Adeptos del Slow Food esperan poco de la Expo de Milán

La Exposición Universal de Milán está dedicada a la alimentación sustentable, pero los adeptos del movimiento no están convencidos
Aunque la feria está enfocada en la alimentación sustentable, la comunidad Slow Food no está muy convencida de sus intenciones
Aunque la feria está enfocada en la alimentación sustentable, la comunidad Slow Food no está muy convencida de sus intenciones (expo2015.org)

Los adeptos del Slow Food esperan poco de la Exposición Universal de Milán, dedicada a la alimentación, que consideran una feria de la industria alimentaria poco preocupada por futuro del planeta.

Nacido en los años 1980 como contraposición al 'fast food', el Slow Food es un movimiento que combina gastronomía y ecología y que en pocos años ha cobrado gran influencia en la defensa de la agricultura ecológica y sostenible.

La presencia del grupo en el evento de Milán, pensado ante todo como una forma de atraer el turismo de masas a Italia, es un contrapunto al resto de los expositores, en su mayoría grandes grupos del sector agroalimentario.

El fundador del movimiento, Carlo Petrini, formó parte en los años 2000 del grupo de reflexión sobre la Expo, que lleva el título "Alimentar el planeta, energía para la vida", pero hoy reconoce que su participación fue mínima.

Los organizadores "se han concentrado en las instalaciones, la participación de países, los patrocinadores y poniendo el acento en el turismo en vez de ponerlo en los agricultores", dejando atrás la idea de un "ágora" de debate sobre la alimentación, lamenta Petrini, de 65 años, una figura pública muy respetada en Italia.

"Lo lamento porque era una ocasión para cambiar el contenido de la Expo. En el siglo XXI tendría que haber más ideas y menos feria", explica desde Pollenzo, un pueblo cercano a Turín donde está instalada la universidad de ciencias gastronómicas del Slow Food.

"Para hablar del futuro de la alimentación, no nos podemos basar sólo en los turistas o los habitantes de las ciudades, hay que hablar con los agricultores, los pescadores, los ganaderos. Y no sólo italianos, sino también africanos, latinoamericanos. En la Expo no hay ninguno", lamenta.

"Por un lado miles de africanos mueren en el Mediterráneo buscando su derecho a la dignidad, a la comida, huyendo de la guerra y la malnutrición", dice Petrini, recordando las últimas tragedias en el Mediterráneo.

"Por otro, las ganaderías, las implantaciones agrícolas desaparecen en Italia y en Europa porque el tratado de libre comercio intercontinental permite a los productores no europeos entrar en el mercado sin reglas y destruir el trabajo de nuestras comunidades agrícolas. Tendríamos que hablar de esto en la Expo", afirma.

A pesar de ello, Petrini cree que Slow Food debía estar presente en la Expo. "Al final decidimos ir. Un viejo agricultor marroquí me dijo: 'Las sillas vacías son inútiles'".

Slow Food tendrá así un pequeño pabellón para defender la biodiversidad.

En paralelo, para contrarrestar lo que considera falta de debate en la Expo, el movimiento ha convocado entre el 3 y 6 de octubre a miles de jóvenes agricultores, artesanos y pescadores de su red mundial Terra Madre para que vengan a Milán a hablar con los visitantes y los expositores.