París y su nueva ola de hoteles asiáticos

Una banda de hoteles de lujo propiedad de grupos asiáticos desafía a la vieja guardia de la ciudad.
La nueva presencia asiática en la escena hotelera de París puso a temblar a algunos de los nombres más famosos de la hotelería parisina
La nueva presencia asiática en la escena hotelera de París puso a temblar a algunos de los nombres más famosos de la hotelería parisina (Foto: Shutterstock)

El edificio de principios del siglo XX en la esquina de la Avenida Kléber y Avenida dees Portugais de París ha sufrido una serie de transformaciones desde que se inauguró por primera vez el Hotel Majestic en 1908. En una época, sirvió como las oficinas del Ministerio de Defensa de Francia: después, como la sede de los altos mandos de Alemania en París durante la segunda guerra mundial. En 1973, fue el lugar donde se firmaron los Acuerdos de Paz de París que marcaron el final de la guerra de Vietnam.

Hoy pasé por su grandiosa entrada, y su nuevo pórtico de vidrio y dos enormes leones chinos en ambos lados de los escalones principales que son señales de que el antiguo Majestic acaba de pasar por otro cambio.

El mes pasado, el edificio volvió a abrir sus puertas como Peninsula Paris, el primer lugar en Europa del grupo hotelero con sede en Hong Kong. Con una inversión total de casi 800 millones de euros, el Peninsula Paris es uno de los proyectos hoteleros más grandes y llamativos que alguna vez ha llegado a la capital francesa. L’Oiseau Blanc, su bar y restaurante en el techo con estilo aviador, ofrece vistas soberbias de la ciudad.

Pero no es el único. Dentro de un radio relativamente pequeño del Peninsula, cerca del Arco del Triunfo, otros dos nuevos hoteles de cinco estrellas abrieron desde 2010. En la Rue Saint-Honoré, una de las calles para ir a comprar artículos de lujo, el Mandarin Oriental ofrece habitaciones de lo mejor y suites con vistas al patio central verde por 925 euros la noche.

En el más tranquilo distrito 16, los huéspedes pueden relajarse en el Shangri-La Hotel en un edificio que alguna vez fue el hogar del príncipe Roland Bonaparte, sobrino nieto de Napoleón. El hotel tiene la mejor piscina de cualquier hotel cinco estrellas de París y ofrece vistas seductoras de la Torre Eiffel.

Lo que todos estos hoteles tienen en común, además de sus raíces asiáticas, es el tipo de instalaciones modernas, de vanguardia que buscaban una nueva clase de turistas internacionales mega ricos -muchos de ellos de economías emergentes como China, Rusia y Brasil- entre la vieja guardia de hoteles de primera clase de París.

La nueva presencia asiática en la escena hotelera de París puso a temblar a algunos de los nombres más famosos de la hotelería parisina, lo que llevó a un periodo inicial de introspección colectiva, en gran parte de la misma forma en que el malestar económico obligó a los residentes a evaluar el desvanecimiento de la grandeza del país en un mundo más rápido y más competitivo.

Este año, Bristol terminó una renovación de seis años para actualizarse con las exigencias de los ultra-ricos de la actualidad. El Ritz, que cerró para una renovación de 140 millones de euros en 2012, casi un año después del Shangri-La y el Mandarin Oriental, irrumpieron en París, no volvieron a abrir hasta 2015, un año después de lo esperado. Mientras tanto, en la esquina del Palacio de la Concordia, una cuadra de oficinas temporales de siete pisos alberga a arquitectos, ingenieros y capataces que ofrecen sólo una pista del tamaño de la renovación que se realiza en el Hotel de Crillon.

En la Avenida Montaigne, la calle comercial por excelencia de París para las marcas de lujo como Louis Vuitton, Prada y Hermès, el Hotel Plaza Athènèe, acaba de volver a abrir después de un cambio de imagen de 10 meses y 200 millones de euros.

Françoise Delahaye, su gerente general y alguna vez mayordomo del duque de Westminster, me dijo que la decisión más importante que tomó durante esos meses fue mantener a cada uno de los 550 empleados del hotel con un salario a tiempo completo. “No quería hacerme daño al permitir que el Peninsula y otros los contrataran”, dijo.

Entonces, ¿qué ofrece el nuevo panorama hotelero más competido? Me hospedé en dos de ellos -uno antiguo y uno nuevo- para averiguarlo. De la nueva guardia, el Peninsula, con sus 200 habitaciones y suites pone el estándar. Incluso las habitaciones que no son suites, que cuestan alrededor de 1,000 euros la noche, son bastante grandes, algo raro en París.

Las líneas son limpias y el estilo se ubica en un punto entre el art decó y la funcionalidad empresarial moderna. Los colores funcionan bien con mucho negro, gris y crema. Todo es de buen gusto y también un poco sobrio. Excepto por el secador de uñas que se encuentra en una pared de cada vestidor, la sensación es predominantemente masculina.

Sin embargo, justo cuando empiezas a pensar que esto es una caja (aunque una muy amplia y con refrescos en el minibar) de habitación de hotel, dos cosas hacen que cambie tu opinión. La primera es un magnífico baño en forma ovalada, revestida con mármol negro y blanco con una tina profunda y generosa como parte central.

Agrega un televisor a prueba de salpicaduras, una consola de pantalla táctil para controlar la luz -el ajuste para el spa, que con sus luces bajas y música ambiental, es un truco, pero divertido- e incluso el la taza de baño con estilo asiático con su propia calefacción y chorros de agua, y lo más probable es que no quieras salir de allí.

Cerca, pero a años luz en su enfoque, el renovado Plaza Athénée es en muchos sentidos la antítesis del Peninsula, aunque las zonas de la planta baja de ambos se restauraron con el mismo detalle minucioso fiel a los señalamientos para la preservación de los edificios históricos.

Desde el vestíbulo con piso de mármol hasta sus múltiples espejos y superficies doradas, este hotel de 103 años de antigüedad tiene adornos, es lujoso, y sobre todo, es femenino. En otras palabras, es esencialmente francés.

También tiene historia. Aquí es donde la bailarina exótica y seductora, Margaretha Geertruida “Margreet” Zelle MacLeod, mejor conocida como Mata Hari, se hospedó antes de que la arrestaran, acusada de espionaje y después fusilada por un pelotón en 1917. Más recientemente, fue el escenario de la última temporada de Sex and the City de HBO.

Los raros destellos del Plaza Athénée en el siglo XXI por lo general no van más allá de ser superficiales: sólo al encender la enorme pantalla plana de televisión en la suite real requiere un poco de esfuerzo; el nuevo elevador, con sus interiores café y dorado inspirados en Louis Vuitton, creeks. Estas cosas pueden disuadir a algunos de los nuevos ricos del mundo. A otros, probablemente no les importe.

Cualquier campo al que pertenezcas, no puedes dejar de ver su renovado Le Bar, un choque de estilos tan violento que deja al visitante con un latigazo visual. Este es el hogar de una inquietante mezcla de cabina de DJ, una barra en forma de bumerang en resina clara y tradicionales paredes con paneles de madera- todo coexiste bajo el techo de ondulante tela azul.

Tienta pensar que la perfección de un hotel sería el hijo de la feminidad del Plaza Athénée y la masculinidad del Peninsula de París. Pero dado que eso es imposible, al menos es reconforta saber que con la llegada de los grupos asiáticos y la respuesta de los hoteles actuales, Paris tiene más cosas que ofrecer que nunca a los turistas internacionales de gama alta.