La bebé morenita no se parecía a mí

Queremos que encuentres a tu media naranja, comparte tus historias de desamor y MILENIO te ayudará regalándote una membresía de Seis Grados. Conoce a los ganadores este 14 de febrero.
"Tenía miedo de perder a la mujer con la cual había sido muy feliz, pero no hacia nada para evitarlo".
"Tenía miedo de perder a la mujer con la cual había sido muy feliz, pero no hacia nada para evitarlo". (Shutterstock)

Ciudad de México

En MILENIO estamos celebrando el 14 de febrero por todo lo alto, por eso estamos regalando dos membresías Seis Grados, un servicio especializado para ampliar los círculos sociales de sus socios, y que de esta manera puedan conocer a personas con un estilo de vida similar y con quienes puedan comenzar una relación sentimental. Conoce a los ganadores mañana.

*Texto enviado por un empleado de una empresa de agroquímicos de 47 años.


Tengo 3 años divorciado, el matrimonio duró 13 años, la diferencia de edad con mi exesposa es de 10 años. Cuando nos conocimos ella trabajaba en un banco y yo me dedicaba a gestoría, cuando la vi por primera vez me gusto, muy guapa, delgada con su pelo corto en color negro, bonito cuerpo. Yo no era de su agrado, le caía mal, y no creo que fuera por mi aspecto físico, según las mujeres dicen que soy un hombre atractivo.

Ella de familia humilde, pero con gran corazón, en especial la madre de ella, el padre algo duro y egoísta. Al poco tiempo nos empezamos a frecuentar, con cualquier pretexto acudía al banco para verla y platicar aunque sólo fuera por breves instantes, pero para mí era algo emocionante, encantador.

Recuerdo la primera vez que salimos, ella algo tímida y yo me sentía el gran hombre de experiencia. Platicamos de tantas cosas, estando parados recargados en mi carro, la tomé de la cintura y la atraje a mi pecho, la mire a los ojos y la bese por primera vez, fue un beso tan dulce y tierno que jamás olvidare.

Nos hicimos novios y andábamos juntos siempre a donde sea. Después de varios meses de noviazgo, me tuve que ir a otra ciudad por cuestiones de trabajo, a 6 horas de distancia de nuestro pueblo. Ella siguió en el banco y yo en una ferretería en la frontera. Casi todos los días nos hablamos por teléfono, la extrañaba mucho, pensaba todo el tiempo en ella. Cada fin de semana tomaba el bus el sábado en la noche y llegaba para amanecer el domingo. Se nos hacia corto el día para estar juntos, y en la noche del domingo nuevamente regresar a la chamba.

Así estuvimos varios meses, hasta que tomamos la decisión de casarnos. Solos organizamos los preparativos de nuestra boda, no contamos con dinero para afrontar los gastos de la boda, pero de una forma u otra logramos reunir lo suficiente para casarnos lo mas pronto posible por el civil y la iglesia. Mi familia es algo conocida en nuestra ciudad, como gente de un nivel medio alto, mi madre y mi hermana se molestaron por considerarla de una familia humilde y me comentaron que no acudirían a la boda, cosa que no me importó. Para mi fue la mujer de mi vida, nunca la olvidaré.

La ceremonia y la fiesta fueron sencillas, pero muy bonitas, rodeados de nuestros amigos y familiares que nos deseaban lo mejor en nuestra nueva vida como pareja. No tuvimos luna de miel por cuestiones de dinero y trabajo.

Estuvimos juntos varios días en la casa de sus padres hasta que llego el momento de regresar a mi trabajo y tuvimos que volver a separarnos. Pensé que sería por largo tiempo, pero el cambio de ella se lo dieron a los 3 días de haberme regresado.

No teníamos nada, sólo nos teníamos a ambos. Rentamos un departamento pequeño, dormíamos en el piso, pero estábamos juntos y éramos muy felices.

Al poco tiempo empezamos a comprar cosas para nuestro hogar y nació nuestra primera hija, a la cual le pusimos el nombre de Andrea. Cada semana se nos enfermaba, recorrimos a todos los pediatras de la ciudad y nadie daba con su enfermedad, hasta que un día después de tanto batallar un pediatra nos dio el diagnostico: alérgica a la humedad Matamoros. La solución que nos dio el doctor fue mudarnos o esperar a que creciera para que sus defensas fueran más fuertes.

La bebé morenita, no se parecía a mí, yo soy blanco de ojos claros y la madre aperlada. Algunas amistades que teníamos en ese tiempo, si se les puede llamar de esa forma, lo cual no creo, me decían que era raro que la niña no se pareciera a mí y otros comentarios que hacían que me sintiera incómodo y molesto, lo cual nunca comenté con mi esposa.

Para mí, ellas eran mi todo, hacía lo que fuera por ellas, las tenía en un pedestal, pero siempre creciendo en mi interior esa incertidumbre por las palabras de los que se decían amigos. Mi comportamiento con ella cambió totalmente, la desconfianza y los celos por mi parte empezaron poco a poco a destruir la relación. Me faltó mucha comunicación y demostrarle con hechos y palabras el amor que sentía por ella.

Años más adelante, nació nuestra segunda hija, pasamos buenas y malas situaciones económicas. De cierta manera, me fui dando cuenta que nos alejábamos poco a poco. Mi cuerpo y mi mente me lo demostraron, empecé con ansiedad y ataques de pánico. Tenía miedo de perder a la mujer con la cual había sido muy feliz, pero no hacia nada para evitarlo.

Tiempo después nació nuestra tercer hija. En ese lapso vivíamos en Estados Unidos, ambos trabajábamos y vivíamos sencillamente pero juntos. La vida en EU no me pareció adecuada para la educación de mis hijas. Ella quería que nos quedáramos a vivir ahí. La idea fue que la niña mas pequeña naciera ahí y después regresaríamos a nuestro pueblo. Así lo hicimos y  creo que esa fue la estocada final. Poco tiempo después, una noche en que estamos platicando en nuestro hogar, ella me comentó que ya no me amaba y que ya no estaba enamorada, le respondí que no tenía caso seguir juntos y que lo más recomendable era el divorcio. Ya no luche, me sentí derrumbado y ese fue el fin de nuestra vida juntos. Me arrepiento de no haber luchado por la mujer que amaba con toda mi alma y casi nunca se lo demostré por tonto. Actualmente sigo solo y ella tiene una relación seria y una beba.