La tina caliente de la máquina del tiempo

Su construcción tardó casi una década, pero un nuevo hotel en Reino Unidos es el primero en usar las famosas aguas termales de Bath

UK

En medio de un camino adoquinado y debajo de una tapa de alcantarilla algo sucia yace el tesoro más preciado, justo en el centro del proyecto hotelero más importante de Bath de las últimas décadas. Los autos y los camiones de entrega ni siquiera notan cuando pasan por encima de las placas de acero rectangulares. La única pista de la riqueza que se encuentra bajo tierra se ven en las frías mañanas de invierno, cuando salen las nubes de vapor.

La ciudad de Bath, Patrimonio Mundial de la Unesco, debe su existencia y prosperidad al agua caliente y llena de minerales que burbujea bajo su suelo, un hecho único en el Reino Unido. De acuerdo a una leyenda local, los charcos lodosos se descubrieron en el siglo IX antes de Cristo cuando Bladud, un príncipe celta desfigurado por la lepra y que se convirtió en un cuidador de cerdos itinerante, dejó que sus animales se revolcaran en el lodo, lo que aparentemente les curó la piel. Él notó las cualidades medicinales del agua y fundó esta ciudad para que otros pudieran curarse también.

Desde entonces los turistas viajan hast acá: los romanos construyeron templos y baños, los georgianos construyeron casas magníficas y lo convirtieron en la ciudad más famosa de la época. A lo largo de los años, se le han atribuído a esta agua  cualidades como curar la ciática y la esterilidad y hasta 1976 siempre había tratamientos disponibles por parte del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS). Y ahora hay un nuevo pozo que se encuentra a 110 metros bajo tierra debajo de esa alcantarilla común y corriente de la Hot Bath Street, del cual se obtiene agua que llega, casi cristalina y con una temperatura de 49 ºC al spa privado del Hotel Gainsborough.

Casi tres milenios después, seguí los pasos de los cerdos de Bladud, en la “ciudad spa” de Gainsborough. El hotel había abierto apenas el día anterior y estaba muy tranquilo; un empleado del spa se pasea con ansiedad y me explica que el agua se enfría a diferentes temperaturas en cada una de las tres albercas, y me muestra el vapor y los saunas. Se disculpa porque algunos de los chorros para masaje todavía no funcionan. Las instalaciones del balneario público, Thermae Bath Spa, que se encuentra al otro lado del camino, utiliza las mismas aguas, el hotel es el único que puede presumir de ellas.

Pasé un rato en el agua en medio de mosaicos relucientes y columnas romanas nuevecitas (que incongruentemente terminan con un ventilador cada una) y después salí para tomar una taza de chocolate caliente (como lo hacían los georgianos, explica el asistente). Puedo sonar kitsch pero hay pocos lugares para nadar tan históricos.

Los edificios principales del hotel, antiguos hospitales que después se utilizaron como salones de clase, no se habían usado en casi diez años y estaban muy dañados. Conectar todo esto significaba un gran reto para cualquier hotelero, incluso sin tomar en cuenta las complejidades de hacer un pozo nuevo que atravesaba capas de arcilla, lodo y piedra caliza, todo en el centro de un sitio muy populoso y considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

¿Quién aceptaría semejante reto? YTL Corporation Berhad, que no era un operador de hoteles convencional sino un conglomerado industrial de Malasia. Empezó como compañía constructora en 1955, y después entró a la industria del cemento, energía, inmobiliaria y hotelería. Y aunque sus oficinas centrales están en Kuala Lumpur, parece que se encariñó con Bath. En 2002, YTL compró Wessex Water de Bath, la compañía que abastece de agua a la región. El año pasado adquirió el contrato para operar el Thermae Bath Spa.

Cuando se descubrió que el manantial de Hetling, uno de los tres más antiguos de Bath, estaba en peligro, y que la tubería estaba corroída, lo que ponía en peligro el abasto de agua caliente de la ciudad, YTL hizo un trato con el concejo local. Se ofreció para tapar el manantial dañado y pagar por la excavación de un nuevo pozo, que proveería de suficiente agua al balneario público y también al nuevo hotel.

El restaurante es abiertamente internacional ya que su menú ofrece “comida sin fronteras”. Lo supervisa Johann Lafer, un austriaco que vive en Alemania y su comida tiene la influencia de su amistad con el chef principal de YTL, Wai Look Chow, de Malasia. Así es que el cordero Wiltshire viene con pimienta de Szechuan y espárragos tailandeses y a pechuga de pato de Devonshire viene con salsa teriyaki.

Los corredores están pintados de gris obscuro, mi habitación era de un azul muy masculino, los colores sobrios resaltan con el blanco brillante de los rodapiés y de los marcos de las puertas. Casi no hay cuadros en las paredes. Lo que significa que lo que destaca son las hermosas ventanas de madera, y la vista de una ciudad color miel con verdes colinas como fondo.

Aunque hay 99 habitaciones, sólo hay un restaurante, y un pequeño bar. Evidentemente lo que importa es el spa, que reluce en el atrio central. Los huéspedes pueden usarlo durante dos horas en la mañana y en la tarde; las demás horas son para reservaciones. Para tener privacía verdadera hay que reservar una de las tres habitaciones especiales que tienen baños con tres llaves. Una para el agua caliente, otra para la fría y la tercera que lleva el agua mítica que cayó antes del nacimiento de Cristo a tu tina.