Nueva York, la nueva sede para jugar golf

La Gran Manzana estrena un nuevo campo 

Nueva York

La Gran Manzana es, ahora, más que una ciudad llena de rascacielos y tiendas de lujo. Este mágico lugar ahora estrena un campo de golf. El autor de semejante obra es, nada más y nada menos que Donald Trump.

La ruta que lleva del centro de Manhattan al Bronx no nos hace pensar en nada que tenga que ver con golf de clase mundial, ni siquiera en actividades recreativas al aire libre. El nudo de carreteras que tengo que descifrar durante el camino está lleno de viejos edificios residenciales, bodegas industriales y otro tipo de señales de la poderosa y urbanizada ciudad de Nueva York.

Pero situado a la orilla del East River se encuentra Trump Golf Links, en Ferry Point, un campo de golf municipal muy ambicioso que ha tardado cerca de 80 años en terminarse y que empezó a funcionar el primero de abril. Como el nombre lo dice, Donald Trump, el multimillonario magnate neoyorquino de las bienes raíces, está inmerso en el proyecto.

“Ferry Point va a ser fantástico”, me dice con su grandilocuencia característica. “Es un campo especial y un terreno especial. ¿Habrá en la historia del golf un lugar así? ¿Quién pensaría que habría un campo golf frente al East River?”

El Bronx, ubicado entre Manhattan y los verdes suburbios del norte del condado de Westchester, es el menos próspero de los cinco distritos de Nueva York. Sin embargo, este distrito se ha recuperado de una forma extraordinaria en los últimos 40 años, al menos para aquellos que pueden pagarlo. La prosperidad va en aumento, lo que se refleja en tiendas de mayor nivel, mejores casas y ahora un elegante campo de golf.

Justo detrás de Ferry Point Park, a la sombra del puente Bronx-Whitestone, me encuentro con un letrero de 20 metros de ancho y tres metros de alto tallado en piedra y que anuncia “Trump Links”. La idea del campo de golf en Ferry Point puede atribuirse a otro gigante neoyorquino: el legendario urbanista Robert Moses. En 1930, Moses veía un complejo recreativo en esta esquina del Bronx, en donde se completaría el puente Whitestone.

El puente se inauguró en 1939,  pero hasta 1963 Ferry Point sólo se usó como basurero. Los esfuerzos para construir un campo de golf se empezaron hasta 1990, en la administración de Rudolph Giuliani. Sin embargo, la inauguración que fue planeada para 2001, se retrasó a causa de asuntos ecológicos.

En 2006, con el alcalde Michael Bloomberg, la ciudad asumió la responsabilidad de la construcción, y los costos llegaron a los 100 millones de dólares por el campo de golf y el resto del parque en Ferry Point. En 2012 Trump se unió al proyecto con un acuerdo de 20 años para operar el campo.

Mi tour comienza en la casa club: una cabaña con el logo de Trump, obviamente. En este lugar hay una tienda y en el patio se instaló el bar del hoyo 19, así como un restaurante mientras se termina la casa club de Trump, la cual tiene un valor de 10 millones de dólares.

Aunque el campo recibirá toda la atención, Nueva York tiene pocos campos de tiro y el espacio de práctica de Ferry Point podría convertirse en destino de muchos golfistas urbanos que sólo quieren golpear algunas bolas y practicar su juego corto.

La compañía de diseño del legendario golfista estadounidense Jack Nicklaus trabajó en la creación del campo y, desde el primer “tee”, Ferry Point se siente diferente del clásico campo del noreste de Estados Unidos. No hay altos robles que afecten la calle. El campo es abierto con vistas grandiosas de los rascacielos de Manhattan y del puente Whitestone (que se ve tan cercano que te hace pensar que lo alcanzarías con un buen golpe). En el campo hay montículos, pendientes y colinas diseñados para obstaculizar hasta los mejores tiros. Los “drives” más salvajes pueden perderse en los pastos que se encuentran entre los hoyos y 80 bunkers resguardan la calle.

Mi paisaje favorito fue el del hoyo 16, una bajada que apunta al este y en el que no se ve ni Manhattan, ni el puente, pero por su disposición, si se tira con demasiada fuerza se puede llegar al East River.

Después de mi recorrido, me dirijo a Throggs Neck, la modesta comunidad de la clase trabajadora  que se encuentra cerca para medir el sentir local por el nuevo campo. El Throggs Neck Clipper, un pub en la Avenida East Tremont, está lleno, a pesar de que es una tarde de miércoles. Me encuentro con un grupo que no sabe nada sobre la inauguración del campo y que no se considera golfista, pero que sí expresa su admiración por lograr que Trump haga funcionar un campo que estuvo muerto durante décadas.

Obviamente Trump tiene ambiciones mayores. Por el momento opera 20 campos en Estados Unidos, Irlanda, Medio Oriente y Escocia, incluyendo el famoso Turnberry  Resort. Y casi todos las federaciones de este deporte, la Asociación de Golf de Estados Unidos, el PGA Tour, la PGA de Estados Unidos y la LPGA, le han cedido campeonatos importantes.

Sin embargo, el torneo que Trump más quiere es el Abierto de EU. “¡Imagina a Tiger Woods tratando de ganar este torneo para batir el record de 18 majors de Jack Nicklaus en el campo que éste diseñó!”, dice Ron Lieberman, un ejecutivo que supervisa la agenda del golf de Trump.