Mantuvo una doble vida durante 12 años

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"El cariño que sentía por ti me hizo ignorar "señales" que aparecieron conforme pasaba el tiempo."
"El cariño que sentía por ti me hizo ignorar "señales" que aparecieron conforme pasaba el tiempo." (Shutterstock)

Ciudad de México

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Texto enviado por una lectora de 41 años.

Los ojos duelen de tanto llorar. Están hinchados, casi fuera de su órbita. ¿Cómo es posible que haya aguantado tanto tiempo en una relación tan desigual? ¿Por qué no tuve el valor de dar un paso atrás cuando empecé a notar "señales de alarma"?

Hoy, después de casi 12 años juntos me confiesas que sí, que tuviste un hijo con alguien más cuando estábamos juntos. Dices que así es la vida, que simplemente la tomaste como venía. No hay disculpas, ni arrepentimiento.

Nunca quise entender que en tu vida había algo extraño. Recuerdo el día que te pregunté dónde vivías, empezábamos a salir juntos, y simplemente respondiste que cuando tuvieras un lugar digno me llevarías a conocer. Ese día nunca llegó.

Tampoco conocía a tu familia o amigos cercanos, pero yo creía ser feliz contigo, tan guapo e inteligente, carismático, lindo... y falso.

El cariño que sentía por ti me hizo ignorar "señales" que aparecieron conforme pasaba el tiempo. ¡Caray! me la pasaba tan bien a tu lado... Había chispas cuando intimábamos. Una atracción fatal.

Nunca compartiste tu tiempo conmigo. Yo terminé por acostumbrarme a tu ausencia en momentos que para mí eran importantes. Siempre nos veíamos cuando tú tenías tiempo, todo era a tu modo, y yo acepté verte una vez a la semana o cada quince días.

La primera vez que intenté dejarte exponiéndote estos argumentos, me dijiste que todo era cosa de mi imaginación, y me convenciste de hacer como si nada hubiera pasado. Después de siete años de intermitente relación, seguí enganchada a ti.

Años más tarde la situación se agravó, ya no contestabas mis llamadas. Y cuando logré contactarte llamándote de la calle me dijiste que no podías verme. Entonces supe que era momento de no intentar más nada. Redacté una carta de despedida que entregué en tu sitio de trabajo. Irónicamente en esa empresa había alguien que llevaba el mismo nombre que yo y la recepcionista cometió el tonto error de entregarle la carta a ella, en vez de a ti. Pero la carta finalmente llegó a tus manos.

Me informaste de la confusión, vía chat. ¡Debí haberte eliminado enseguida de mis contactos! Y cuando te reclamé no haberme dado la cara, me dijiste que me la darías, pero lo que me tenías que decirme me dolería aún más. Mi corazón intuyó entonces que estabas con otra.

Luego me buscaste, me dijiste que querías seguir viéndome, pero no me aclaraste qué pasaba, ni yo pregunté. Y sólo un reclamo que te hice por publicaciones en tu Facebook te dio el valor para confesarme que estabas viviendo con alguien más.

Un mes más tarde reapareciste y me convenciste de volver contigo. La confesión te liberó y a mí me hizo convertirme en tu amante. Así viví dos años más, hasta que el año pasado todo acabó. Mi corazón sigue maltrecho, no acabo de entender por qué me engañaste de manera tan vil.