Orlando sin parques de diversiones

Orlando es mucho más que enormes parques temáticos. Rodeos, jardines antiquísimos y hasta zoológicos construidos por voluntarios, hacen de este lugar de la Florida un lugar único.

“Haz de este mundo un lugar mejor solo por el hecho de haber vivido en él”. Esta es la razón por la que los Bok Tower Gardens existen. En medio de extensos plantíos de naranjos, en la zona más alta de la Florida, Edward W. Bok decidió construir un santuario para aves.

El atractivo principal es la “Torre cantante” (Singing Tower), que tiene un diseño que fusiona el art decó con el neogótico, fue construida de mármol rosa y mármol criollo gris. Cada media hora, 60 campanas dentro de la torre tocan una melodía que inunda todo el lugar.

Los jardines tienen cientos de plantas nativas y algunas otras traídas de lugares lejanos como el jazmín asiático, el bunya-bunya o palmeras de distintas especies. Ahora funciona como un refugio de aves y destacan algunos cisnes que permanecen en las cercanías a la torre.

Costo de entrada: 12 dólares por persona.

Una auténtica experiencia sureña

Rodeo, avistamiento de caimanes, tiro al blanco y un camping de lujo. Todo lo que se dice del sur estadounidense se transforma en realidad en River Ranch.

Además de deliciosa y abundante comida, los visitantes pueden comenzar sus actividades del día yendo a un paseo en hidrodeslizador por los famosos pantanos de la zona donde hay avistamiento de caimanes. Por supuesto, deben llevar protección en los oídos pues la barca es empujada por un enorme y poderoso ventilador.

En River Ranch se puede llamar al ganado como si fueran pequeños perros. Con un silbido, los toros de cuernos largos, o ganado longhorn, llegan curiosos. Además, hay una pequeña granja para alimentar cabras, caballos y hasta un pequeño venado que llegó cuando era muy pequeño a la reserva y fue rescatado por los dueños del lugar.

También se puede practicar el tiro al blanco con enormes escopetas o, si lo prefieres, el tiro con arco, además de actividades como escalada en roca, tirolesa, paseos a caballo y hasta golf.

Para cerrar el día, es imperdible el rodeo. Carreras de caballos, acrobacias en pleno galope y persecución de vaquillas (los participantes tienen prohibido lastimarlas), hacen una auténtica experiencia sureña. Al terminar el rode, todos los asistentes se reúnen para bailar música country.

Este lugar ofrece hacer glamping, un término inventado por los propietarios, que combina el glamour con el camping. Son 20 cabañas con todos los lujos y amenidades de un gran resort, pero con la posibilidad de hacer fogatas y en medio de una reserva natural.

El zoo de la comunidad

El lema del Brevard Zoo es “un pequeño zoológico que hace grandes cosas”. Sus orígenes son especiales: los gestores del proyecto son personas comprometidas con la vida animal quienes reunieron a líderes comunitarios e incluso, en el diseño de todo el parque ayudaron arquitectos e ingenieros de la NASA.

Todo el complejo se construyó con la mano de cientos de voluntarios. Niños, niñas, papás y abuelos aportaron para levantar un zoológico donde viven suricatas, serpientes, jirafas, guepardos y hermosos jaguares y sus crías.

Este parque, ubicado en Melbourne, Florida, está comprometido con la conservación de vida salvaje y educa a grandes y pequeños conectándolos con los animales que viven ahí, la mayoría especies nativas del área, y enseñándoles sobre sus necesidades y si acaso están en peligro de extinción.

Los largos pasillos del zoológico son únicos: los ladrillos del piso fueron hechos por los voluntarios quienes imprimieron un sello personal a cada uno, por eso se pueden ver los nombres con piedras, o mensajes de agradecimiento y hasta figuras de animales en el piso.

Costo de entrada: 17.95 dólares por adulto y 13.95 dólares por niños entre 3 y 11 años.

La excepción a la regla

Legoland es entrar a un mundo donde todos los mundos caben: barcos pirata o safaris con animales salvajes hechos de pequeñas piezas cuadradas que se ensamblan, una réplica miniatura de Las Vegas y hasta el famoso Golden Gate de San Francisco. Todo se puede armar, desarmar, construir, crear.

El parque, diseñado para niños de entre 2 y 12 años, es temático y acuático, además de tener un hotel que recibe a los pequeños visitantes con una alberca de piezas lego donde los niños pueden construir lo que deseen mientras papá y mamá realizan el check in. Las habitaciones, por supuesto, son temáticas y toda la familia puede tener grandes aventuras dentro, como la búsqueda de un tesoro escondido.

Legoland está dividido por temas: la montaña rusa de automóviles es la más rápida y atrevida; mascotas, donde los niños pueden subirse a un juego mecánico similar a un péndulo; o piratas despiadados que luchan con armas de agua contra la tripulación de otro barco o incluso contra quienes se quedan en tierra (¡el vencedor es el que empape primero al contrincante!); en ciertas temporadas del año, y dependiendo de alguna festividad importante, como Halloween por ejemplo, al final del día se monta un espectáculo de fuegos artificiales, la diferencia de este espectáculo de luces es que no solo se ven miles de pequeñas luces que caen… ¡se ven cubos lego en el cielo!

Costo de entrada: de los 71 dólares hasta 99 dólares más impuestos por persona por día y, si se incluye el parque acuático, el costo va de 91 a 119 dólares diarios por persona.