Senegal: el Caribe africano

En la costa oeste de África hay un país que, por la amabilidad de su gente, sus ríos y la apacible costa atlántica, es conocido como “el Caribe africano”.

África

En el siglo XVI fue Portugal el imperio que estableció una explotación de recursos en la cuenca del río Senegal. Entre el XVII y el XVIII surgieron diversas disputas por la posesión del territorio entre ingleses, holandeses y franceses, siendo Francia quien lo incorporó a sus colonias.

El país se convirtió en la sede del Gobierno General de la África Occidental francesa en 1902, y en 1960 proclamó su independencia, cuando fue elegido su primer presidente, el socialista Léopold Sedar Senghor.

Senegal empezó hace unos años a llamar la atención por el rally que lleva el nombre de su capital: Dakar; pero el país es mucho más que eso.


En la actualidad, el país es una República semipresidencialista y uno de los de mayor estabilidad política en todo el continente. Oumar Gueye, ministro de turismo y transporte aéreo, descubre algunas claves de su potencial turístico: “el gobierno, y concretamente el presidente Macky Sall, han tomado decisiones muy importantes para que el turismo sea un factor de desarrollo para nuestro país y que, después de la agricultura, sea el segundo elemento en cuanto a la creación de empleos en nuestro país”.

Senegal saltó hace unos años a la atención pública gracias al rally que lleva el nombre de su capital: Dakar (aunque por cuestiones que no tienen nada que ver con el país, sino con la zona que atraviesa la carrera, se ha venido celebrando en las últimas ediciones por varios países de Latinoamérica). Pero esta nación es mucho más que eso.


Playas de ensueño

Bañadas por el océano Atlántico, sus playas son de arena blanca y fina, y sus innumerables pueblitos, con sus inconfundibles barcas coloreadas, hacen que la imaginación del visitante se desborde.

Una de las más destacadas es Saly, con cocoteros a lo caribeño, y que cuenta también con un balneario donde se puede practicar, entre otras actividades, la pesca deportiva y el golf.

Otra zona fantástica para pasar unos días es Cap Skirring, playa muy grande y tamizada de un bosque natural, donde se pueden llevar a cabo deportes acuáticos.

Otra buena elección para disfrutar de playa es Carabane, en el extremo sur del país, en el estuario del río Casamance. Con solo 57 kilómetros cuadrados, está llena da manglares. Otros destinos interesantes son la Isla de Ngor, un punto de referencia turística en la época estival, y Saint Louis.

Es precisamente por sus playas y sus arenas finísimas por lo que al país se le conoce como “el Caribe de África”, y al respeto el ministro de turismo comenta: “pensamos que es correcto calificar así a Senegal porque tenemos muchos tipos de turismo, una oferta global, con varios parques naturales de aves y nuevas aperturas, como el complejo turístico de la localidad de Saly”.


Observar la naturaleza

Con respecto a sus parques naturales, como indica Gueye, el país cuenta con un 8% del territorio nacional catalogado como reserva natural, destacando el Parque Nacional de Niokolo-Koba, al este del país; el Parque Nacional de las aves de Djoudj; el Parque Nacional de Langue de Barbarie, en la región de Saint-Louis; el Parque Nacional de las Islas de la Magdalena, en Dakar; y el Parque Nacional del delta de Saloum, en la zona sur.

También posee reservas naturales que le dan un marcado carácter ecologista a esta nación. Entre ellas están la Reserva Natural de Popenguine, la Reserva de Bandia o el espacio marino protegido de Bamboung.

Hacer un recorrido por los ríos Saloum o Casamance, es introducirse en una zona semivirgen en la que se aprecian las lagunas, los arroyos y manglares que aparecen a la vista, así como un lago de color.

El denominado Lago Rosa está al norte de la capital, en medio de un gran bosque de baobabs, con unas aguas de una salinidad que recuerdan al mar Muerto de Medio Oriente.


Dakar y Gorea

La isla de Gorea, a tres kilómetros de Dakar, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978, y en su tiempo fue un importante enclave donde el principal negocio era el comercio de esclavos. Por su reducido tamaño en ella no circulan vehículos motores, y la mayoría de sus habitantes son pescadores, artesanos o comerciantes, ya que las fuentes de riqueza de esta isla son la pesca y el turismo.

La Casa de los esclavos es un museo que muestra los restos de la barbarie del régimen esclavista, y tiene en su parte superior la zona de los señores europeos, donde se ilustra todo el lujo que era posible en aquella época. Sobra decir que en la parte inferior estaban los prisioneros y esclavos.

Una de las zonas más conmovedoras de esta mansión antigua es la denominada “puerta del viaje sin retorno”, que da a las aguas del Atlántico y a través de la cual se intuye el sufrimiento de los cientos de miles de esclavos, hasta que se suprimió esta práctica, en 1848.

Por otra parte, Dakar es una ciudad de más de dos millones de habitantes que forma el contraste con la tranquilidad de sus playas y sus islas. Sus mercados, su medina, las calles estrechas, los puestos de alimentos, la gran variedad de los productos y su muy especial música, hacen la fascinación de los visitantes.

No se debe dejar de visitar la Gran Mezquita de Dakar y pasear por sus alrededores, donde los vendedores seducen con la artesanía local.

Con estos ingredientes, Senegal quiere convertirse en los próximos años en un referente del turismo africano, con construcción de nuevos hoteles, modernos y atractivos, para responder a la demanda del turismo internacional, y un nuevo aeropuerto. La amabilidad de su gente, los bellos paisajes, la estabilidad política (difícil de encontrar en otros puntos del continente) y, ahora, la nueva infraestructura, harán que despegue el Caribe africano.