Austria: el hogar del esquí

El humilde pueblo de Stuben, lugar de nacimiento del “padre del esquí moderno”, tiene una rica historia y un futuro muy prometedor.
Stuben, Austria
Stuben, Austria (Foto: Austria.info)

Estaba oscuro y nevaba muy fuerte mientras conducíamos a Stuben, el pueblo más alto en el valle de Klösterle; el taxista tenía que detenerse para limpiar la nieve de las luces delanteras. En la mañana abrimos la puerta del frente para encontrar personas esquiando en la calle principal del pueblo, los carros se convirtieron en piedras blancas, sus voces quebradizas contra el silencio que amortiguaba la nueve. Grandes copos forman hongos en los postes de las cercas y se apilaban sobre la cabeza y los hombros de la pequeña figura de bronce frente a la iglesia del siglo 16. Incluso el pequeño cigarrillo en su boca se convirtió un enorme puro blanco.

Es una estatua modesta para un hombre que cambió la suerte de la región y se convirtió en la primera celebridad internacional del esquí. Hannes Schneider, ampliamente conocido en Estados Unidos como “el padre del esquí moderno”, nació en Stuben en 1890, hijo de un constructor de carreteras. A los 17 años, cruzó las montañas Arlberg repletas de nieve que se encuentran por encima del pueblo para trabajar en St Anton, a 8 kilómetros de distancia, donde el Hotel Post lo contrató para enseñar a esquiar a los huéspedes. Pronto dejó su propia marca en el deporte, adaptó el estilo vertical y las vueltas Telemark que establecieron los agricultores escandinavos hacia una posición más inclinada hacia delante que permite una mayor velocidad y control. Al mismo tiempo desarrolló un nuevo sistema de instrucción, con una serie de etapas progresivas. En el invierno de 1920-1921, estableció en St Anton lo que los locales afirman es la primera escuela de esquí del mundo, y su revolucionaria “técnica Arlberg” llevó su reputación a través de los Alpes y más allá.

La llegada del turismo de esquí vio ceder esa amenaza, pero Stuben siempre se mantuvo como el pariente pobre. St Anton evolucionó para convertirse en uno de los centros de esquí más famosos del mundo, reconocido por su estilo desinhibido después de esquiar, mientras que Lech, justo al norte, atrae a la realeza europea y a los multimillonarios. Stuben quedó atrapado en medio, y la mayoría de los visitantes sólo lo notaban como el lugar donde puedes tomar un autobús que conecta la zona de esquí de St Anton a Lech. Mientras que esos complejos turísticos presumen la alta velocidad, teleféricos de ocho lugares con todo y asientos con calefacción y cubiertas retráctiles para protegerse del frío, los antiguos teleféricos de Stuben usan un sistema más simple: tomas tu cobija en la parte inferior, la regresas en la cima.

Arriba en la montaña, la nieve seguía cayendo. Era mediados de enero y la sequía que asoló el inicio de la temporada de esquí finalmente cedía, y en una escala bíblica. Con poca visibilidad, y casi nadie alrededor, seguí muy de cerca a mi guía, Siegi Royer, la ligera nieve seca caía a mi alrededor así que se veía como una pelota de humo blanco que caía por las laderas. En una pista llamada Herzl, la nieve era tan profunda como cualquiera que haya esquiado en los bosques de la Columbia Británica o Cachemira, pero 10 minutos después estaba sentado en el elegante comedor de Murmeli, un restaurante arriba de Lech, con las botas de esquí echando vapor mientras probaba el vino tinto.

Después nos encontramos con un esquiador que pensé, por su holgada chamarra azul, técnica impecable y trato caballeroso a los -15 grados centígrados (“No te preocupes, ¡soy de Minnesota!”) ser un aficionado al esquí de toda la vida. Pero mientras viajamos en los teleféricos resultó que Steve, el aficionado al esquí, en realidad era Stephen Buscher, un empresario políglota cuyo impresionante curriculum incluye dirigir la oficina en Moscú de Merrill Lynch y desempeñar papeles de alto nivel en varias empresa de gas y petróleo en Rusia y más allá.

También creció idolatrando a Hannes Schneider: “Es casi el tipo que inventó el esquí alpino como deporte, así es como lo consideran en Estados Unidos”. Asi que cuando tuvo la oportunidad de comprar la casa de la infancia de Schneider en Stuben, Buscher la no dejó pasar, invirtió junto con su amiga Gertrud Schneider (sin parentesco, más bien la dinámica propietaria del Hotel Kristiania en Lech, y la hija de Othmar Schneider, ganador de la primera medalla olímpica de esquí para Austria).

La nueva Haus Hannes Schneider se puede rentar sobre una base de autoservicio, o con un chef y personal en el chalet que ofrece Kristiania. En el interior, hay un revestimiento de madera vintage, una chimenea y trofeos de cacería, lo que esperarías, pero también toques de diseño contemporáneo -una bella cristalería de Stillsegler, luces de Gubi y Lampe Gras- y el trabajo de numerosos artistas.

Está lejos de ser un santuario a Schneider, pero el archivo fotográfico, que proviene de fuentes locales y de EU, nos cuenta la historia de su extraordinaria vida. Hay fotografías de algunas de las innovadoras películas de esquí, incluyendo Das Wunder des Schneeschuhs (La maravilla de los esquís, 1920) y Der weiße Rausch (La corriente blanca, 1931), que establecieron a Schneider como el instructor estelar de los Alpes y llevó a una serie de ricos turistas estadunidenses  a su escuela de St Anton.

Después, en marzo de 1938, los nazis enviaron a la cárcel al esquiador más famoso del mundo. Amigo de destacados judíos y crítico de los nazis antes del Anschluss, lo metieron a la cárcel durante 25 días, después pasó a arresto domiciliario en Alemania. Al año siguiente, Harvey Dow Gibson, un rico financiero estadunidense logró negociar la liberación de Schneider (no queda claro exactamente cómo), y llevó al austriaco a ser la atracción estelar en el recién inaugurado complejo turístico de Gibson, Cranmore, en New Hampshire. Una fotografía en la pared en Stuben muestra a Schneider sosteniendo la barandilla del Queen Mary, se ve preocupado mientras cruza el Atlántico hacia un futuro incierto. Otra fotografía lo muestra con una enorme multitud que le da una bienvenida de héroe en Cranmore.

Stuben, hogar de sólo 110 personas, ya ve el aumento de la inversión. Así como la renacida Haus Hannes Schneider, este invierno vio la mayor expansión del Après Post hotel, junto con un nuevo chalet y edificio de departamentos y dos nuevas tiendas de esquí. Una de las estaciones del teleférico ya se construyó y los funcionarios de turismo de Stuben insisten en que el proyecto de 40 millones de euros estará a tiempo para el inicio de la próxima temporada de esquí. (aunque una de las numerosas autorizaciones del gobierno local sigue en suspenso, y algunos locales creen que el listón no se va a cortar hasta el próximo año). Una vez abierto, la recién ligada zona de esquí de Arlberg tendrá 90 teleféricos, para una comparación, Park City en Utah, que recientemente se unió a un vecino para convertirse, por mucho, en el mayor complejo de esquí de EU, tiene 40.

Incluso con las nuevas aperturas de este invierno, Stuben todavía se siente como un lugar de retiro. A las 5 de la tarde, las calles de St Anton se llenan con el ritmo de europop después de esquiar, pero aquí la forma de entretenerse es el nagelstock en el bar en el sótano del hotel. Los bebedores deben tratar de clavar un clavo en un tronco de árbol usando el lado delgado del martillo, el último en lograrlo compra la siguiente ronda. Después de varios intentos, era momento para tomar un taxi de regreso al aeropuerto. Mientras salíamos del pueblo, la nieve seguía cayendo.