, en algunos sitios, incluso, la degustación viene acompañada de pan y una selección de quesos. El punto final es un paseo por los impresionantes viñedos, para que tengas una experiencia de vino completa.

No se te puede pasar

En sus esfuerzos por promover más la cultura del vino, hace unos años abrió sus puertas el Museo de la vid y el vino, el único en su tipo en el país y donde están representadas todas las vinícolas de la región, un punto de parada obligatorio donde podrás conocer más a fondo varios aspectos vinícolas, como su historia tanto en México como en el resto del mundo, actividades culturales, piezas históricas y exposiciones temporales de artistas cuyo tema central es nada menos que el vino.

Por otro lado, el museo es el punto de salida del Vinitour, un pequeño transporte que llega a todas las paradas en la ruta del vino para que sus pasajeros se bajen en la casa vinícola que deseen, en los restaurantes y las tiendas que hay a lo largo del recorrido, así que el museo es el sitio ideal para comenzar. Las salidas del Vinitour son constantes, así que puedes tomarte el tiempo que quieras en cada casa vinícola, pues puedes abordar el siguiente transporte para seguir con tu trayecto.

Recorrer los viñedos del Valle de Guadalupe es un experiencia única porque te abre las puertas a un mundo diferente que te hace ver la botella de vino que tienes en la mesa de una forma distinta.

¿Cuándo ir?

Como todos los destinos, hay una temporada ideal para visitar la ruta del vino del Valle de Guadalupe y esa es de junio a septiembre, según dice la gente de Ensenada, quienes recomiendan sobre todo agosto por ser el mes con más actividades por las fiestas de la vendimia. En esta época y en fines de semana, prácticamente todas las vinícolas abren sus puertas, algo que no sucede el resto del año.

Para hospedarte

Puedes quedarte en cualquiera de los resorts que hay en Ensenada, a sólo unos minutos del valle, pero si prefieres, también hay hoteles en la misma ruta del vino. Nuestra recomendación es que vayas un poco más lejos, hasta Rosarito. Sus hoteles están justo en la costa, donde puedes comer los famosos tacos de langosta y en algunos casos, ellos mismos te pueden hacer los arreglos para visitar la ruta del vino.