Más allá del Triángulo Dorado

Además del Triángulo Dorado, en la India hay otros sitios turísticos clave, como el campo que da una muestra de la vida rural.
El “Triángulo Dorado” lo forman Delhi, Agra y Jaipur.
El “Triángulo Dorado” lo forman Delhi, Agra y Jaipur. (Foto: Shutterstock)

“¡Tienen que ver esto!”, grita nuestro guía, Gajendra Dagar, cuando llegamos al Chambal Safari Lodge. Algunos intrépidos meseros y un especialista en serpientes de turbante se encuentran tras las hamacas, más allá del pasto, cerca de los arbustos.

Lo que provoca tanto alboroto es una cobra de 1.80 metros de largo que sufre el ataque de tres mangostas. Los asesinos peludos terminan por hacerle una disección en tres partes. Todo esto a apenas a 100 metros de nuestra habitación; es difícil creer que estamos apenas a unas cuantas horas de las multitudes que se toman fotos en la banca de “Lady Diana” en el Taj Mahal.

Yo vine a Chambai, que está a 70 km al suroeste de Agra, para buscar una manera alternativa de hacer el “Triángulo Dorado”, es decir, el circuito turístico que recorre Delhi, Agra y Jaipur. El operador de viajes con base en Gran Bretaña, Audley Travel, armó un itinerario que permite que los visitantes vean las tres ciudades, pero también les da la oportunidad de sumergirse en la vida de los pueblos de la India rural. Después de ver los sitios turísticos en las ciudades, los huéspedes se retiran a los hoteles que se encuentran en los campos cercanos.  

Después de un ajetreado día en Delhi que empezó con un tour ciclista, y al día siguiente de estar en Agra, el Santuario Chambal le hace honor al nombre. Es un tramo de río de 425 km que se encuentra bajo protección nacional desde 1979. El río, que está a 30 minutos en coche del hostal de safari, es ancho, sereno y sin gente. Aunque alcanzamos a ver un gato salvaje, el interés principal está en el agua, con 320 especies de aves, tortugas, el gharial (cocodrilo que se alimenta de peces) en peligro de extinción, y el raro delfín del Ganges.

Casualmente nuestro viaje coincide con la feria ganadera de Bateshwar, que está muy cerca y que es una de las màs importantes del país. Desde el año 200 AC, empieza antes de Diwali, el festival indio de luces que dura tres semanas. No sólo se ofrece ganado, también hay bueyes, cabras, camellos y, al menos en el dia que la visitamos, caballos. Se trata de un espectáculo épico, siento que me transporto al pasado.  

Chambal Safari Lodge cuenta con 13 habitaciones en una plantación de 14 hectáreas. Mientras tomamos unas cervezas frías se presenta el dueño, Ram Pratap Singh, quien exuda una ambición calmada y tranquila. Tiene un agudo instinto sobre su herencia local, ya que este lugar pertenece a su familia desde 1472. Incluso aquí, advierte, se dan señales de cambio. La vida rural se está acabando, dice, los pueblos se convierten en ciudades que se expanden y los precios de la tierra se disparan. “Compré 6 hectáreas por 4 millones de rupias (41,300 libras) hace tres años”, dice. “Ahora el costo es de 2.5 millones de rupias por acre (0.40 hectáreas). Los especuladores de Delhi son los que alimentan esto; es una burbuja”.

El día siguiente es el más aburrido: ocho horas de un largo y cansado viaje al oeste en coche. Los caminos pedregosos que cruza nuestro chofer, Yashpal, nos sacuden hasta el punto de alcanzar una ensoñación pastoral. Sin embargo, hay interés en el paisaje rural. Veo pavos reales salvajes y mujeres que llevan guadañas en los campos. Todos los pueblos tienen puestos que venden flores de cempazuchitl y pirámides de dulces.

También hay sitios turísticos surrealistas. Al llegar a las siete horas de viaje, pasamos un alucinante flotilla carnival en Gangapur. Sobre un coche alegórico hay un chico que lleva una corona de oro y una cola rizada, sus labios manchados con labial rojo, y se sostiene rígidamente en el aire. Otros coches alegóricos tienen a hombres que  en una inquietante máscara de vaca y con pelo largo como una figura de Jesús en rojo, llevan a un chico pequeño en un bowl de terciopelo púrpura.

Es un alivio llegar a Ramathra Fort en Karauli. Muy consciente del impacto que tienen los caminos en sus huéspedes, Gitanjali Raj Pal, esposa del propietario, elimina cualquier malhumor a darnos la bienvenida a todos con un jugo de limón recién exprimido y nos conduce hasta las murallas del fuerte de 350 años. La vista del paisaje debajo de nosotros se extiende por kilómetros, salpicado de casas de paja y campos verdes cultivados. La cena se surte de la granja local y se sirve en el patio en medio de un aroma a jazmín.

A la mañana siguiente, el propietario, Ravi Raj Pal, se ofrece a llevarnos a un safari en Jeep. Es un maharajá moderno, con una panza rolliza, bigote espeso y un modo dominante. Su familia data del siglo 12, y su abuelo vivió alguna vez en el fuerte. Es el hacendado, y se detiene para charlar de forma paternalista con los agricultores locales.

Nos lleva a recorrer el valle Daang, y un paisaje árido que solían recorrer tigres y bandidos. Paramos para caminar hacia algunas templos en cuevas junto a una cascada con higueras, sus raíces salen de las rocas. En lugar de ir hacia Jaipur, nos quedamos una noche más. Aunque ofrecen un tour de la granja local, preferimos descansar en las camas de día y refrescarnos en el jacuzzi que se construyó dentro de las murallas. El hotel es lo tan pequeño y alejado como para crear un ambiente hogareño sin presiones. En la noche, hay un viaje en bote en el lago; un viejo marinero nos lleva con remos de bambú hechos a mano. Salimos al amanecer en un viaje de cuatro horas al noroeste de Jaipur. Los caminos mejoran; las tiendas que venden productos electrónicos sustituyen a las que venden verduras.

Nuestra última parada es Samode Palace, un sencillo viaje de 40 kilómetros al norte de Jaipur. Nuestra habitación es la más lujosa del viaje; una suite real, con su propio comedor y un jacuzzi al aire libre, que tiene vistas a la cordillera de Aravalli. En comparación con el romance remoto de Ramathra, es mucho más sofisticado. En el patio del palacio hay un espectáculo de marionetas para los turistas; después el titiritero ofrece a la venta a sus protagonistas. Se preparan camellos con disfraces para un grupo de turistas franceses, quienes para no desentonar, se visten con saris y turbantes.

El último viaje es el de regreso a Delhi.  Lo realizamos recorriendo una aburrida autopista marcada por los terrenos industriales en construcción. Hacemos buen tiempo, sin embargo me hace añorar el sacudido viaje en las partes más remotas de Rajasthan.