Indonesia: Un sofisticado hotel en altamar

La atracción más reciente que ofrece el grupo Aman no es un hotel, sino un elegante barco
Aguas turquesas en Indonesia, además nuevas atracciones entre ellas un nuevo barco
Aguas turquesas en Indonesia, además nuevas atracciones entre ellas un nuevo barco

La visión del Amandira deslizándose por aguas turquesas es suficiente para hacer que hasta el más aferrado de los marineros de agua dulce quiera abordarlo. Este yate de 52 metros llegó al agua hace unos meses y es idea de Aman, el poderoso grupo que cuenta con 30 hoteles y es famoso por su diseño inmaculado y sus precios formidables. El bote está inspirado en una phinisi de madera que durante años navegó entre los archipiélagos de Indonesia, llevando especias, frutas y otras mercancías.

El Amandira se construyó en Sulawesi y Surayaba con maderas  y por constructores locales. Y escondidas entre las maderas talladas a mano del barco están tres espaciosas cabinas dobles y dos cabinas más pequeñas con dos literas cada una. Arriba, en la vasta cubierta, hay cojines para recostarse y un área de sombra para cuando el sol está en lo alto. Bajo techo está un comedor y una pequeña biblioteca. Son 15 los miembros de la tripulación, ataviados con una vestimenta más chic de lo que cualquiera de los pasajeros pudiera usar, y están allí para preparar comidas en el asador, picnics, o jugos frescos, para proporcionar toallas calientes, equipo de buceo o snorkeling, pero, sobre todo, para conducir el barco entre los arrecifes y las islas.

Y no es sólo que el barco sea una belleza, también lo son los lugares por donde navega y las aventuras que ofrece lo que lo hacen tan atractivo. Desde abril hasta septiembre, que es cuando los barcos y los vientos están más calmados, el Amandira se desliza entre la pequeña isla de Moyo y el Parque Nacional de Komodo. De octubre a marzo, explora la zona un  poco más silvestre que se encuentra al norte en el archipiélago de Raja Ampat. Estos mares son el hogar de uno de los más diversos y ricos hábitats marinos del mundo, ya que cuenta con casi una tercera parte de las especies marinas del mundo y más de 450 especies en los arrecifes de coral.

Estas son las aguas que llamaron la atención del gran naturalista del siglo XIV, Alfred Russel Wallace, del linaje de los Wallace, para señalar el punto en donde la flora y la fauna asiática dieron lugar a las especies de Australasia. El Amandira pasa por la zona de transición que recibe el nombre de Wallacea, en donde muchas de estas especies se entremezclan.

Estuve cinco días a bordo, navegando por estas aguas mágicas, descubriendo criaturas maravillosas. Tan sólo recostados en cubierta, pasamos una hora maravillados viendo las acrobacias de lo que parecían ser unos cien delfines siguiendo el barco. Pudimos ver al tiburón wobbegong y, en el cielo, veíamos águilas planeando, buscando su presa.

En nuestra primera noche a bordo llegamos a una pequeña isla en Satonda y tomamos un camino para ver el Lago Motitoi, un cráter marino rodeado de estromatolitos (una rara formación de arrecifes de alga).

En la isla de Rinca, dimos un paseo para buscar al famoso dragón de Komodo. Gris y con su apariencia adormilada, puede llegar a medir tres metros de largo, pero es hasta que despliega su lengua increíblemente móvil para seguir el olor de la sangre que adquieren el horrible aspecto de las criaturas míticas. Es fácil verlos cerca de las cocinas de las cabañas que se encuentran en la base de la isla, pero nuestro guía, armado con tan sólo un palo en forma de tenedor, estaba lo suficientemente nervioso como para asegurarse de que nos mantuviéramos a distancia.

Sin embargo, fue bajo el agua, en donde descubrí el más maravilloso de los mundos. Yo no buceo, nadie de nuestro grupo. Pudimos haber aprendido a bordo con la guía de Benoit Martin-Laval, el director del crucero, pero no fue necesario. En vez de eso, pasamos muchas horas snorkeleando felizmente, maravillándonos con los arrecifes de coral, sorprendiéndonos con los peces de miles de formas y colores.

Una mañana, Benoit encontró un sitio en el que se juntan las mantarrayas y hacíamos snorkel, y entrábamos y salíamos del agua como si fuéramos ya también criaturas del mar. Remamos en kayak y paddle-board, hicimos días de campo en pequeñas islas cubiertas con arena rosada y, en nuestra última noche cenamos langosta asada en una isla desierta rodeados por árboles iluminados con linternas.

La gran alegría de Amandira es el poder ir a donde uno quiera, siempre y cuando los vientos y el mar lo permitan. Está diseñado para contratarse completo por lo que a diferencia de otros barcos que van por las mismas agua, no se viaja con  extraños. Y aunque por esta misma razón es más caro, si se junta un grupo de diez personas (el cupo máximo del barco)

y se divide el costo, entonces ya no lo es tanto. El paquete que se ofrece normalmente es de cinco días, pero se puede rentar por el tiempo que se quiera.

El paquete perfecto es el que yo hice: volar a Singapur, y llegar temprano en la mañana para conectar inmediatamente a Bali y de allí al hotel Amanusa, que se encuentra a media hora del aeropuerto. Tomé allí una deliciosa cena y volé temprano a la mañana siguiente a la isla de Sumbawa.

De allí, es un viaje corto en barco a la pequeña isla de Moyo y a Amanwana, el campamento del grupo Aman, en donde hay colinas para pasear, orioles dorados en los árboles, estanques refrescantes y verdes debajo de una cascada para nadar y zambullirse, y siempre hay cielos del azul de TIépolo y mares que van desde el turquesa más pálido hasta el índigo más oscuro. Entonces llega el Amandira y te recoge en Moyo y te lleva a navegar durante cinco días de dicha.