Volver al Bardo: una visita a Túnez

El país con forma de caballito de mar es el país más pequeño del norte de África y con más esperanzas hacía el futuro

Túnez

El año pasado el país realizó sus primeras elecciones presidenciales libres y justas desde que se independizó de Francia en 1956. Al empezar este año, Túnez parecía listo para mostrarse nuevamente al mundo. Pero dos semanas antes de que mi viaje, unos hombres armados dispararon y mataron a 23 personas (22 turistas y un tunecino) en el museo del Bardo, la atracción cultural más importante de la capital. En Twitter, cientos de miles de personas declararon  #JeSuisBardo. Prometieron visitar el museo. No tomo muy en serio la solidaridad de un hashtag, pero compartí el sentimiento.

El turismo representa 7% del ingreso nacional del país, la mayor parte de esa cifra se genera por sus hoteles resorts de la costa. Mi novia y yo empezamos con una noche en uno de los mejores, el Residence, a 30 minutos en auto, del aeropuerto y del centro de Túnez. Nuestra habitación olía a flor de naranja y tenía vista a la piscina y a la playa donde el mar se acurrucaba en la arena. Al igual que muchos lugares de lujo que exhiben universalismo con toques parroquiales (hammam -baños públicos-, palmeras).

La atracción de un complejo turístico como el Residence es evidente. Por un lado, está aislado, lo que lo convierte en uno de los favoritos no sólo de los vacacionistas adinerados y viajeros de negocios, sino también, como explicó el gerente general, de los funcionarios de alto nivel del gobierno de Túnez. Por otra parte, ofrece un tipo de tratamiento para abrir los poros que experimenté por última vez una noche de juerga en Glasgow, sólo que en este caso las toxinas salen de tu cuerpo.

El Palais Bayram, que abrió en febrero, busca ser el lugar de primera para quedarse en la medina, la antigua ciudad que creció alrededor de la mezquita de Zitouna desde el siglo VII. Los franceses trajeron los amplios bulevares y un sistema de red cuando “modernizaron” Túnez, pero los estrechos caminos de la medina trazan su más antiguo legado como hogar de las dinastías árabes como los Almohades y los Háfsidas. Aunque hay hoteles en la medina, la mayoría de los turistas la visitan en excursiones de día.

Se construyó en el siglo XVIII, y alguna vez fue la residencia del Gran Mufti del Reino de Túnez, el Palais Bayram se restauró meticulosamente en los últimos ocho años y se asienta en la parte más antigua de la medina. Sólo se utilizaron métodos y materiales tradicionales para la renovación; cada una de las 18 suites son un pequeño museo de mármol, carpintería, celosías de estuco y techos pintados. Una suite tiene baldosas de Iznik originales en azul y blanco, que recibió el nombre de la ciudad en Anatolia que produjo la cerámica nacida de patrones arabescos y porcelana azul y blanco que encantaron a Süleyman el Magnífico, el sultán con el reinado más largo del imperio otomano (1520-1566). El hotel dice que las baldosas valen tres veces lo que el mismo edificio.

No creo que haya un lugar más mágico para alojarse en Túnez. Mientras desciende la noche el llamado a oración es el único sonido que se escucha en el patio central, que, hace siglos, los asesores del reino cruzaron en su camino a la mezquita vecina. La luz de luna brilla contra las baldosas. Dentro de nuestro diminuto museo, todo está en calma. El Mufti seguramente estaría muy orgulloso.

El restaurante operaba sobre una base ad hoc durante nuestra estancia pero lo que comimos fue delicioso. Los croissants tenían una calidad casi parisina, las empanadas brik con huevo y camarón estaban perfectamente crujientes. Cuscús y harissa animados por el cordero cocido a fuego lento y el pescado fresco.

Uno de los problemas que puede tener el Palais Bayram, es que es una de las cosas más atractivas para los viajeros en Túnez. Los turistas ya visitan el palacio antiguo. Y aunque eso habla de la calidad de la mano de obra y de la renovación, también sugiere que a la ciudad le pueden faltar otras cosas para que hagan los turistas. ¿Hay suficientes cosas para alejar a los turistas de los resorts en la costa hacia el bullicio de la ciudad?

A diferencia de algunas ciudades antiguas, que se sienten cada vez más artificiales para los turistas que buscan comprar un pedazo de exotismo, la medina de Túnez se siente auténtica. Un sitio de patrimonio de la UNESCO, cada puerta colorida tiene una historia (mientras más elaborado es el patrón mejor es la situación de la familia). Así como las baratijas de costumbre. los sucos venden botes de nueces y frutas secas, un queso salado amargo y galletas dulces que pueden romper los dientes.

Los tunecinos, especialmente los jóvenes, estaban más que dispuestos a responder mis preguntas. Todos expresaron su pesar y vergüenza por el incidente del Bardo. Expresaron una sensación de fragilidad sobre lo que sucedió desde la revolución de 2011. Hay libertad para expresar los puntos de vista, pero uno de cada tres jóvenes tunecinos no tiene empleo. Una mujer en sus veinte, consultora de tecnologías de la información, dijo “Ahora hay mucho más expresión, pero realmente no hay debate”. Otro habitante de Túnez señaló el largo de las copias en los periódicos: “Ves, estos artículos están ahora porque podemos decir lo que queramos. Pero no hay control de calidad”.

Para probar un día común en Túnez, viajamos 30 minutos para visitar tres ciudades suburbanas en la costa norte, donde viven muchos tunecinos de clase media. En La Marsa, al atardecer, la playa estaba llena de familias y jóvenes parejas que disfrutaban la última parte del día. Notamos una fila frente a la nevería de Salem y nos unimos. Los sabores -avellana, pistache- eran tan buenos como cualquiera en Italia y a una cuarta parte del precio.

Cártago está más equipada para el turismo. Aunque poco queda de la ciudad que finalmente sucumbió ante los romanos en la Tercera Guerra Púnica, el Museo Nacional de Cártago en la cima de la colina de Byrsa recompensa a cualquiera con la suficiente imaginación para recrear el siglo dos antes de Cristo. Abajo en el mar, paramos en Neptune, un desgastado pero excelente restaurante, para comer almejas, atún y ensaladas harissa y una botella de rosado tunecino. Después caminamos en medio de los blancos y azules de Sidi Bou Said, la hermosa ciudad a la orilla del mar que inspiró algunos de los mejores trabajos de los artistas Paul Klee, August Macke y Louis Moilliet.

Al final del viaje en el que nos sentimos totalmente seguros y bienvenidos, queríamos ver el Bardo y sus mosaicos desconcertantes. Esperábamos encontrar vacío a uno de los mejores museos en el mundo, pero había decenas de niños en edad escolar. Después de preguntar, me enteré que se volvió una señal de patriotismo y resistencia visitar el Bardo. Una arqueóloga me dijo que el número de asistentes era más grande que antes de los ataques. “Vienen por curiosidad y solidaridad”, dijo. Curiosidad y solidaridad. ¿Hay mejores razones para visitar un lugar?