Un vistazo al Amazonas

Brasil es más que la fiesta eterna de Río o la imparable e industriosa Sao Paulo.

Alguna vez fue conocida como ‘el París de los trópicos’ gracias a la bonanza que le regaló el caucho. Hoy claramente el esplendor ya pasó, y hace mucho, pero los vestigios de lo que fue, los intentos municipales por recuperar la riqueza arquitectónica y la belleza natural que la rodea, hacen de Belém do Pará un destino ideal para conocer un poquito del Amazonas.

Belén –o Belém en portugués- es la capital del estado de Pará, ubicado al norte de Brasil, justo donde el río más largo del mundo termina su recorrido y alimenta al Océano Atlántico. Fundada hace 400 años por los exploradores portugueses, se forjó a sangre y fuego, y su riqueza natural le dio un esplendor que hoy se disimula entre las calles antiguas y medio derruidas, que conviven con la modernidad que apenas llega.

Aunque su historia, ubicación y entorno la hacen muy interesante para el turismo, Belén apenas comienza a despertar en ese sentido con un tibio interés por parte de las autoridades; el transporte público es malo, hay zonas algo sucias y la seguridad, como en todo el país, es un tema de cuidado, aunque nada que no se pueda salvar si nos mantenemos alerta.

Para llegar lo mejor es la vía aérea. Desde México puede ser con escala en Sao Paulo o en Bogotá y la mejor época es justo a partir de mayo, cuando paran las lluvias vespertinas que desde diciembre caen todos los días a la hora de la comida (como a las 3) y suelen ser torrenciales, breves e inoportunas si estamos de compras o visitando algún atractivo turístico.

Si estás dispuesto a probar

Muy distinta a todo lo conocido en México, pues la distancia y la diversidad amazónica hacen de esta zona de Brasil un mundo aparte, la comida de la región es tan buena como abierta sea la mente del visitante.

No esperes encontrar las tradicionales espadas brasileñas con jugosos trozos de carne a las brasas: En Belén lo que abunda es el pescado y los mariscos, todo del enorme río que la atraviesa, un ramal del Amazonas en el que se pescan amarillos y filotes, especies tan grandes como el mero o el robalo de nuestros océanos.

Fritos, capeados, enharinados -con mandioca, claro-, cocidos en caldo, asados o cocinados con especias envueltos en hoja de plátano, estos pescados carnosos y otros mariscos son la base de la alimentación de la ciudad y las comunidades ribereñas junto con el Açaí, una frutilla de palmera alta parecida al capulín, pero considerada comida de los dioses por sus propiedades nutritivas.

Las frutas, hierbas y camotes también son muy propios de la región y hace apenas unos tres años comenzaron a hacer ruido en las altas esferas gourmet del mundo, luego de que un restaurante de Belén entrara en la lista de los mejores de Latinoamérica de la revista británica Restaurant, con sus mandiocas y batatas, la hierba duerme lenguas que llaman jambú, y agridulces frutos como el burití y el ya mundialmente conocido maracuyá.

A pie o en barco

Entre los lugares favoritos para pasear por la ciudad están el Bosque Rodrigues Alves y el Jardín Zoobotánico Emilio Goeldi; el Complejo Feliz Lusitania, donde podrás caminar esas calles de construcciones antiguas otrora esplendorosas del centro histórico y conocer el Mercado del Ver-O-Peso, el más grande de América al aire libre –es como un enorme sobre ruedas-, según dicen.

Junto al mercado y sus grandes zonas de harinas, verduras, pescados secos y castañas -deliciosas nueces similares a las de macadamia-, está la Estación de las Docas, zona turística en donde antes estaban los antiguos almacenes del puerto, donde se puede comprar artesanías, disfrutar un helado de alguna fruta exótica de la región, beber cerveza artesanal mientras se escucha un grupo local, o comer un delicioso risotto con mandioca en alguno de sus restaurantes.

Ya cansados de caminar, es momento de planear una salida en para conocer el Brasil salvaje: una visita tempranera a la isla de los Loros, Cotijuba, Mosqueiro o a la de Marajó, con recorrido por el río Guama para conocer partes del bosque inundado y un poco de senderismo en la selva amazónica más externa, son accesibles y seguras si se contrata un tour.

Para la noche, debes realizar una visita a la zona de bares en el distrito de Icoaraçí, o en plan menos alternativo y seguro, aunque con menos encanto, en la Estación de las Docas.

Si hay tiempo… y dinero

El viaje desde México es muy largo y vale la pena aprovecharlo al máximo. Viajar en barco sobre el Amazonas –y no sólo en uno de sus afluentes- es una gran experiencia y no es tan difícil como puede parecer a simple vista. Ya estamos en Belén, así que podemos lanzarnos a Manaus, que es una de las travesías más gustadas y lleva de 4 a 6 días.

Si nos sentimos osados, este es el momento de tomar un barco y cumplir el sueño aventurero, porque se trata de varios días de hamaca a ritmo del forró, la tecnobrega y la sertaneja (como aquella de Ai se eu te pego, de Michel Teló, ¿se acuerdan?), que suenan todo el día para alegrar el camino junto con las caipirinhas y la plática.

Los barcos son sencillos, de dos pisos, donde todo es cama –o colgadero de hamaca, pues-. Combinan la carga con el transporte de pasajeros, muy al estilo de los camiones que van de poblado en poblado -¿guajoloteros?-, pero no solo llevan y traen a los lugareños, también es común encontrarse honeymooners, grupos de jóvenes amantes del ecoturismo y animales, muchos animales, igual mascotas que de granja.

Algunos tienen camarotes –no más de cinco, de dos y cuatro plazas- con aire acondicionado y enchufes, y son “la primera clase”, aunque nadie se salva de compartir el baño con los otros 200 pasajeros. Aunque, desde luego, los camarotes son la opción para ir menos incómodo y huír de los mosquitos, en el día es bueno andar afuera para ver las orillas del río, llenas de casitas y gente trabajando, pescando, nadando…viviendo.

La música, el baile y el olor “a todo” impregnan el viaje y le dan su categoría de entrañable. En Santarem y Manaus –las ciudades que encontramos en el camino- hay historias que ver y oír y lugares por conocer, pero en este caso, la travesía entre ciudades es la mejor experiencia.

Dónde comer y más

Manjar Das Garças

Estación de las Docas

Roxy Bar

Mercado Ver-o-Peso

Remanso do Peixe

Sorbetería Cairu

Cervejaria Amazon Beer

Con qué viajar si vas de tour salvaje

+ Ropa cómoda para el calor: zapatos cerrados, mangas largas, gorra

+Botiquín: repelente de insectos y protector solar, analgésicos  antihistamínicos por si los mosquitos. No salgas de México sin ponerte la vacuna para la Fiebre Amarilla.

+ Agua embotellada.

+ Bolsas herméticas para proteger el celular y las cámaras digitales de la humedad.

+ Linterna de baterías y batería extra para el celular.

+ Es aconsejable contratar un tour con guía para que todo sea más controlado.